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Historia

Los primeros profesores que se ocuparon de las enseñanzas de Anatomía Veterinaria en la Facultad de Murcia tuvieron siempre un objetivo primordial: que sus alumnos dispusieran en todo momento de un material anatómico de calidad, abundante e idóneo para el correcto aprendizaje de la disciplina. Esta preocupación fue transmitida a los nuevos profesores que se incorporaron progresivamente y al técnico de laboratorio, que desde 1985 contribuía al funcionamiento de la Unidad Docente. Por ello, el mismo año que se inauguró la Facultad de Veterinaria de Murcia (1982) se prepararon numerosas piezas óseas aisladas, y otras que permitieron el ensamblaje de esqueletos completos.

Cada curso transcurrido se incrementaba notablemente el número de preparaciones, ya no sólo óseas sino también de ligamentos y tendones (preparaciones deshidratadas). Todo ello motivó que en la sala de disección del nuevo edificio de la Facultad de Veterinaria (inaugurado en 1990), se habilitara un lugar específico con cajoneras y estanterías de cristal para albergar dichas piezas y permitir la exposición de algunas de ellas. Podemos afirmar que ese lugar fue, sin duda, el embrión de lo que hoy día es el Museo Anatómico Veterinario.

Sin embargo, el embrión creció muy deprisa, pues las instalaciones del nuevo edificio, con espacios y medios más adecuados, favorecían la producción constante de material para prácticas en mayor cantidad y mejor calidad. A ello contribuyó de manera especial, la preservación de órganos y disecciones mediante las técnicas de plastinación, implantadas en el laboratorio de Anatomía en 1992. En definitiva, la enorme cantidad de material anatómico elaborado mediante diferentes técnicas dejó pequeña la recién estrenada sala de disección y, por supuesto, la pequeña zona destinada ubicar el museo.

A finales de los años 90, el rectorado acometió unas obras para la ampliación de la sala de disección, que afectaban también a la sala de necropsias, ambas colindantes. Las peculiaridades del terreno donde se asienta la Facultad en el Campus de Espinardo permitieron utilizar los bajos de la zona recién ampliada como sótano, procediendo a su cerramiento y remodelación. Y he aquí, el lugar donde se decide instalar la colección museística y, muy importante, la zona donde los alumnos realizarían las prácticas de osteología. Poco a poco, el sótano se fue ocupando de estanterías, mesas y peanas, en su mayor parte rescatadas de los almacenes de la Universidad, donde se colocaron las numerosas y diferentes piezas anatómicas. Desde entonces, se han realizado sucesivas inversiones que han mejorado las instalaciones iniciales, dotándolas de calefacción, suelo de resina, aseos, mobiliario homogéneo, medios audiovisuales, etc.