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null Sophie Germain, la tenacidad y valentía de una matemática adelantada a su tiempo

Mujer ejemplo de determinación, autoaprendizaje, perseverancia y valentía, entre otras tantas virtudes. Su fascinación por la ciencia la llevó a utilizar un pseudónimo para, como mujer, poder estudiar matemáticas así como para cartearse con Gauss, llegando a conseguir un premio de la Academia de las Ciencias de Francia en el año 1815.

Sophie Germain Wikipedia

Sophie nació en París en una época revolucionaria repleta de cambios, es cierto, pero cambios que no llegaron a afectar al género femenino, que siguió relegado al ámbito doméstico. Este período turbulento en el que vivió su niñez la llevó a refugiarse en la ciencia, y especialmente en las matemáticas, como impulso intelectual que proporcionó un sentido a su vida. 

Su padre (burgués cultivado y liberal) fue un diputado de la Asamblea Constituyente de 1789. En su casa contaban con una gran biblioteca que sirvió a Sophie para comenzar su aprendizaje. Ya con 13 años se dedicaba a leer durante toda la tarde, e incluso por la noche simulaba que se acostaba para poder continuar con su lectura en su habitación. De hecho llegó a aprender latín para leer a Newton.

Su interés por las matemáticas surgió al descubrir la ‘Historia de las Matemáticas’ de Jean-Baptiste Montucla. Le impresionó sobre todo la leyenda sobre la muerte de Arquímedes, a manos de un soldado romano, mientras se encontraba absorto tratando de resolver un problema matemático.  De esta forma, fue tal la conmoción en Sophie por el increíble efecto de esta disciplina, capaz de hacer que este físico se evadiera de la propia guerra, que decidió dedicarse a su estudio.

 

Obstáculos en el camino

Una de las tantas veces en que simuló irse a dormir, sus padres la descubrieron leyendo, lo que provocó una gran discusión. Finalmente la dejaron sin luz y sin calefacción para que no pudiera leer por la noche. Pero ella se envolvió en una manta para aguantar el frío y con una pequeña vela consiguió continuar con su lectura.

De nuevo volvieron a descubrir a Sophie entre cálculos y una gran manta durante la fría noche, pero este hecho causó tal ternura a sus padres que se dieron cuenta de que nada podían hacer por separarla de la ciencia. Por ello, decidieron dejarla estudiar. Eso sí, no contó con su verdadero apoyo ya que, según sus padres, una mujer científica jamás podría casarse.

Aunque su gran deseo era entrar en la Escuela Politécnica de París, esta no admitió mujeres hasta el año 1972, por lo que tuvo que contentarse con conseguir apuntes del curso. ¿Cómo? A través de un antiguo alumno amigo de la familia, Le Blanc. Una vez comenzó a entregar trabajos con el seudónimo Le Blanc, uno de sus profesores le comentó que quería conocerla. Cuando este se enteró de que el alumno era en realidad una mujer, en lugar de delatarla, la protegió y ayudó en lo que pudo.

 

La correspondencia con Gauss

Sophie utilizó también Le Blanc para cartearse con el matemático Gauss. De hecho, sus primeros trabajos sobre teoría de números los conocemos a día de hoy por estas cartas. Eso sí, la correspondencia era un tanto irregular, ya que Gauss solía contestar solo a aquellos aspectos relacionados con sus investigaciones.

Cuando Napoleón invadió Prusia, Germain llegó a mandar a un general amigo suyo para que protegiera a Gauss, por miedo a que le ocurriera lo mismo que a Arquímedes. Cuando este general se encontró con el famoso matemático le contó que venía de parte de una tal Sophie, a lo que Gauss contestó sorprendido que no la conocía pero que estaba muy agradecido. Fue ahí cuando Sophie decidió contarle quién era: ella era en realidad el hombre con el que se carteaba y que firmaba como Le Blanc. Ante esta revelación, Gauss contestó lo siguiente:

Pero cómo describirte mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal Sr. Le Blanc se metamorfosea […] cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior.

Con la tenacidad que la caracteriza se presentó en 1809 a un premio extraordinario que convocó la Academia de las Ciencias de Francia para aquel que justificara el comportamiento de las partículas cuando son sometidas a una vibración. Ese año el premio quedó desierto y ella llegó a presentarse tres veces tras hacer las debidas correcciones, hasta que en 1815 consiguió su objetivo: la Academia le concedió la medalla de oro. 

Murió de cáncer de mama en París un 17 de junio de 1831. Poco antes, Gauss pidió a la Universidad de Göttingen que le dieran el grado de doctora, pero falleció antes de poder recibirlo. En su partida de defunción aparece como rentista en lugar de lo que verdaderamente fue: una gran matemática y científica. 

Actualmente, el Instituto de Francia, a propuesta de la Academia de Ciencias, concede anualmente “Le prix Sophie Germain” a aquel investigador que realice el trabajo más importante de matemáticas.

Hasta aquí un poco de la historia de una gran mujer, como tantas. Poco a poco iremos descubriendo las vidas de todas aquellas que faltan en la historia que nos han contado. 

Por las que faltan y merecen su lugar.

Fuentes:

Lozano, P. (2018). Sophie Germain. La mujer, innovadora en la ciencia. 

Mujeres con ciencia (19 de septiembre 2017). Sophie Germain (1776-1831). 

Rodríguez, M. (11 de marzo 2018). Sophie Germain, la extraordinaria matemática francesa que tuvo que mentir para que la tomaran en serio (y la ciencia se lo agradece). BBC Mundo. 

Fotografía: Retrato de Sophie Germain (Wikipedia)

 

Autoría: Verónica Pardo Quiles

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