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Revista de estudios filológicos
Nº34 Enero 2018 - ISSN 1577-6921
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reseñas

MEMORIAS DE JOSÉ ECHEGARAY

Javier Fornieles Alcaraz

(Universidad de Almería)

jforniel@ual.es

 

José Echegaray, Recuerdos de mi vida, prólogo de José Manuel Sánchez Ron, Museo Lázaro Galdiano-Editorial Analecta, Pamplona, 2016, LXXXVIII, 991 pp. 25 cm.

 

 

 

Con el título Recuerdos de mi vida, la editorial Analecta y el Museo Lázaro Galdiano han publicado las memorias de José Echegaray acompañadas por una excelente introducción de José Manuel Sánchez Ron.

El primer capítulo de los Recuerdos de Echegaray apareció en La España Moderna en diciembre de 1894. Y prosiguieron, con varias interrupciones, hasta julio de 1911.

En 1917 los Recuerdos se editaron también como libro en tres volúmenes. Pero desgraciadamente no recogieron todos los capítulos. Los últimos publicados en La España Moderna quedaron fuera del tercer volumen y prácticamente han permanecido olvidados. De ahí la importancia de la edición que ahora aparece. Por una parte, nos permite acceder al texto íntegro sin necesidad de ir espigando en diferentes publicaciones. Por otra, esos capítulos olvidados se corresponden con hechos muy destacados del Sexenio: las actividades políticas de Echegaray en el Partido Radical, las disidencias entre Ruiz Zorrilla y Sagasta, así como los procedimientos electorales y los prolegómenos de la abdicación de Amadeo I. Los libros de 1917 terminaban con la muerte de Prim y el viaje de Echegaray a Cartagena para recibir a Amadeo I. Con la nueva publicación los Recuerdos abarcan casi todo el Sexenio y nos llevan justo hasta los momentos que preceden a la abdicación del Rey.

 

 

¿Qué podemos encontrar en estas casi mil páginas de la nueva edición? La lectura de los Recuerdos nos permite reconstruir ante todo la trayectoria de una figura clave del XIX. Recordemos que Echegaray destacó en cometidos tan diversos como la política, la divulgación de la ciencia, la propaganda librecambista o el teatro de la Restauración.

Echegaray refiere, por ejemplo, con mucho detalle la educación recibida: la organización de la Escuela de Caminos, los rigurosos estudios de quienes se van a encargar de construir la nueva red de comunicaciones, así como el carácter y la formación cultural e ideológica, que se procura imprimir en el ánimo de quienes logran el título de ingeniero. Podemos recordar que esa fue, por ejemplo, la profesión de Sagasta, el alumno de último curso encargado precisamente de recibir en la Escuela de Caminos a Echegaray cuando éste realiza su ingreso.

Aunque quedan fuera de las memorias los estrenos teatrales del propio Echegaray, sus Recuerdos nos informan sobre las impresiones que le producen los dramas de Tamayo, Ayala, a los que acude durante los años cincuenta y sesenta; y nos van indicando con sus comentarios algunas de las bases sobre las que se fundamentan sus obras de teatro durante la Restauración.

Gran interés despierta el relato en primera persona de las inquietudes que surgen en los años anteriores a la Revolución de Septiembre. Durante este periodo Echegaray participa activamente en el Ateneo, colabora con los krausistas y sigue con entusiasmo los elocuentes discursos de Castelar y las campañas de los demócratas. Y, sobre todo, junto a otro ingeniero, Gabriel Rodríguez, toma parte en las campañas librecambistas y sigue con especial devoción las ideas de Bastiat, que contribuye a popularizar.

Posteriormente, la necesidad de contar con jóvenes profesionales liberales, con una buena formación retórica y con capacidad para gestionar los intereses del Estado, lo llevan en 1868 a ocupar la Dirección General de Obras Públicas. Y, a los pocos meses, Echegaray, tras intervenir en los debates constitucionales en las Cortes, se integra en el Gobierno como Ministro de Fomento y, más tarde, de Hacienda. El recuento de sus apuros económicos, de sus preocupaciones en los días que se produce la Revolución de Septiembre o de sus impresiones sobre la actividad ministerial y las trapacerías electorales de la época aportan detalles muy significativos y resultan, sin duda, imprescindibles para cualquier investigador interesado en los acontecimientos de la segunda mitad del siglo XIX.

En nuestra opinión la lectura de estas páginas permite comprobar los rasgos que definen el pensamiento y las actuaciones de Echegaray, entre los que destacamos los siguientes:

1.-Echegaray pertenece por sus orígenes familiares a una clase media que se abre camino por medio del estudio. Su trabajo como ingeniero y su formación científica son las claves sobre las que descansa su personalidad y su propia valoración. Asimismo, los hechos que nos cuenta nos muestran que es también muy consciente de los riesgos y de la frágil posición que el intelectual ocupa cuando no cuenta con unos recursos económicos suficientes. El retrato del padre o los apuros económicos del propio Echegaray, hasta que encuentra su tabla de salvación en el teatro, resultan ilustrativos al respecto.

2.-Los primeros pasos de Echegaray en la vida pública se producen en un momento muy significativo. Coinciden con las libertades del Bienio Progresista y con la etapa de fuerte desarrollo económico posterior. En esta coyuntura los jóvenes intelectuales desarrollan una concepción liberal, sumamente optimista. Su rápido ascenso, las conquistas del pensamiento y de la ciencia parecen, ineludiblemente, les animan a pensar que les corresponde llevar, por sus conocimientos, las riendas del Estado y de la cultura. Los historiadores tienden a destacar el papel que juegan políticos e intelectuales vinculados al derecho o la filosofía. Las memorias de Echegaray nos ayudan a comprender mejor la importancia que en este proceso tienen los hombres de ciencias y especialmente los ingenieros. No en vano en el XIX se consolida la estimación de que el progreso y el futuro están unidos a los continuos avances tecnológicos.

3.-Por otra parte, Echegaray no es el intelectual que vive de la política o que aspira a conseguir un puesto en la administración. Conoce perfectamente sus méritos académicos, y, desde esa atalaya, mira con cierto distanciamiento —y a veces desdén— las componendas políticas o culturales de la Restauración.

Sobre estas bases, reiteradas una y otra vez en los Recuerdos, Echegaray forja su aproximación a la política y más tarde a la literatura. La confianza en la ciencia es la guía que preside sus actos tal y como sus memorias subrayan nada más empezar. Y, sobre estos mismos fundamentos, Echegaray intenta explicar también sus vínculos con la creación literaria por medio de su interpretación del simbolismo y de la necesidad de introducir determinados temas en el teatro sin dejar de atender los gustos del público[1].

Para concluir, es preciso destacar el prólogo de José Manuel Sánchez Ron, autor de libros como José Echegaray, Madrid, 1990; José Echegaray (1832-1916). El hombre polifacético, Madrid, 2016. La introducción de los Recuerdos de mi vida nos permite conocer y valorar sobre todo la labor de Echegaray como matemático y divulgador de la ciencia, así como sus cursos de Física matemática en la Universidad Central durante la última etapa de su vida, sin olvidar tampoco otros trabajos suyos como economista o dramaturgo. Para apreciar el sentido de esta labor científica, conviene no olvidar que las matemáticas —al menos es esa nuestra opinión— constituyen la verdadera vocación de Echegaray. A la intensa actividad desplegada por Echegaray como científico, tanto por sus escritos divulgativos como por el esfuerzo realizado para dar a conocer el pensamiento matemático del XIX, se suma, además, su trabajo al frente de instituciones como la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la Sociedad Matemática Española o la Sociedad Española de Física y Química.

Por la variedad de aspectos que se dan cita en torno a Echegaray su obra requiere, en definitiva, un esfuerzo adicional, un intenso trabajo interdisciplinar. A cambio, la biografía de Echegaray nos permite atender aspectos a veces poco conocidos de la historia, entendida esta como una compleja mezcla de hechos sociales, culturales, políticos, económicos, etc. Y proporciona datos esclarecedores para historiadores de la ciencia, economistas, filólogos y especialistas en la historia política de la segunda mitad del siglo XIX.

A la hora de efectuar sus análisis, los historiadores no pueden hoy ya prescindir de los testimonios personales, de las explicaciones intencionales, de la forma en que cada sujeto percibe e interpreta la realidad de su tiempo, de sus motivaciones y expectativas. En este sentido, las memorias de Echegaray completan con sus matices el complejo panorama del XIX y proyectan nuevas luces sobre una etapa decisiva para la constitución de la figura del intelectual.

Aplaudimos, por tanto, el trabajo realizado por la editorial Analecta, la fundación Lázaro Galdiano y el profesor Sánchez Ron para dar a conocer estos Recuerdos de mi vida y por aportar, sin duda, una de las contribuciones más destacadas en el año en el que se ha celebrado el centenario de la muerte de Echegaray.

 



[1] Sobre estas cuestiones, así como sobre los contenidos y el encargo de Lázaro Galdiano para La España Moderna, Fornieles, J. (2002-03). Los Recuerdos de José Echegaray, Siglo Diecinueve, 8-9, 177-226; José Echegaray: una interpretación global, Tonos Digital, 32, enero, 2017.