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Revista de estudios filológicos
Nº25 Julio 2013 - ISSN 1577-6921
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EL ENFOQUE CONSTRUCTIVISTA EN LA DIDÁCTICA DE LA REVISIÓN DE TRADUCCIONES

Beatriz Mª Rodríguez Rodríguez

(Universidad de Vigo)

brodriguez@uvigo.es

 

 

RESUMEN:

La consolidación de la figura del revisor en el ámbito de la traducción a raíz de la publicación de la norma europea de traducción EN-15038 ha permitido su aplicación a los nuevos planes de estudio. Este trabajo pretende debatir el enfoque didáctico por tareas y constructivista que se puede seguir en el aprendizaje de las competencias de revisión en línea con los cambios metodológicos y el papel del alumnado en los nuevos planes de estudios universitarios. Se analizarán los tipos de competencias de revisión que deben adquirir los alumnos para prepararse para la vida profesional. Se estudiarán los criterios de calidad, parámetros de revisión, tipos de revisión, normas de calidad y su aplicación didáctica en el aula, prestando especial atención al papel esencial de las nuevas tecnologías y las fuentes de documentación.

Palabras clave: Revisor; traducción; didáctica; constructivismo; tareas.

ABSTRACT:

The role of translation revisers was strengthened after the publication of the European Translation Norm EN-15038. This paper aims to analyse how to apply the constructivist approach to revision teaching following current methodological changes, as students must acquire the revision competences necessary to succeed in their professional lives. Notions like quality criteria and norms, revision parameters, types of revision, and professional environment will be discussed on the bases of their didactic implementation. New technologies and translation resources are essential in the process.

Keywords: Reviser; translation; teaching; constructivism; tasks.

 

 

1. INTRODUCCIÓN

Este trabajo analiza la relevancia de la revisión de traducciones en la prestación de servicios de traducción de calidad y cuál debe el enfoque didáctico para lograr que los alumnos adquieran las competencias necesarias para desempeñar de forma eficiente este trabajo en el ámbito profesional.

La revisión se ha institucionalizado e implica una especialización en el ámbito profesional de la traducción. La publicación en mayo de 2006 de la nueva norma europea de traducción, la norma UNE-EN-15038: 2006, trae consigo una mayor relevancia del papel del revisor (Arevalillo, 2005) puesto que esta norma conlleva la obligatoriedad de que otro traductor revise el producto final logrando así una mayor calidad de la traducción. A esto debemos añadir que los cambios en los planes de estudios universitarios a raíz del Plan Bolonia permiten que los alumnos controlen su propio aprendizaje preparándolos de forma más efectiva para afrontar el mundo laboral. Para lograrlo nos parece especialmente significativa la aplicación del enfoque por tareas, enfoque ya utilizado en los estudios de traducción. La propuesta didáctica que presentamos en este trabajo se centra en el aprendizaje de las competencias necesarias para realizar el trabajo de revisor profesional y al mismo tiempo lograr que los alumnos se habitúen a revisar sus propias traducciones buscando en todo momento la calidad del producto final. El propio concepto de revisión implica la necesidad de aplicarlo y manejarlo en todas las materias y ámbitos para lograr la calidad del producto final, de la traducción. Por ello coincidimos con Mossop (2001: x) al afirmar que la revisión no debe ser una materia concreta y específica en los primeros años de los estudios de grado, sino en los estudios de especialización y postgrado aunque desde que comienzan sus estudios los alumnos deben acostumbrarse a revisar sus propias traducciones con el objetivo de mejorar la calidad de las mismas (Agencia Nacional de la Calidad y Acreditación [ANECA], 2005: 123ss).

 

2. EL CONCEPTO DE REVISIÓN. PARÁMETROS DE REVISIÓN

La norma europea de servicios de traducción UNE-EN-15038, norma que establece los requisitos para la prestación de servicios de traducción, determina que la revisión es parte esencial del proceso de traducción: la revisión por parte de una persona distinta del traductor es esencial para garantizar la calidad de la traducción. Según esta norma la revisión es: “el examen de una traducción respecto a su adecuación a la finalidad prevista, cotejo de los textos de origen y de destino, y recomendación de las correcciones pertinentes”.[1]

A pesar de que la revisión de traducciones no ha constituido un tema recurrente en los estudios de traducción (Brunette, 2000: 169; Lorenzo, 2002: 135), esta definición de revisión coincide con las definiciones existentes. Mossop relaciona la revisión con la identificación y corrección de aquellos aspectos de la traducción que no son apropiados y que deben modificarse (2001: 83). Se trata, por tanto, de identificar los posibles errores de traducción, tanto los de estilo como los que hacen referencia a la transferencia lingüística (ANECA, 2005: 78).

Parece lógico que el revisor pueda lograr una versión más objetiva del producto final al no haber tenido que enfrentarse a la traducción de forma directa (Parra, 2007: 100). Evidentemente, la revisión en el ámbito profesional implica una mayor necesidad de tiempo y el consiguiente encarecimiento del producto final (Mossop, 2001: 88), por lo que su aplicación anterior a la implantación de dicha norma por parte de las empresas era escasa, a pesar de que es necesaria para lograr una traducción de mayor calidad.

La revisión se puede aplicar a diferentes ámbitos como la revisión formativa, revisión pragmática, control de calidad, evaluación de la calidad de traducción, y lectura de verificación del texto meta.[2] Se pueden identificar otros tipos de revisión (Parra, 2005: 26) como la revisión pragmática, formativa, y pericial, la auto-revisión, la revisión recíproca, concordancia, lectura cruzada, colectiva, y pericial.[3] Evidentemente el concepto de auto-revisión implica la búsqueda de una mayor calidad y no hacerlo sería poco profesional (Mossop, 2001: 91). Es obvio que tanto profesionales como estudiantes deberían aplicar siempre este concepto para lograr una traducción de calidad.

Debemos destacar también que la norma europea de servicios de traducción delimita el concepto de revisión y subraya la relevancia concreta de la corrección de concepto y corrección de pruebas. La corrección de concepto es “el examen de un texto de destino traducido respecto a su adecuación a la finalidad prevista y a las convenciones del dominio al que pertenece, y recomendación de las correcciones pertinentes”. Es especialmente significativa en los textos científico-técnicos (Martínez de Sousa, 1999: 188) y se centra en la terminología y la adecuación del lenguaje especializado al destinatario. La corrección de pruebas implica la revisión de las pruebas de imprenta antes de la publicación de la traducción. Se trata por tanto del último control de calidad antes de llevar el texto a la imprenta. Se trata de un proceso intermedio entre la revisión y la impresión (Parra, 2005: 44).[4]  

          En cuanto al revisor éste debe tener la competencia adecuada en las lenguas de origen y destino para poder determinar tanto la rentabilidad de la traducción, como la modalidad y grado de la revisión. El revisor debe examinar la traducción para constatar que cumple el objetivo previsto y que se ajusta al encargo establecido. Este proceso debe comprobar que exista coherencia terminológica, y que el registro y el estilo sean acertados. La norma europea sugiere que las competencias del revisor son prácticamente las mismas que las del traductor: competencia traductora, competencia lingüística y textual en la lengua de origen y en la lengua meta, competencia documental, adquisición y procesamiento de la información, competencia cultural y competencia tecnológica.

Para lograr una revisión profesional objetiva se debe aplicar a los textos concretos objetos de revisión una secuencia de parámetros que hacen relación al contenido, al lenguaje, a la finalidad y a la presentación (Mossop, 2001: 99ss; Parra, 2007: 202ss; Tardáguila, 2009).[5]

Los parámetros que afectan al contenido incluyen la forma y tipo de texto, los datos, el lenguaje especializado y el criterio lógico: la coherencia y cohesión. Es obvio que el tipo de texto (Reiss, 1971/2000: 17) condiciona todo el proceso. La evaluación de la utilización del lenguaje especializado resulta también primordial. Se debe revisar no sólo la terminología sino también la estructura del documento. Como afirma Brunette (2000: 175), siguiendo a Halliday, la coherencia y cohesión son imprescindibles para poder hablar de calidad de traducción, ya que estos dos parámetros implican la estructura de la información lógica y las estrategias que conectan las partes del discurso y la no existencia de contrasentidos de ningún tipo. 

Los parámetros que hacen relación al lenguaje son la fluidez, la norma y uso de la lengua de llegada y la adecuación. El revisor debe verificar que el tono y registro sean adecuados, y que se ha utilizado el todo momento el lenguaje de especialización requerido. Además se debe respetar la adaptación al destinatario (Toury, 1995: 5) en cuanto a la fluidez en la lengua meta y el contexto histórico (Hatim & Mason, 1997: 205).

Los parámetros relativos a la finalidad tienen en cuenta la función y el propósito del texto (Sager, 1989: 97; Hatim & Mason, 1991: 80, 156; House, 1997: 108; Nord, 1997: 166) ya que éste afecta muy directamente a la de calidad de la traducción y condiciona en gran medida las decisiones del traductor. Además es esencial conocer tanto el tipo de lector como el tipo de encargo de traducción (Schäffner, 1998) puesto que influyen en el proceso de traducción.

Los parámetros relativos a la presentación tienen en cuenta cuestiones de maquetación y ortotipografía (incluyendo todas las convenciones de escritura en la lengua meta).

Evidentemente, la relevancia de cada parámetro puede variar ya que cada texto presenta unas características concretas que no se pueden estandarizar (Lauscher, 2000: 161).

 

3. LA CALIDAD DE LA TRADUCCIÓN Y LA NORMA EN-15038

Como cabría suponer, en la revisión de traducciones subyace el concepto de calidad de traducción. El propio Mossop identifica como sinónimos los conceptos de control de calidad[6] y revisión (2001: 84), aunque curiosamente diferencia entre los agentes que los realiza: los encargados de controlar la calidad y los revisores propiamente dichos.

A partir de los años 90[7] los cambios en la teoría de la traducción conllevan una cierta objetividad en los conceptos aplicados (Maier, 2000: 140), evitando los conceptos genéricos y ambiguos relativos a una buena y mala traducción, y los simples listados de errores de traducción. Como mantiene Bowker (2001: 347), es difícil encontrar una definición de calidad de traducción que se pueda aplicar a todos los tipos de texto debido a las particularidades que estos pueden presentar. El concepto de calidad de traducción es difícil de definir y se debe medir en términos comparativos. Creemos que los comentarios de carácter evaluativo sobre la calidad de la traducción deben tener como punto de referencia aspectos y parámetros concretos manejados en cada análisis o texto (Chesterman, 1998: 118); se deben tener en cuenta todos los aspectos y factores que condicionan el proceso de traducción en todos los niveles (House, 2001: 256). La aplicación de un enfoque descriptivo y funcional del texto fuente y del texto meta (Toury, 1995; Nord, 1997) y el análisis exhaustivo de los datos obtenidos permiten establecer la calidad de la traducción (Baker, 2008: 207) en referencia a estos parámetros. La calidad depende también del grado de consecución del propósito o finalidad de la traducción (Nord, 1997). La noción de calidad varía según la época, el lugar, las circunstancias, el género de la traducción, el propósito, y el destinatario, entre otros factores. El análisis que debe aplicar el revisor tiene por tanto cubrir todos los niveles, cuestiones socio-culturales, el contexto de la traducción y los elementos que intervienen en el proceso.

El concepto de calidad resulta por tanto esencial en todos los ámbitos de la traducción. Cómo lograr la calidad de un texto traducido y cómo llevar a cabo el control de calidad son temas que preocupan especialmente en el mercado profesional. Antes de la implantación de la norma EN-15038 algunas empresas ya aplicaban algunos mecanismos de revisión y ciertos criterios de calidad. Generalmente en aquellos casos en que se recurría a la revisión los encargados de esta tarea eran los profesionales con más experiencia en las grandes empresas, instituciones y organismos internacionales. En la revisión se solían valorar aspectos como la calidad del texto meta, aspectos administrativos y de satisfacción del cliente (Parra, 2005: 196). Un estudio de Navas y Palomares (2002) revela que el número que empresas de traducción que operan en internet y que utilizaban 'standards' de calidad en 2001 era considerable puesto que se elevaba al 79,06% (preferentemente para controlar la calidad se recurre a la revisión pero también se aplican criterios de calidad ISO 9000 o DIN 2345). Además, por ejemplo, la asociación ASETRAD (Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes) ya especificaba la necesidad de recurrir a revisores ajenos y cualificados para lograr una traducción de calidad.

Entre los organismos europeos que ya utilizaban algún tipo de normativa de calidad destaca, por ejemplo, el Centro de Traducción de los Órganos de la Unión Europea (CT), y más concretamente el Departamento de Traducción, que seguía en 2001 el modelo EFQM (European Foundation for Quality Management)[8] para desarrollar su política de calidad. Este modelo incluye la existencia de un comité de evaluación interno que controla y toma medidas concretas en relación al trabajo de los traductores y procedimientos concretos de gestión y control de calidad mediante muestras al azar, lectura de verificación del texto de llegada completo y revisión comparativa del texto meta y del texto fuente.

A raíz de la implantación de la UNE-EN-15038[9] todas las empresas de traducción mencionan que su trabajo se ajusta a las normas de calidad impuestas por dicha normativa específica de traducción. De hecho las empresas que pertenecen a la ACT (Agrupación de Centros Especializados en Traducción) y a la FEGILT (Federación Española de Empresas de Globalización, Localización y Traducción) han firmado una Declaración de Principios comprometiéndose a cumplir la norma y todos los requisitos en cuanto a la revisión. La mayoría de las empresas de traducción mencionan también la aplicación de la normativa de calidad ISO 9001 elaborada por la International Organization for Standardization,[10] aunque esta norma no es específica para ningún ámbito profesional concreto. A este respecto, y sin negar la importancia de ninguna de las dos, Heinz Rudolf (2008), presidente de ACT afirma que: “la norma ISO 1991: 2000 es una norma de procesos, la UNE-EN 15036 es una norma de producto, complementaria a la primera y solamente aplicable a la traducción”. La uniformidad de criterios de calidad a nivel europeo constituye una importante garantía de calidad. La norma establece la obligatoriedad de la revisión para lograr una traducción de calidad, a la vez que define los requisitos para prestar un servicio de calidad por parte de los proveedores de servicios de traducción. En la norma se menciona también un sistema de gestión de calidad que debe incluir la declaración de los objetivos del sistema de calidad, el proceso de control de calidad de los servicios prestados, o la gestión de la información y material aportado por el cliente. El contrato de traducción debe incluir también una referencia específica al hecho de asegurar la calidad. De todas formas el concepto de calidad sigue siendo complejo porque “hay tantas calidades como el cliente final considere” (Arevalillo, 2006), ya que, a pesar de que en general desean una calidad integral, algunos se centran en una calidad lingüística, otros en calidad ortotipográfica, etc.

Como acabamos de comentar, los servicios que ofrecen las empresas se han adaptado a la nueva norma por lo que la mayoría prestan los servicios afirman que siguen las directrices y definiciones establecidas: corrección de pruebas (revisión de pruebas de imprenta antes de la publicación), corrección de estilo (revisión estilística), corrección de concepto y revisión de traducciones de terceros en el que se presupone el cotejo del texto fuente y del texto meta.

En la norma europea no se hace referencia concreta al encargo de revisión, aunque se podría incluir dentro del “registro de proyecto” ya que cubre muchos aspectos relevantes a este respecto. Tal como sucede con el encargo de traducción, es importante concretar las características de la revisión y conocer los requerimientos concretos por parte del cliente (Mossop, 2001:84) para poder concretar los criterios a aplicar (Künzli, 2007: 54).

A pesar de las enormes ventajas que ha traído consigo la implantación de la norma europea de traducción creemos que existen problemas concretos de aplicación puesto que no se delimitan las particularidades de la revisión en cada ámbito concreto de la traducción. También es verdad que se trata de una norma que regula la calidad de los servicios en todo el proceso de traducción y en la gestión del proyecto, no es una norma de producto. Cada proveedor de servicios de traducción es libre de ajustar sus criterios y procedimientos de revisión y corrección (Arevalillo, 2006: 110). Tampoco existen estudios empíricos en cuanto a la revisión publicados después de la publicación de la norma, excepto, por ejemplo, el de Künzli (2007).[11] Dichos estudios podrían validar la norma en sí y valorar los posibles problemas de aplicación. La APETI (Asociación de Profesionales de la Traducción e Interpretación), por ejemplo, menciona la obligatoriedad de seguir la UN-15038 pero parece no establecer grandes diferencias relativas a la diversa tipología textual. La revisión de una traducción consiste en comprobar si se han aplicado correctamente los criterios de edición establecidos y si la traducción es fiel al original. APETI, haciendo referencia al Código Deontológico del traductor, aplica esta afirmación tanto a los textos científico-técnicos como a los literarios a pesar de las diferencias entre los dos ámbitos. En los textos científico-técnicos el transvase de la terminología, y otros problemas de traducción como por ejemplo las siglas, falsos amigos, y el uso inapropiado de calcos, merece una atención especial en la revisión. Frente a esto la traducción del estilo del autor original, entre otros aspectos, primaría en la revisión de textos literarios. Sin embargo, la situación del mercado editorial es compleja y es muy difícil establecer procedimientos genéricos. Cerca del 80% de las traducciones publicadas en España pertenecen al ámbito de la literatura (incluyendo un 46,9% de traducciones pertenecientes a la literatura infantil y juvenil) (Centro de Documentación, 2010: 16). Al hablar de calidad en la traducción literaria haríamos referencia a la evaluación y crítica de traducción si bien es verdad que en las editoriales la mayoría de las traducciones no se revisan, o como mucho en el mejor de los casos se sigue una corrección de estilo o lingüística (Parra, 2005: 61). Además suelen primar razones comerciales en la mayoría de las decisiones de las editoriales en detrimento de la calidad del producto final. A esto hay que añadir que la situación del mercado editorial e incluso los derechos de los traductores no siempre se ajustan a lo estipulado en la Ley de Propiedad Intelectual (Calabia, 2005).

En general en el ámbito de la traducción audiovisual no suelen aparecer referencias concretas y específicas a la aplicación de la norma UN-15038 y las empresas que se dedican solo a este tipo de traducción no la mencionan de forma específica en las modalidades de doblaje, subtitulación y voces superpuestas, ni en la traducción de productos multimedia. Sí existen algunas referencias a la necesidad de revisión de la subtitulación en trabajos previos a la norma como los de Díaz Cintas (2001: 91) y Heulwen (2001). Sin embargo, la UN-15038 incluye los servicios de subtitulación y voces superpuestas en la lista de servicios de valor añadido. Además desde 2003 existe la norma de calidad UN-153010[12] que se aplica a la subtitulación de personas sordas y personas con discapacidad auditiva y que ha supuesto un avance muy importante para lograr un subtitulado de calidad, a pesar de la necesidad de concretar y mejorar algunos aspectos concretos de dicha norma (Lorenzo & Pereira, 2005).

Mención especial merece la revisión de los textos jurídicos, la traducción jurídica, textos que también se incluyen en la nueva normativa. Una vez firmadas y selladas las traducciones de los intérpretes jurados sólo pueden ser revisadas por la Oficina de Interpretación de Lenguas dependiente del Ministerios Español de Asuntos Exteriores. Se trata del artículo 13 del Reglamento de la Oficina de Interpretación de Lenguas del 27 de agosto de 1977 según el cual: “Las traducciones escritas u orales de una lengua extranjera al castellano y viceversa que realicen los Intérpretes Jurados tendrán carácter oficial, pudiendo ser sometidas a revisión por la Oficina de Interpretación de Lenguas las traducciones escritas cuando lo exijan las autoridades competentes. Los Intérpretes Jurados podrán certificar con su firma y sello la fidelidad y exactitud de sus actuaciones”. De esta forma se da por supuesto un requisito concreto de calidad de la traducción.

 

4. APLICACIÓN DIDÁCTICA DE LA REVISIÓN DE TRADUCCIONES. ENFOQUE POR TAREAS

Después de haber esbozado el concepto de revisión de traducciones veremos cómo enfocarlo en el aula para lograr que los alumnos de traducción mejoren sus competencias en cuanto a la revisión. Resulta entonces esencial que los alumnos aprendan las competencias necesarias, a la vez que adquieren el hábito de revisar sus propias traducciones como único camino de lograr traducciones de calidad y de que adquirieran las destrezas necesarias para el posterior desempeño de su trabajo en el ámbito profesional. La relevancia de la revisión en los diversos ámbitos mencionados implica el interés por su aplicación en el ámbito docente. Según los nuevos planes de estudio resultantes del plan Bolonia para lograr la adaptación al Espacio Europeo de Educación, el enfoque didáctico pasa de la figura del profesor a la figura del alumno. Los alumnos controlan su propio proceso de aprendizaje y adquieren las destrezas y competencias necesarias con la ayuda tutelada del profesor.

En este contexto destacan las teorías constructivistas que se centran en el papel dado al alumnado en el proceso de aprendizaje de la traducción en base a un enfoque por proyectos que acerca a los alumnos a situaciones reales y a su contexto concreto de aplicación.[13] Kiraly explica (2000: 60) que este acercamiento a las situaciones reales resulta esencial para lograr el éxito en el aprendizaje. El alumno tendrá entonces que enfrentarse a un proyecto que simulará en la medida de lo posible un posible proyecto real logrando así una preparación más efectiva. Se trata, por tanto, de anticipar las situaciones reales a las que los alumnos se deberán enfrentar en su futura vida laboral para que adquieran las competencias necesarias que le permitan afrontar estos retos con éxito.[14] En una línea semejante podemos situar el enfoque transformacional mencionado por Hurtado (1999) y González (2004). Este enfoque implica, en líneas generales, el desplazamiento del control del proceso de aprendizaje que pasa del profesor al alumno. González aplica, de forma acertada a nuestro juicio, a la didáctica de la traducción el enfoque por tareas originalmente propuesto por Nunan (1989). El planteamiento de una tarea concreta implica, como propone González (2004: 22-23) la realización de diferentes actividades específicas en un contexto concreto y que permiten su consecución final[15]. El enfoque por tareas propugna, por tanto, un aprendizaje efectivo y coherente al estar contextualizado y relacionado con las situaciones reales del mercado laboral a las que se tendrá que enfrentar el alumno. Además implica la integración efectiva de todos los factores y personas que intervienen en el proceso educativo: alumnos, profesores, objetivos, contenidos, actividades, materiales, y evaluación. Cada tarea implica la realización de diferentes actividades o micro-tareas necesarias para lograr un objetivo final. La definición de tarea implica la relevancia de una cuidada preparación por parte del profesor de las actividades a desarrollar ya que “se dirige intencionadamente al aprendizaje de la traducción y que está diseñada con un objetivo concreto, una estructura y una secuencia de trabajo” (Hurtado, 1999: 56).

A pesar de la controversia y de las divergencias entre los partidarios del enfoque por tareas y del enfoque por proyectos estamos de acuerdo con Marco (2004) y Kelly (2005), ya que intentan unir el enfoque socio-constructivista con el enfoque por tareas. En realidad en el ámbito de la didáctica de la traducción los objetivos de los planteamientos que cubren tareas o proyectos son bastante similares. Las diferencias son mínimas y ambos enfoques pretenden que el proceso de traducción sea lo más real posible para acercar el aprendizaje y el alumno al futuro mercado laboral. En todo caso, si hubiese que establecer diferencias, podríamos concluir que quizás el enfoque por tareas se pueda utilizar de forma más efectiva en las primeras actividades a desarrollar en el aula, mientras que el enfoque por proyectos se puede aplicar al final del proceso didáctico (Kelly, 2005: 116).

Coincidimos con Rochard (2000) en que la revisión es un elemento esencial en la pedagogía de la traducción puesto que relaciona el ámbito profesional con el académico, conciencia al alumno de la posible validez de varias traducciones diferentes, ayuda a que el alumno aplique los conocimientos aprendidos en diferentes disciplinas, fomenta el trabajo en equipo, y contribuye a que el profesor analice las diferentes posibilidades ofrecidas por las propuestas de los alumnos. El enfoque por tareas aplicado a la revisión de traducciones les permitirá a los alumnos la simulación de la futura práctica profesional mientras continúan su proceso de aprendizaje, facilitando de esta forma el paso del aprendizaje de la revisión en sí a su posterior aplicación al ámbito profesional.

Como cabría suponer, el enfoque didáctico tiene que tener en cuenta los tipos de textos concretos objeto de estudio (textos jurídicos, económicos, literarios, traducción subordinada, audiovisual, textos periodísticos, turísticos, instructivos, etc.), la competencia concreta de revisión que se quiera desarrollar o adquirir, las características concretas del alumnado (curso, combinación lingüística, etc.), los parámetros o criterios concretos que se pretendan analizar y manejar, etc. Es esencial lograr una apropiada selección de textos y actividades (Kelly, 2005: 200ss) para conseguir los objetivos planteados en cada tarea.

El enfoque por tareas lleva consigo la simulación de todo el proceso de traducción centrado en la revisión, es decir, los alumnos en grupos se plantearían los papeles de cliente, traductor, revisor (Kelly, 2005: 93), lo que implicaría la elaboración del presupuesto y la posterior factura, y todas las tareas necesarias para lograr completar la revisión del texto. El trabajo en grupos permite un foro de discusión colectivo en el que el profesor actúa siempre como referente y moderador. Los alumnos deben realizar, bajo la tutela del profesor, las microtareas que necesitan para lograr el objetivo que plantea la tarea: la revisión de un texto traducido. Los alumnos deben, por tanto, conocer los principales aspectos teóricos sobre la revisión, las fuentes de documentación de que disponen, ser capaces de manejar corpus comparables, poder acceder a los documentos y enlaces de las asociaciones nacionales e internacionales de revisores, poder crear glosarios terminológicos específicos, ser capaces de analizar en detalle el texto fuente y el texto meta, conocer y aplicar los criterios o parámetros de revisión y la simbología utilizada para marcar divergencias y errores de traducción, es decir, la terminología específica de la revisión, saber aplicar los conceptos de calidad y error de traducción, etc. En todas las actividades se manejará material auténtico y actualizado.

Es imprescindible también el conocimiento y uso de las nuevas tecnologías tanto por parte del profesor como por parte del alumno porque son esenciales en el futuro mercado profesional. El alumno debe manejarlas en aras a la efectividad y rentabilidad que su utilización implica. Debe conocer las posibilidades que ofrece Internet, la utilización de plataformas de teledocencia (por parte del alumno y del profesor: colgar los documentos de los alumnos y poder trabajar con ellos de forma efectiva, posibilidades de utilización de foros y wikis, etc.) y el manejo de programas informáticos específicos para realizar las tareas que implica la revisión de los textos.

Todo esto se debe completar con actividades complementarias como por ejemplo conferencias o seminarios de revisores profesionales que puedan ofrecer información clave sobre su trabajo.

En cuanto a la evaluación de la materia concreta que se imparte y de las actividades concretas por parte del profesor ésta debe ser formativa (Kelly, 2005: 133) por lo que se debe considerar la realización de actividades específicas en cada tarea o micro-tarea que le permitan al profesor explicar y comentar al alumno como avanza su aprendizaje y qué debe hacer para mejorarlo, a la vez que el profesor comprueba si el alumno ha adquirido las competencias de revisión necesarias. Al alumno se le puede exigir y evaluar la justificación de sus decisiones, la participación en debates, el análisis de las fuentes de documentación manejadas, etc.

Veamos con más detalle cómo se puede concretar en el aula este planteamiento del enfoque por tareas aplicado a la revisión que proponemos. La tarea principal será la creación de un equipo de revisores para trabajar en una empresa concreta de servicios de traducción que cubre los ámbitos más relevantes. Las características concretas de dicho grupo y empresa las debe delimitar el profesor teniendo en cuenta el perfil del alumnado, principalmente la combinación lingüística, la materia concreta que se imparta (si se trata de una materia de revisión propiamente dicha o de tareas de revisión en una materia concreta de traducción especializada) y el nivel de conocimientos de revisión de los alumnos. La posibilidad de crear varios grupos de revisores facilitará que los alumnos puedan compartir experiencias en cuanto a los resultados obtenidos, los problemas que puedan surgir, etc. Una vez establecida la tarea nos plantearemos diferentes micro-tareas, como por ejemplo:

·       Estudio de la norma UN-15038. El objetivo que plantea esta tarea es que el equipo de revisores conozca en detalle la normativa y los aspectos que hacen referencia concreta a la revisión de traducciones y a la calidad de la traducción. Los alumnos-revisores deben conocer sus obligaciones, analizar la norma, y describir sus ventajas y desventajas y su ámbito concreto de ampliación.

·       Análisis del mercado laboral de la revisión. El objetivo es que el alumno conozca las salidas profesionales en relación con la revisión. Los alumnos deben realizar un estudio de las principales empresas y asociaciones de revisores mediante la consulta de páginas web y el contacto directo con empresas para conocer las posibilidades del mercado, condiciones, tarifas, etc. También deben ser conscientes de las diferencias entre los posibles tipos de trabajo que pueden realizar como la revisión de terceros, corrección de concepto, etc. Esto les permitirá organizar y estructurar el trabajo del equipo de revisores del que forman clase en el aula.

·       Elaboración de un encargo de revisión por parte de los alumnos. Como hemos comentado, tanto el encargo de traducción como el encargo de revisión son claves para la realización de un trabajo de calidad. Aunque se trata de algo que generalmente determina el cliente, y no el proveedor del servicio el objetivo de esta tarea es que los alumnos debatan sobre los requisitos que debería cumplir un encargo de revisión, cuáles son los aspectos que se deberían incluir, los parámetros de revisión, el tiempo disponible, condiciones de entrega, finalidad, destinatario, etc. Estaría por tanto relacionado con el “registro del proyecto” al que se refiere la norma EN-15038.

·       Establecer las directrices de la relación traductor-revisor. Como afirma Künzli (2007: 44), no siempre existe relación entre el traductor y el revisor, ni entre el revisor y el cliente o la empresa. Esto puede crear conflictos de prioridad: el cliente o la empresa prefiere rapidez a calidad, mientras que el revisor prioriza la calidad de la traducción. Además el revisor tiene que respetar tanto al autor y al estilo del texto fuente como al revisor y el propósito del texto meta (Künzli, 2007: 45). El objetivo de esta tarea es lograr que el alumno sea consciente de la relevancia de un buen trabajo en equipo por parte del traductor y revisor en aras de lograr una traducción de calidad. De hecho la norma UN- 15038 los obliga a trabajar juntos ya que, como cabría suponer, se trata de una “negociación enriquecedora” (Arevalillo, 2006: 109). Además el proveedor del servicio debe asegurarse de que se introduzcan las correcciones necesarias en la traducción después de la revisión. El revisor le puede exigir al traductor las bases de documentación utilizadas, el revisor debe justificar sus comentarios; el traductor y el revisor deben colaborar (Parra, 2005: 151). Los alumnos pueden simular esa parte del proceso y analizar los símbolos, modificaciones, preguntas y consultas entre traductor y revisor durante la revisión, etc. Al trabajar como equipo de revisión los alumnos deben saber repartir y compartir el trabajo.

·       Manejo de tecnología. Los alumnos deberán conocer los recursos de los que disponen. Sería interesante que los alumnos utilizasen, por ejemplo, el programa informático Translog aplicado directamente a la revisión de traducciones tanto propias como ajenas (Lorenzo, 2002: 138), y que les permitiría mejorar sus competencias al respecto. El equipo de revisión podría realizar una revisión manejando dicho programa para posteriormente analizar los resultados obtenidos.

·       Revisión propiamente dicha y concreta de los principales tipos de textos. La tipología textual se seleccionará en relación con el perfil de los estudiantes y la materia concreta que se imparta y, evidentemente, se tratará en diferentes sesiones. El objetivo es que el grupo de revisores conozca la problemática concreta que cada tipología de textos comprende, que pueda aplicar los diferentes parámetros de revisión, lo que le capacitará para una posterior especialización. Se establecerán los problemas que plantean los aspectos más conflictivos en cada texto y se trabajarán con detalle para analizar la problemática concreta de aplicación que la revisión implica. Por ejemplo, la revisión de la terminología y de los gráficos e imágenes en traducciones científico-técnicas y económicas, la revisión en la traducción de textos jurídicos, la revisión de las estrategias de concentración y síntesis en la traducción del subtitulado o la traducción para invidentes o el lenguaje de signos en la traducción audiovisual, las estrategias de ampliación y concentración en la revisión de textos informativos, argumentativos e periodísticos, revisión de calcos en este tipo de textos, la revisión de la traducción de aquellos aspectos que reflejan el estilo del autor en la traducción literaria, las diferencias a la hora de revisar un autor clásico o un autor contemporáneo. Una de las actividades que complete esta micro-tarea será la aplicación concreta de parámetros de revisión relativos al contenido, lenguaje, finalidad y presentación y la posterior valoración de su aplicación. El grupo de revisores debe aprender a minimizar las modificaciones en el texto meta, hacerlo sólo si es imprescindible, y a justificar todas las decisiones al respecto.

Estas actividades realizadas en grupo o a nivel individual y adaptadas a cada micro-tarea le permitirán al alumno adquirir las competencias necesarias para evaluar la estrategia de traducción utilizada, justificarla en base a qué criterios o parámetros de revisión, un hecho que fomentará su espíritu crítico y la capacidad de trabajo en equipo. El enfoque por tareas permite integrar de forma efectiva la revisión pedagógica con la problemática que plantea la traducción profesional. Evidentemente, los aspectos más específicos relativos a la revisión profesional propiamente dicha los adquirirán en los estudios de postgrado, lo que conlleva una metodología enfocada de forma más específica a la revisión en un ámbito concreto.

 

5. CONCLUSIONES

La importancia del papel del revisor en el mercado laboral a raíz de la norma europea EN-15038 de prestación de servicios de traducción implica la necesidad de que los alumnos de traducción adquieran las destrezas necesarias para realizar dicho trabajo. A esto hay que añadir que el propio concepto de revisión de traducciones implica la necesidad de que los traductores revisen sus propios textos, un hábito que los futuros traductores y revisores deberían adquirir en su etapa de estudiantes. A la hora de llevar a cabo la didáctica de la revisión resulta esencial tener en cuenta todo el abanico de posibilidades del que disponemos para consolidar la formación de los futuros revisores.

El enfoque constructivista o por tareas permite al alumno acercarse a la praxis de la revisión y del proceso de traducción. Le capacita para conocer y saber manejar los recursos necesarios que necesita para analizar y solventar la posible problemática que se le pueda plantear en el futuro, ya que se enfatiza la simulación del mundo laboral y el acercamiento a las posibles situaciones reales. El papel del profesor debe contribuir a desarrollar la mente de individuos autónomos con espíritu crítico que sientan el reto de ser responsables de su propio aprendizaje pudiendo expresar sus ideas. El profesor debe diseñar la tarea de manera efectiva incluyendo objetivos concisos y relevantes en cuanto a las competencias de revisión a adquirir para a continuación limitarse a organizar y supervisar todo el proceso de aprendizaje asegurándose que los objetivos y la tarea final se logran. Los alumnos tienen que conocer las claves de la calidad de traducción para conseguir este objetivo en el producto final pudiendo cumplimentar la tarea propuesta. En primer lugar serán conscientes de las características del iniciador y su papel en el proceso, para a continuación conocer y analizar los conceptos que engloba la revisión, como paso previo a la aplicación de parámetros de revisión que permitan lograr la calidad de la traducción final. En todas las actividades planteadas resulta esencial a su vez el manejo y conocimiento de la tecnología y de las fuentes de documentación existentes.

 

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[1] La norma UN-15038 para servicios de traducción la aprobó el Comité Europeo de Normalización el 13 de abril de 2006 y se publicó en mayo de 2006. Su aplicación es obligatoria en Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Letonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumania, Suecia y Suiza. 

[2] La frontera entre la revisión y otros campos no está siempre bien definida. A veces, por ejemplo, se identifica la revisión con la edición, o con la autoedición o sea con la composición, compaginación, y otros procesos que se deben realizar antes de la publicación final (Martínez de Sousa, 1999: 83). La revisión también presenta importantes semejanzas con la crítica y evaluación de traducciones (Hatim & Mason, 1997: 199; Reiss, 1971/2000: 6).

[3] Mossop identifica prácticamente como sinónimos los términos: revision, quality control, y checking re-reading (2001: 84). Véase también la clasificación de tipos de revisión propuesta por Tardáguila (2009).

[4] La corrección incluye varias fases: corrección de galeradas o primeras pruebas; corrección de segundas pruebas o compaginadas y corrección de terceras pruebas y revisión de ozálidas (Parra, 2005: 47).

[5] Coincidimos con Parra (2007: 202) en la necesidad de realizar estudios empíricos a gran escala y en los diferentes ámbitos de la traducción para determinar la validez de dichos parámetros.

[6] Brunette (2000: 172) diferencia control de calidad de evaluación de la calidad, ya que el primero se basa en muestras y el segundo en el texto definitivo y generalmente completo y siempre se compara el texto fuente con el texto meta.

[7] En abril de 1994, por ejemplo, un congreso debatió en Nottingham, Reino Unido, el tema “Quality Assessment, Management and Control” y el estándar de calidad BS5750 (equivalente al ISO 9002) en referencia al tiempo de entrega, presentación final, relación con el cliente, facturación, etc.

[8] La Fundación Europea para la Gestión de Calidad la crearon en 1994 un total de 14 empresas europeas con el objetivo de promocionar y gestionar la calidad en todos los niveles y ámbitos.

[9] Anteriormente en varios países de Europa existían normas de traducción de ámbito nacional que intentaban controlar la calidad de la traducción. Destacan, por ejemplo, la norma alemana DIN 2345, la norma italiana UNI10574 y las austríacas ÖNORM D 1200 y ÖNORM 1201, y la norma ISO 12616 en referencia a la terminografía aplicada a la traducción. También existía un código de buenas prácticas, el EUATC (Code of Conduct and Code of Good Practice in Translation), y el modelo de evaluación de calidad de LISA (Localization Industry Standards Association), la norma de aseguramiento de calidad destinada al ámbito de la localización pero que se puede aplicar a proyectos de traducciones mediante la utilización de  categorías de error: error de traducción, exactitud, terminología, lenguaje, estilos, aspectos locales, coherencia a modo de categorías de evaluación. Como cabría suponer, no sólo Europa se preocupaba por la calidad de la traducción. En Canadá, por ejemplo, el Bureau des traductions aplicó desde 1976 las versiones I, II y III de SICAL (Système canadien d’appréciation de la qualitè linguistique) para evaluar la calidad de las traducciones.

10 Organización creada en 1947 y con base en Ginebra, Suiza.

[11] Antes de la publicación de la norma destacan los trabajos de Arthern (1983), Lorenzo (2002) y los de Brunette, Gagnon y Hine (2005), entre otros.

[12] Elaborada por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación) y con la colaboración de FENIN (Federación Española de Tecnología Sanitaria, CEAPAT (Centro Estatal de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas), FIAPAS (Federación Española de Asociaciones de Padres y Amigos de los Sordos), ONCE, CNSE (Confederación Nacional de Sordos de España) y la Asociación de Implantes Cocleares, televisiones públicas, privadas y autonómicas, empresas de subtitulado y numerosos profesionales relacionados con este sector.

[13] Baker (2008: 298) afirma que el enfoque por proyectos propuesto por Vienne (1994) y Gouadec (2002), entre otros, carecía de un acertado enfoque pedagógico aunque era positiva la importancia dada al mundo profesional.

[14] Roiss (2008) aplica el enfoque constructivista a la traducción inversa para desarrollar la competencia traductora.

[15] Véase también Hurtado (1999) y Willis (1996).