Figura 1.- Luis Carandell
(1929-2002)

Luis Carandell. ‘In Memoriam’
José María Jiménez Cano
(Universidad de Murcia)

 

I

 

El 29 de Agosto de 2002 fallecía el periodista y escritor Luis Carandell. Cronista parlamentario, cuando el Parlamento todavía era digno de crónica, y director de los informativos de TVE, cuando todavía era importante la forma de dar una noticia, el más certero de los títulos de su actividad profesional e intelectual se lo concedió en una breve misiva a la sección ‘Cartas al Director’ del periódico El País, fechada el 17 de septiembre de 2002, Natacha Seseña: “Carandell, gran microhistoriador.” Dice así la nota:

“Luis Carandell ya habrá escrito la mejor crónica sobre la boda aznaro-botellil-agariana que se celebró en el pateón de El Escorial a la misma hora del mismo día en que sus amigos –incluido el cura- celebraban su funeral en una iglesia luminosa madrileña situada en la misma calle donde vivió.

Me deleito pensando en tal crónica y me enfurezco por sentir el vacío. Luis era capaz del más alto humor y, al mismo tiempo, la mayor consideración y ternura, atributos de su inteligencia que supo llevar a las más altas cotas. Como niño de la guerra observó todo –que era mucho- quizá en silencio, y lo fue hilando y afinando en el huso de su pensamiento para darlo a los demás en sus artículos, crónicas, libros y conversas.

Luis Carandell ha sido el mejor microhistoriador de la época dramática y confusa que le tocó vivir. Sin su testimonio será muy difícil escribir la “nueva historia” de esa otra manera que desde Braudel a Peter Burke ya se ha abierto camino y donde lo cotidiano y, a veces, banal –tal la boda citada- revela tramas más intrincadas de la historia, y que Luis sabía describir como un gran maestro.”

 

 

 

El sentido de Tonos con el que abríamos el primer número de esta revista tiene mucho que ver con el espíritu y la letra de muchos de los escritos de don Luis Carandell. Hoy, como modesto homenaje a la memoria del gran maestro del periodismo, invitamos a la lectura de dos de sus obras: Celtiberia Show (Maeva ediciones, 17ª edición (1ª refundida), abril de 1994) y La familia cortés. Manual de la vieja urbanidad (Aguilar, Madrid, 2ª edición, noviembre de 2000).

 

II

Celtiberia Show comenzó siendo, a mediados de 1968, el nombre de una de las secciones de la ya legendaria revista Triunfo en la que Carandell fue decorando un escaparate “en el que se muestran a lo crudo y con el mínimo soporte literario posible, las hazañas, andanzas, milagros, ejemplos, decires, gracias, desgracias, ocios y negocios de los celtíberos de nuestros días. Lo he descrito como un «museo» o «museíllo» donde las «piezas», «casos», «perlas», «joyas», «cuadros», «monumentos» y «tesoros» del celtiberismo se alinean en abigarradas vitrinas. Son hechos reales, a menudo acompañados de documentos probatorios, que precisamente por su carácter de objetos museables no requieren otro comentario que el meramente aclaratorio de su significado.” (pág. 7)

 

Figura 2.- Portada

 

 

En todo momento evitaba el autor “sacar conclusiones o extraer moralejas de las piezas reunidas en mi galería” (pág. 7) y era consciente de hasta donde llegaban los límites de la autoría: “se trata de la recopilación de acontecimientos reales y no inventados y la única posible autoría está en su selección, elaboración y presentación.” (pág. 8)

Este cada vez más rico «museo» apareció por primera vez publicado en 1970. La explicación del término «celtibérico» la remite Carandell a Ortega y Gasset: “En algunos de sus artículos, Ortega habla de lo celtibérico como de una noción que viene de muy antiguo, quizá de la época en que el poeta latino Marcial hablaba en Roma de las rusticidad de su patria celtibérica. Responde a la idea que los españoles nos hemos hecho de nosotros mismos y que, por lo que yo pude comprobar, mantenía su vigencia en el retrato de una cierta España que justamente podía ser llamada Celtiberia.

Quizá lo celtibérico siga produciéndose en la España de hoy. Pero hay que convenir que tiene un carácter residual a no ser que se quiera denominar así a ciertas manifestaciones, no por muy modernas, menos pintorescas o bárbaras de nuestra vida social. Hace un cuarto de siglo, estas «perlas» componían un retrato muy fidedigno de un país y de una situación social y política que tuvo que vivir toda una generación de españoles.” (pág. 12)

De esta fórmula o marco textual, que no son pocos los usuarios ignorantes de esta inigualable fuente, reproducimos a continuación algunas de sus joyas:

 

Figura 3.-Decálogo de los novios

 

Figura 4.- El conserje del cementerio de Villena

 

Figura 5.- Papeleta de recomendación

 

Figura 6.- Las cinco partes del Mundo

 

Figura 7.- Escala de los seres

 

Figura 8.- Venta de aprobados e ingeniero pedagogo

 

Figura 9.- Hasta el último piso y la oración de la empresa

 

III

La familia Cortés. Manual de la vieja urbanidad es el fruto de un feliz encargo de los directores de la editorial Aguilar para recrear con un nuevo manual los viejos manuales de Urbanidad que se usaban en las escuelas a finales del siglo XIX y principios del XX. Por este motivo la obra es una equilibrada recreación de la extensa colección de estos manuales que el propio autor alcanzó a realizar –en el relato se van introduciendo fragmentos de las obras más significativas y populares- junto con los manuales dedicados a la modelización y ejemplificación en el uso de los más variados textos protocolarios.

 

Figura 10.- Portada

 

El marco argumental fabricado por Carandell es el de “una familia de la clase media acomodada que viviera en cualquier ciudad española entre, digamos, 1870 y 1920, sobre poco más o menos.

Es una familia que consta de tres generaciones: los abuelos, los padres y los hijos, con tíos, sobrinos, y en la que no falta algún pariente pobre de maneras un tanto rústicas, que ha pasado o pasa algunas estrecheces.” (pág. 17). Lo más atrevido y original del libro estriba en que: “De lo que se trata es de imaginar cómo sería su vida si cumpliera a rajatabla con las normas de los Manuales de Urbanidad; si el comportamiento de todos sus miembros no se apartara ni un ápice de las recomendaciones del barón de Andilla, del Rvdo. Codina, de doña Pilar Pascual de Sanjuán, de don Ezequiel Solana o, en fin, de los muchos autores españoles y extranjeros que cultivaron la delicada ciencia, el arte primoroso de la urbanidad.” (pág. 18)

Veamos cómo Julio aprende el arte de la conversación:

“La tía Matilde se había propuesto hacer de Julio un muchacho de modales delicados y le compró un tratado de Cortesía y buen tono, un poco más amplio que el Manual de Urbanidad que estudiaba en la escuela, para que le sirviera de lectura en sus ratos libres. Y le dijo que, si alguna cosa no entendía, se lo preguntara a ella o a su primo Valentín.

Un domingo en que se hallaban juntos tía y sobrino, Julio abrió el libro y leyó un capítulo que trataba de las conversaciones:

Siendo las conversaciones agradables pláticas entre varias personas, todo cuanto en ellas se diga ha de ser digno, delicado, sencillo y, en cuanto sea posible, del agrado de todos los presentes.

El texto se refería en primer lugar a la forma de hablar:

Debe evitarse cuidadosamente la voz gangosa, pesada y monótona que hace dormir, pero igualmente se tendrá cuidado de no dar voces, de no hablar en tono áspero, duro y seco, ni tampoco con excesiva melosidad, que desagrada por lo poco natural. A toda costa hay que evitar la farfulla, que es la costumbre de hablar atropelladamente. Y se debe desterrar el uso de muletillas tales como: “Sí, bueno”; “pero, luego”; “me entiende usted”; “sabe usted”; oiga usted”; “como yo digo”; porque denotan pobreza de lenguaje y poca claridad de ideas.

“Nunca se deben pedir las cosas”, añadía, diciendo, por ejemplo: “Deme usted esto o aquello”; “venga tal cosa”; o “páseme tal otra”. Lo correcto es decir: “Me hace usted el favor de darme...”; “hágame usted el obsequio de pasarme...”; tendría usted la bondad de...”; “perdóneme si me atrevo a suplicarle que...”.

El libro recomendaba a los muchachos contestar siempre de forma educada al ser preguntados. No es cortés hacerlo con un movimiento de cabeza o con un “sí” o un “no” a secas. Hay que añadir a la respuesta el tratamiento que se da a la persona que nos ha preguntado: “señor”, “señora”, “padre”, “madre”. Los que interrumpen la conversación, charlan demasiado sin dejar hablar a los demás o gesticulan excesivamente cometen faltas graves de educación. Y si una persona mayor hace una pregunta general a toda la concurrencia, incluso si se trata de una cosa tan corriente como preguntar la hora, los niños han de ser los últimos en contestar, y deben hacerlo con brevedad, de la forma más discreta y educada posible: Y, en ocasiones, será mejor que se callen.

Julio preguntó a su tía Matilde:

- Pero, dime, tía, sucede a veces que uno no está de acuerdo con lo que otra persona dice. ¿Es de mala educación hacérselo saber?

- No lo es en absoluto –respondió ella-. Pero si se quiere contradecir a alguien hay que hacerlo con delicadeza y sin ofender. No se puede decir, por ejemplo: “Usted miente, no es verdad lo que usted ha dicho0; lo que usted quiere es engañarme”. Se puede contradecir la opinión de la otra persona diciendo: “Usted perdone, pero...”; “yo creía que...”; “puede ser que yo esté mal informado, pero mi opinión es que...”, y otras fórmulas delicadas. Si alguien te cuenta una cosa que es evidentemente falsa, o tú sabes a ciencia cierta que miente, le puedes decir, por ejemplo: “Si una persona que no fuera usted, cuya veracidad conozco, contara eso, me costaría trabajo creerlo”.

Y añadió tía Matilde:

- Tienes que tener cuidado porque he observado que te gusta bastante discutir, y cuando no convences al otro le dices: “¡Pa usted la perra gorda!”, o frases por el estilo que son muy poco corteses y denotan rusticidad. Está muy bien que dejes claro que tú piensas de forma distinta o contraria a la otra persona. Pero debes hacerlo siempre con buena educación. Y en las conversaciones en las que participan muchas personas es mejor no entrar en discusiones, ni decir cosas que puedan contrariar o molestar a alguno de los presentes. Por lo general, no conocemos bien a las personas que conversan con nosotros, y deberemos ser muy prudentes para que ninguna de ellas se sienta ofendida por una alusión inoportuna.

         Otra cosa muy importante es que hay que prestar atención a lo que se está hablando, aunque no nos interese. Es muy feo bostezar como si uno estuviera aburrido de lo que está diciendo una persona, mirar a otro lado para dejar patente que no nos importa nada lo que estamos escuchando, o levantarse de pronto, dejando al otro con la palabra en la boca.

         También es impropio de gente educada interrumpir a otra persona cuando no recuerda algún nombre relacionado con lo que está contando, para decirlo uno y pasar así por culto. Por ejemplo, si alguien dice: “César derrotó a Pompeyo en la batalla de...” y se le olvida momentáneamente el nombre, no hay que precipitarse a intervenir diciendo: “...de Farsalia” porque eesto deja en muy mal lugar al que habla.” (págs. 173-177).

Ejemplo de consejos prácticos para el manejo de un particular tipo de texto es el dedicado al lenguaje de las tarjetas de visita:

“Las tarjetas de visita tienen un lenguaje convenido que interesa conocer:

Una tarjeta doblada por su ángulo superior izquierdo indica despedida;

doblado el ángulo superior derecho, visita;

doblado el ángulo inferior izquierdo, felicitación;

doblado el ángulo inferior derecho, pésame;

doblados los dos ángulos superiores, comida;

doblados los dos ángulos inferiores, baile;

doblados los dos ángulos de la izquierda, boda;

doblados los dos ángulos de la derecha, entierro;

doblada la margen izquierda, recomendación;

doblada la margen derecha, excusa;

doblada diagonalmente de derecha a izquierda, cita;

doblada diagonalmente de izquierda a derecha, negativa;

La tarjeta de luto riguroso es negra; la de medio luto sólo es negra la orla; la de alivio de luto lleva negro un filete estrecho o el ángulo superior izquierdo.

En las tarjetas suelen escribirse algunas abreviaturas, por ejemplo, s/c (su casa), delante de las señas del domicilio, equivale a un ofrecimiento; s/d (se despide), escrito en el ángulo inferior derecho indica despedida; b/v (bien venido), escrito en el ángulo superior izquierdo sirve para dar la bienvenida a un amigo.

Toda tarjeta recibida con motivo de una felicitación o de un pésame exige el envío de otra tarjeta.

(Ezequiel SOLANA: Reglas de urbanidad y buenas maneras)”. (págs. 157-158)

No sabemos si Luis Carandell alcanzaría a saber de la existencia del Título Superior en Protocolo y Relaciones Institucionales o del Título de Experto Universitario en Protocolo y Ceremonial, de haberlo sabido hubiera podido contextualizar su obra, sin graves problemas de verosimilitud en la fabricación de su relato, en el tránsito del siglo XX al XXI. Las relaciones públicas de los agentes sociales vuelven a estar institucionalizadas. La metacortesía está generando un conjunto de nuevas profesiones. Lo que hasta ahora ha sido cometido más o menos ingenuo de la familia, de la escuela, del buen gusto y del sentido común se ha convertido en parcela del comportamiento humano identificada, descrita, clasificada e interpretada.

 

Figura 11.- Oferta de estudios de Protocolo

 

Algo parecido le ocurrió al complicado mundo de las relaciones políticas. El afán por acabar con la tensión, la búsqueda constante de la atonía y de la ausencia de conflictos sociales ha desembocado también en la que podemos llamar “militancia titulada”. El trabajo solidario, caritativo y altruista en los terrenos de la Política y del Sindicalismo puede convertirse en una indeseable competencia desleal para una gama de nuevas profesiones en el dominio de las Ciencias Sociales: Relaciones laborales y Trabajo Social, entre las más recientes.

Luis Carandell no podrá disimular una sonrisa cuando se entere de que algunos de sus libros pueden llegar a ser materia de examen para algunos pobres estudiantes.