null Identidades urbanas - Javier Pérez

Identidades urbanas - Javier Pérez

Javier Pérez 1 La sala de exposiciones Isidoro Valcárcel reanuda su actividad con "Identidades Urbanas", del alumno Javier Pérez.

«Identidades urbanas» es una muestra fotográfica que pretende visibilizar diferentes perfiles de personas que cohabitan el espacio urbano, donde la lectura de lo que se ve o de lo que parece que se ve devuelve al espectador sus propias construcciones y prejuicios. En este sentido, la muestra de las fotografías seleccionadas de Javier Pérez recoge el testigo del movimiento de la «fotografía directa» (la forma sigue a la función; espontaneidad en el juicio y composición con el ojo) en el que participaron autores como Alfred Stieglitz, Imogen Cunningham o Edward Weston. Casi de manera furtiva, Javier Pérez captura instantáneas que nos hablan de las realidades existentes en la sociedad de una manera respetuosa y honesta, sin caer en el sensacionalismo. El autor busca la cara más humana de los habitantes del espacio urbano, tomando especial consideración por aquellos que se sitúan de manera liminal en la realidad social actual. Sus imágenes interpelan al espectador y lo hacen cómplice de su objetivo, cuya finalidad última resulta ser plantear interrogantes antes que generar respuestas claras, dar un lugar a lo invisible y poner en valor la humanidad de los que son dejados al margen. Hasta mediados del siglo XX, la pobreza, a escala mundial, iba unida a la escasez; hoy va unida a la sobreproducción y al consumo desaforado. Por eso, no importa que las imágenes hayan sido captadas en ciudades como Murcia, Madrid, París o Lisboa (no van fechadas, ni datadas ni tituladas). Los hombres y mujeres que capta el objetivo de Javier Pérez representan, en el sentido comparativo, a la mayoría global. El autor evita que miremos hacia otro lado, estableciendo, en ocasiones, potentes paralelismos y metáforas visuales sobre el estado de la sociedad en que vivimos. Sus planos son lo opuesto a una estadística; tampoco se trata de filantropía, ni de generosidad; no se reivindica nada, salvo su reconocimiento: cada una de las personas fotografiadas es única, cada una tiene su propio mundo. Con el impulso de un reconocimiento, se comprende de inmediato. La cámara se apodera de lo familiar, lo dota de nuevos sentidos, mediante el sello de una personalidad.

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