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Revista de estudios filológicos
Nº25 Julio 2013 - ISSN 1577-6921
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estudios

Anotaciones de Quevedo en mi ejemplar de la edición de Virgilio de J. L. de la Cerda (1612)

 

Francisca Moya del Baño

(Universidad de Murcia)

 

franciscamoya67@gmail.com

                                                

Resumen:

En este trabajo se comentan una serie de marcas que hay en un ejemplar de una edición de Virgilio; se trata del Comentario de los Seis primeros libros de la Eneida de J. L. de la Cerda, de 1612. En él se encuentran unas anotaciones manuscritas, cuya letra, como podemos afirmar, es de don Francisco de Quevedo. El análisis de estas anotaciones muestra que su contenido es semejantes a las que se conocen en otros libros de Quevedo; pero, sin duda, la importancia de este trabajo radica en dar a conocer la existencia de un nuevo libro que perteneció a la “biblioteca clásica” de Quevedo.

 

Palabras clave: Biblioteca de Quevedo, Virgilio, traducciones, comentarios humanistas, marginalia.

 

Summary:

This study looks at a series of marks which can be found in a copy of an edition of   Commentary on the first Six books of the Aeneid, by J.L. de la Cerda, 1612. In this work, handwritten annotations were found which, we can confirm, were made by   Francisco de Quevedo. Analysis of these annotations shows a similarity in content to those made in other books of  Quevedo. However, the importance of this study is that it brings to light the existence of a new book belonging to  Quevedo’s “classical library”.

 

Key words :  Quevedo Library, Virgil, translations, humanist commentaries, marginalia.

 

Al profesor Muñoz Cortés

                                                                               ex imo corde

 

 

 

Un nuevo libro anotado por Quevedo he podido añadir a algunos ejemplares que he tenido la suerte de descubrir[1]; el que ahora me ocupa posee, sin embargo, para mí un interés especial[2]. Se trata del volumen primero de la edición y comentario de la Eneida de Juan Luis de la Cerda, que vio la luz en 1612.[3]

El ejemplar, como consta en la portada, perteneció al Convento de Carmelitas Descalzos de Criptana[4], y en él puso don Francisco huellas que testimoniasen que había estado en sus manos[5]. Estas huellas son de naturaleza semejante a las que encontramos en otros ejemplares, a saber, subrayados, remisiones a páginas, y algunas anotaciones, la mayoría marginales, aunque otras están situadas super lineam; no son muchas, pero las que hay no carecen de interés, ya que aportan una valiosa información, la más importante, la de identificar uno de sus ejemplares de la edición de Virgilio, en tres volúmenes, que realizó La Cerda, aunque no se podía dudar de que manejó esta obra, pues a ella se refiere Quevedo.[6]

Volviendo al ejemplar, vemos que las huellas quevedianas, las cuales, como decíamos, no son muchas, se encuentran desde el folio 5 al 721. Predominan los subrayados, que en la mayoría de ocasiones se limitan a unas pocas palabras, incluso a una sola. Hay también marcas consistentes en remitir a un comentario que aparece en otra página, o a un verso en que se exprese una idea similar, o a ofrecer datos concretos sobre un verso o una cita; estas marcas son menores en número, y las que solo llaman la atención. Aquellas que podemos denominar con más propiedad anotaciones se limitan a un poco más de la veintena. En algunos folios no es extraño que coincidan dos o más marcas[7].

Los subrayados[8] permiten adivinar –o casi corroborar- qué intereses hay detrás de ellos; se trata de cuestiones gramaticales, estilísticas y de realia y cosas curiosas. Entre las “gramaticales”, por ej., en f. 15[9] está el subrayado de metus en un hermoso verso de Ennio (Vivam an moriar: nulla in me est metus), en el  cual el comentarista se detiene para explicar que el sustantivo metus es aquí femenino; también sobre el género gramatical hay otro en el 274; subraya un super en que se explica su uso en latín por superest (544), o las diferencias entre pudor y pudicitia (411). El estilo tiene gran presencia en subrayados de comentarios que inciden en la prolepsis (376), la presencia de una metáfora (una, tralatio ex palaestra, 499), la redundancia o no de un ipse (429),  que acompaña en La Cerda una locución hispana, “suso dicho”, que también subraya. Explicaciones de realia, muy abundantes en el comentarista, atraen los subrayados, ya se explique la relación de las brujas y la luna (468), que los manes aman el silencio (457) o que es un magnum talentum (540); todo interesa y en mucho se detiene, por ejemplo, en lo que significa sub lumina; y en cuanto al “ingenio”, no le pasan por alto ciertas notas misóginas, como la arrogantia femenina o la maldad de las mujeres, contra la cual los dioses -como decía Eurípides- no encontraron remedio, aunque sí lo hicieron  contra las serpientes y víboras (503), y alguna otra “maldad quevediana”, como el placer de la venganza, que el dictum aristotélico sintetiza; lo subraya Quevedo en su versión latina (iucunda est ultio, 495); u otras cosas útiles de saber, por ejemplo, que el arte no consiste en herir al adversario, sino en conseguir eludirle (559); o, según decían los filósofos, que “la muerte es un regalo de los dioses” (474). Le agrada ver y subrayar la relación existente entre la literatura clásica y la cristiana: no le pasa desapercibido que La Cerda encuentre semejanzas entre Virgilio y Juan Crisóstomo (520); y es muy frecuente, como no puede sorprender, los subrayados de nombres de autores latinos o griegos de quienes el comentarista aduce citas, predominando el de Horacio. En fin, se trata de términos, expresiones o ideas que por una u otra razón juzga dignas de recuerdo, o cuyo contenido es curioso, o choca o se compadece con sus propias ideas. Basten de ejemplo los que hemos recordado.[10] 

En cuanto a las remisiones, voy a actuar de la misma manera; aunque soy consciente de que un análisis detenido de ellas, como el de los subrayados, no carecería de interés, voy a limitarme a decir que en ellas se advierten los intereses de Quevedo y se descubre su lectura atenta, “filológica” o “filo-filológica”[11], puesto que se comprueba que, a partir de la lectura del comentario, acude a los lugares a los que este remite, los localiza y concreta la información dada por La Cerda, añadiendo la página, el número de nota, el verso, etc. Interés añadido tiene el que también “localiza”, e indica luego, las páginas o versos de libros de la Eneida no incluidos en el volumen (solo están los seis primeros) o lugares de Geórgicas (cf., por ejemplo, 51, 129, 163, 698) o de otros autores, por ejemplo, Horacio (501) o Jerónimo (528).[12] Estas remisiones, en las que no me voy a detener, son una buena fuente de información, ya que muestran qué cuestiones o qué autores llaman la atención de Quevedo y son un signo evidente de que tiene y consulta esos libros.

 

Pasamos ya a las Anotaciones[13]. Son estas:

 

1.- f. 36,      “en un largo espacio, o seno”, “obiectu[14], i, “sitio”,

2.- f. 39:      “instrumentos para moler trigo”

3.- f. 99        i, ubertate”.

4.- f. 316      “nos reconciliamos con el dios Júpiter”

5.- f. 431      obedientia”.

6.- f. 470      “aliviavan”.

7.- f. 478      i, Aeneae”.

8.- f. 486        “ofrendas”.

9.- f. 495[15]  “alborotada”, “anda confusa”, “tiemblan”, “se levanten”

10.- f. 524    “salidas”.

11.- f. 544   “entre las piedras”, “i, ad colla”, “empinado el cuello, attollens

“dando silbos, sibila

12.- f. 541[16] “en el sitial aderezado”

13.- f. 543              “de hierro acicalado”.

14.- f. 553    forsitan ex hoc more dixit Cic. Lib, 6 act.2 in Verrem: sit apud alios imago Publii Africani, ornentur alii, mortui virtute ac nomine etc. habebant enim Scipiones domi eius imaginem, cuius virtutem decebat eos imitari”.

15.- f. 555    i, si id placet pio Aeneae

16.- f. 560    “aprisa, a todas manos”

17.- f. 631    “revalso”

18.- f. 639    Arbor erat sedes optata principis Aeneae

19.- f. 641    “ultimas exequias, funera suprema; o acompañamiento último”

“bueltas las espaldas”, “torcido el rostro”

20.- f. 643    aversi

21.- f. 697    “en estas preguntas y respuestas, en estos dares y tomares”,  “hablando”

22.- f. 698    “corrientes”

23.- f. 700    i, perduxit omnia, refirio, y conto todas las cosas o lo que alli pasava me informo”

                    “astucia”, “bellaquería, maldad”; “fieras y crueles”

24.- f. 714    “fraguas”.[17]

 

Estas escasas y generalmente breves anotaciones se encuentran en un contexto, que juzgamos útil recordar; lo haremos también brevemente.

1. “en un largo espacio, o seno”, se lee en el margen de est in secessu longo locus (I 163 =159[18]) y es la traducción de in secessu longo, traducción que avalaba el comentario de La Cerda; lo que añade a continuación “obiectu, i “sitio”, que sitúa en el margen de efficit obiectu laterum (I 164 =160), no es más que una traducción, como deja claro el propio Quevedo, con el “i”, es decir, “id est”[19].

          2. “instrumentos para moler trigo” al margen de Ceraliaque (I, 181 =177) es más que una versión, una glosa explicativa de Cerealia arma.[20] El trigo, al que Virgilio se ha referido en el mismo verso con el acusativo Cererem, para poder convertirse en pan para ser comido, tiene que ser molido, tostado, etc.

3. “ubertate”, en el margen del v. 535 [=531] (terra antiqua, potens armis, atque ubere glebae), como deja ver “i”, que precede a la anotación, indica que ubertate está por uberte[21]; esta nota de carácter gramatical y estilístico tiene en cuenta, muy probablemente, lo que dice La Cerda en su explicatio del verso cuando habla de la ubertas glebarum.

4. “nos reconciliamos con el dios Júpiter”, que se lee al margen de lustramurque Iovi (III 279), es una versión o interpretación no del todo literal del latín.[22] Cuando existe la purificación, parece lógico, la divinidad la acepta y responde benévola.

5. El término “obedientia”, que sitúa en el margen de la explicatio a IV 294s. (ocyus omnes/ imperio laeti parent ac iussa facessunt), concretamente donde se lee  disce obedientiam[23], se limita, como en tantas ocasiones que hemos podido ver, a repetir la palabra que se hallaba en la edición.

6. “aliviavan” (sic) en el margen de lenibant curas (IV 528) es, lógicamente, su traducción de lenibant.[24]

          7. “i, Aeneae” en el margen de En dextra fidesque (IV 597)[25] sirve para explicar que se sobreentiende Aeneae; que se trata de la diextra y la fé de Eneas (sería un genitivo).

          8. “ofrendas” es la traducción de piacula en monstrata piacula ducat (IV 636[26]).

9. “alborotada”, “anda…”, etc.”, que aparecen en f. 495[27], ofrecen una cierta variación; son “anotaciones” a una serie de términos de un pasaje (IV 665-671), y no están en el margen, sino encima, super lineam, de cada uno de ellos. Así, “alborotada” se sitúa encima de concussam (v. 666); en el mismo verso, “anda confusa”, encima de bacchatur; “tiemblan”, encima de fremunt (v. 668) y “se levanten” lo sitúa finalmente sobre volvantur (v. 671). Son, ciertamente traducciones más o menos libres de unos cuantos términos que pertenecen a un pasaje que interesó a Quevedo.

10. “salidas” es la traducción de missibus. Se lee en el margen de la nota a sorte  de V 132 (Tum loca sorte legunt). Recordaba La Cerda entre otras cosas que en el circo había un orden de salida, es decir, muchas salidas, no una sola (constabat ludus Circi multis missibus)[28], y que dicho orden derivaba de un sorteo, y que había, lógicamente salidas más ventajosas que otras.

          11. “entre las piedras” es la traducción de in aggere (v. 273), del pasaje V 273-278; está escrito encima del sintagma, pero en el margen de los versos 277-278 encontramos otras explicaciones, a saber: “arduus colla, i, ad colla”; “empinado el cuello, attollens”; y “sibila, dando silbos”.[29]

          12. “en el sitial aderezado”, en el margen de V 290 (heros/ consessu medium tulit exstructoque resedit)[30] traduce consessu exstructo.

13. “de hierro acicalado” es igualmente la traducción de levato ferro de V 306 (Cnosia bina dabo levato lucida ferro)[31].

14. “Forsitan ex hoc more dixit Cic. Lib, 6[32] act.2 in Verrem: sit apud alios imago Publii Africani, ornentur alii, mortui virtute ac nomine etc. Habebant enim scipiones domi eius imaginem, cuius virtutem decebat eos imitari” lo escribe Quevedo en el margen de la nota Spolia pendentia tectis al verso VI 393 (Spolia illa tuis pendentia tectis), sin duda para completar lo que decía La Cerda; este, para ilustrar esta costumbre romana de mostrar, colgados del techo, los despojos de la familia, aducía un texto de las Controversias de Séneca y otro de Plinio. Quevedo añade el de Cicerón.

          15. “i, si id placet pio Aeneae” supone una glosa marginal que ofrece el significado de sedet (idque pio sedet Aeneae, VI 418), que aparece subrayado en el texto de Eneida.[33]

16. “aprisa, a todas manos” es la traducción de creber utraque manu de V 460 (Creber utraque manu pulsat versatque Dareta)[34]; la sitúa Quevedo, por tener espacio disponible, debajo de creber utraque.

17. “revalso” es la traducción de sinu que aparece en el verso VI 132 (Cocytusque sinu labens circumvenit atro); la coloca en el margen Quevedo; en el texto sinu está subrayado.[35]

          18. “Arbor erat sedes optata principis Aeneae”, lo sitúa en el margen como glosa a VI 203 (sedibus optatis gemina super arbore sidunt)[36].

19. “ultimas exequias, funera suprema; o acompañamiento último” es la versión y explicación, que también hallamos en el margen, de suprema de VI 213  (et cineri ingrato suprema ferebant). Y “bueltas las espaldas, torcido el rostro”, lo es de VI 224 (aversi tenuere facem[37]), en donde Quevedo subraya solo aversi, aunque “rostro” se corresponde con facem[38].

20. Aversi se lee también en la nota a subiectam del verso 223; y Quevedo copia en el margen el término.[39]

          21. Con “en estas preguntas y respuestas” y “en estos dares y tomares”, que sitúa en el margen del verso VI 535, Quevedo aporta su versión a in vice sermonum; “hablando”, que sitúa debajo, traduce in verbo del verso 546.[40]

          22. “corrientes” es la traducción de torrentibus de VI 550,[41] que escribe encima del término.

23. “i, perduxit omnia, refirio, y conto todas las cosas o lo que alli pasava me informo” supone una explanación de la segunda parte del verso VI 565 (perque omnia duxit), que “ordena” Quevedo en el margen, anticipado de un “i” (= id est); se une la preposición al verbo y se ofrecen versiones del texto. En el mismo pasaje, en el v. 568 “astucia” es situado, como traducción, sobre furto, de la segunda parte del hexámetro (furto laetatus inani), añadiendo además, en el margen, otros términos que también servirían para traducir el vocablo latino: “bellaquería” y “maldad”. “Fieras y crueles” se sitúa sobre torvos del verso 571, adjetivo que acompaña a angues del verso siguiente (torvosque sinistra/ intentans angues).[42]

24. “fraguas”, en el margen del VI 639, traduce caminis, que aparece subrayado.[43]

          Hasta aquí el contexto y razón de las anotaciones. En nuestro caminar por ellas, se ha podido comprobar que la mayoría son traducciones o glosas explicativas; o hemos reparado en que a veces Quevedo escribe lo que le llama la atención, por las razones que sean (por ejemplo, obedientia, de la anotación 5 (*5[44]) o aversi de *20); o que añade algún texto que corrobore lo que dice el comentario, como el de Cicerón, en *14, etc. Sin embargo, de ellas se puede extraer más información, pues se puede afirmar que nuestro Quevedo, mientras leía y anotaba, tenía junto a la edición de La Cerda alguna traducción de Virgilio, una o más. Lo constaté cuando la lectura de alguna de ellas me condujo a la búsqueda.

          Mi primera parada fue en “de hierro acicalado” de *13,  expresión, a mi juicio, preciosa para traducir levato ferro, y que leí en un soneto de Quevedo (“Tu ya, oh ministro, afirma tu cuidado”)[45]. Podría ser, deduje, creación suya, lo que no sería extraño, pero la encontré en la traducción de este verso en Hernández de Velasco (“con su hierro acicalado”, 253r)[46]; la deducción parecía lógica: Quevedo tenía a la vista esta traducción; pero luego comprobé que estaba en el “Romance de la Jura de santa Gadea”[47] y en más lugares[48]; pero, pese a ello, Quevedo, es muy posible, vio “hierro acicalado” en una traducción, en la ya citada, o en la de Cristoval de Mesa, en la que leemos “de hierro acicalado”, 117r)[49] o en la de Diego López “con el hierro acicalado”, 144v).

Si en “hierro acicalado” la traducción más cercana es la de Mesa, y por tanto, podría ser esta la que tenía a la vista Quevedo, no ocurre lo mismo con la que vemos en *4: “nos reconciliamos con el dios Júpiter”, que traduce, o interpreta, Iovi lustramur. Es esta una de las primeras anotaciones, y creemos que el propio La Cerda pudo mover a Quevedo a buscar traducciones; en su explicatio habla de que este es un locus difficilis, y de que es interpretado mire de modo muy diferente, insistiendo en lo mismo en la nota 7. Quevedo debió de buscar y en Hernández de Velasco pudo leer “a Júpiter con fuego nos purgamos” (86r) , y en Cristoval de Mesa: “y a Júpiter haziendo sacrificio (65v),  pero en Diego López[50]: “nos reconciliamos con Júpiter” (104r). Quevedo tuvo, sin duda, esta traducción.

En otros lugares no es tan evidente si tuvo o no a la vista traducción alguna, pero sí parece estar cerca de Hernández de Velasco, por ejemplo en *1, porque de “seno” habla (“hay un lugar repuesto en largo seno”, 8v)[51], y en *16 “aprisa a todas manos” parece tener en su origen “con priesa y con vehemencia a todas manos” (160r).[52]

Cuando en *2 escribe “instrumentos para moler el trigo” pudo tener en cuenta a Hernández de Velasco o a Diego López, que utilizan el término “instrumentos”[53]; en la *21 “en estas preguntas y respuestas, en estos dares y tomares”, para traducir vice sermonum, puede haber eco de Hernández de Velasco 204v, que así dice: “entre aquestas demandas y respuestas”[54].

Por el contrario, en *11 “entre las piedras”, para traducir in aggere, no está en ninguna de ellas[55], y tampoco “sitial aderezado” de *12[56], ni “revalso” de *17 para traducir sinus[57] de VI 132, término este precioso, al parecer no literario, que se compadece muy bien con el virgiliano sinus; el empleo por parte de Quevedo supone una garantía de su uso y de su valor.[58]

En el caso de *9 no se puede negar que leyera alguna traducción[59], pero no se trata de una reproducción de ellas, y, por ejemplo, “anda confusa” para traducir bacchatur,es, pienso, un acierto propio.

 

A modo de conclusión.

Las anotaciones que hemos ido viendo muestran a las claras que, como ocurre con otros autores clásicos, también en el caso de Virgilio Quevedo dispuso de varias ediciones; tuvo sin duda alguna, además de otras ediciones[60], los tres volúmenes del Virgilio de J. L. de La Cerda.

Aquí también la lectura casi interactiva, por decir de otro modo lo que él llamaba diálogo con los libros, es decir, la copia de palabras en el margen, la traducción o glosa o cualquier otra información[61], ofrece noticias de interés, que corroboran lo sabido, como que suele hacer mención de los autores cristianos siempre que se le ofrece la ocasión, como el caso de Jerónimo avala, o que en la lectura de textos, sobre todo griegos y latinos, se acompañaba de traducciones, que, la mayoría de veces, menciona en sus obras; en estas notas no lo ha hecho, pero es evidente que conocía la traducción de la Eneida de Diego López y la de Hernández de Velasco, y posiblemente también la de Cristoval de Mesa[62].

          En sus notas hemos podido ver su ingenio, sus pensamientos, su cultura, sus “gustos”, y hasta sus hantises. Y por sus notas hemos descubierto un nuevo ejemplar de la “biblioteca” de Quevedo.

Pero en este libro yo he visto otras cosas que lo hacen singular. Este ejemplar está en mi biblioteca desde que, hace más de treinta años, un día el profesor Muñoz Cortés, muy querido, admirado y recordado maestro, vino a mi despacho, que estaba junto al suyo, con el libro en las manos, y lo confió, como regalo, a las mías. A don Manuel Muñoz Cortés y a este libro debo mucho, debo mi interés por los humanistas españoles, pues quedé absolutamente maravillada ante la erudición y claridad del Padre La Cerda; varios Proyectos de investigación sobre “Las aportaciones de los humanistas españoles a la Filología Clásica”, que incluyeron tesis y diversos trabajos sobre las ediciones de La Cerda y distintos humanistas, tienen en sus cimientos este ejemplar, que estuvo cuatro largos años en el Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Murcia, en la mesa de trabajo de una becaria que sobre él hizo un espléndida tesis doctoral, María Ruiz-Funes Torres; luego volvió a mi casa. Hace solo unos meses, el día uno de noviembre de 2012, al tener que buscar una imagen para la portada de la edición de la traducción castellana de Virgilio de M. von Albrecht[63], me vino a la mente el grabado de la portada de este libro, y lo tomé en mis manos y, como está algo “viejo” y deteriorado, con arrugas y huellas de polillas enemigas del arte, “planché”, como hacía y me enseñó el profesor Lasso de la Vega, la portada del libro para hacer la foto, y seguí planchando los siguientes folios, y allí encontré una anotación, y me llamó un poco la atención, y seguí planchando folios, y encontré otra, y luego otra, y reconocí que sí, que era lo que pensaba, la letra de Quevedo; no podía dar crédito a lo que veían mis ojos, y saltaba de gozo; sí, era suya la letra y “suyas” eran las notas, semejantes a las que suele poner en los márgenes, y que yo había visto en otros libros; volví a la portada y allí estaba escrito “Del Convento de los Descalzos de Ntra. Sra. Del Carmen de Criptana”, tan cercano a su casa; pero dudaba, o, mejor, me parecía tan poco verosímil que un libro de Quevedo estuviese, y tanto tiempo, en mi biblioteca, que busqué la confirmación; me la ofreció una persona experta en la letra de Quevedo; era seguro que era su letra; lo que leía lo había escrito Quevedo. Y entonces, lo juzgué un regalo del propio don Francisco. Quizá -imaginaba yo- en ese lugar fuera del tiempo en el que él existe sabía que yo iba a dedicar buena parte de mi tiempo a buscar sus ediciones y a tratar de encontrar algunos de sus ejemplares, y a corregir sus citas; y él -seguía yo pensado- se sirvió de un común amigo (suyo y mío), el profesor Muñoz Cortés, para venir y esperar en mi casa el momento propicio para presentarme uno de sus ejemplares; o quizá fue él, desde mi propia biblioteca, quien me envió, hace ya bastantes años, a buscar ediciones y ejemplares que sirvieran para defender que él, salvo excepciones, citaba bien siempre, y que lo hacía acudiendo a las ediciones, es decir, que sus citas eran directas, y que su comercio con los clásicos se le había de reconocer. Sea como fuere, estas páginas solo quieren ser un testimonio sincero de inmensa gratitud a don Manuel y a don Francisco.

 

Obras citadas

 

[A. Álvarez], Primera parte de la sylva espiritual de varias consideraciones para entretenimiento del alma christiana, compuesta por el padre fray Antonio Alvarez (...) Y agora en esta quinta impression de nuevo corregida (…). En Valencia, en casa de Pedro Patricio, a costa de Balthasar Simon, mercader de libros, 1591.

 

F. Furio Ceriol, El Concejo i consejeros del Principe (…) que es el libro primero del quinto Tratado de la institucion del Principe, en Anvers, en casa de la Biuda de Martin Nucio, 1559.

 

[G. Hernández de Velasco] La Eneida de Virgilio, Principe de los Poetas latinos traduzida en octaua rima y verso castellano, ahora en esta ultima impression reformada (…). Hase añadido en esta octaua impression (…), las dos Eglogas de Virgilio, primera y quarta, el libro tredecimo de Mapheo Veggio (…). En Lisboa (...), impressa en casa de Vicente Alvarez, 1614.

 

 [Hieronymus] Libellus elegantissimus de vita Sancti Hilarionis eremitæ, cum argumentis ac scholiis Desiderii Erasmi Roterodami. Eiusdem epistolae aliquot breuiores lectu dignissimae, quarum argumenta suis locis videre licet, Parisiis, E. Cervicornus, 1524.

 

[Hieronymus] Diui Eusebii Hieronymi Stridonensis Opera omnia, quae extant, vnà cum pseudepigraphis et alienis, in nouem tomos digestae (...); accesit his in epistolarum tomus noua scholiorum, per Erasmum Roterodamum instauratio (...) cum indice nouo et copiosissimo, Parisiis, apud Claudium Cheuallonium, 1534[64].

 

[D. López] Las obras de Publio Virgilio Maron, traduzido en prossa castellana por Diego Lopez (...), con comento, y anotaciones, donde se declaran las historias, y fabulas, y el sentido de los versos dificultosos que tiene el poeta (...). En Madrid, por Iuan de la Cuesta, a costa de Miguel Martinez, 1614.

 

[C. de Mesa] La Eneida de Virgilio de Christoual de Mesa (…). En Madrid, por la viuda de Alonso Martin, a costa de Domingo Gonçalez, mercader de libros, 1615.

 

Orphei poetae vetustissimi Opera, iam primum ad verbum translata, et diligentius quam antea multis in locis emendata per Renatum Perdrierium Parisiensem (…), Basileae , apud Ioannem Oporinum,1555.

 

F. de Quevedo y Villegas, Obras completas, Estudio preliminar, edición y notas de Feliciano Buendía, t. I: Obras en prosa, Madrid, Aguilar 1958.

 

Silii Italici  clarissimi poetae Punicorum libri XVII alibi in Germania non temere aediti hactenus, cum argumentis Hermanni Buschii, et scholiis in margine adiectis, quae vice uberis commentarii esse possunt, Basileae, apud Thomas Volfium, 1522.

 

Q. A. Symmachi (...) Epistolarum ad diversos libri decem. Ex Bibliotheca Caenobii S. Benigni Divionensis magna parte in integrum restituti. Cura et studio Francisci IVRETI, cuius etiam Notae adiectae sunt (...). Parisiis Apud Nicolaum Chesneav, 1580.

 

P. Virgilii Maronis Bucolica et Georgica, argumentis, explicationibus et notis illustrata a Ioanne Ludovico de la Cerda, toletano e Societate Iesu, [Francofurti] e nobilis Francorum Vadi collegio Paltheniano,[1608].

 

P. Virgilii Maronis Priores sex libri Aeneidos, argumentis, explicationibus, notis illustrati auctore Ioanne Ludovico de la Cerda, Lugduni, sumptibus Horatii Cardon, 1612.

 

P. Virgilii Maronis Posteriores sex libri Aeneidos, argumentis, explicationibus, notis illustrati auctore Ioanne Ludovico de la Cerda, Lugduni, sumptibus Horatii Cardon, 1617.

 

   



[1] Por ejemplo, en la Biblioteca Nacional de Madrid los ejemplares 3/43890, de Símaco; R/23015, de Silio Itálico; o el 3/76875 de Orphica. Sobre las ediciones y ejemplares que pudo manejar Quevedo trato en Quevedo y sus ediciones de textos clásicos. Las citas grecolatinas y la Biblioteca clásica de Quevedo (en prensa).

[2] Al final volveré sobre esto.

[4] Se sabe que el Convento se construyó sobre una antigua ermita de Santiago; el Ayuntamiento la donó a los frailes en 1528; se mantuvieron allí hasta la desamortización de Mendizábal.

[5] No está su firma, pero suele haber ejemplares con su firma que no llevan anotaciones y, sin embargo, otros que, sin estar su nombre, tienen marcas evidentes de que los utilizó Quevedo; los hay también con firma y anotaciones; puede verse en el trabajo citado en n. 1.

[6] Lo hace en España defendida (cf. Quevedo, ed. de F. Buendía, 1958, p. 499). Quevedo dice que va a defender a Homero de las “imposturas maronianas de La Cerda”, refiriéndose, en concreto, a los elogios de este humanista que, como antes otros, juzgaba a Virgilio superior a Homero. Lo hacía de modo especial en la edición de Bucólicas y Geórgicas de 1608.

[7] Doy cuenta de los folios en que están las marcas o huellas de Quevedo, y añado de modo convencional la clase de marca que hay en ellos: x = subrayado; r = remisión; * = anotación; también incluimos el signo § que se sitúa a veces en el margen, y que hace reparar en lo que allí se dice. Son estos: Libro I: 5x; 13x; 15x; 32§; 36*; 39x*; 42x; 50r; 57§; 65xr; 68r; 70x; 72§; 74§; 80r; 81§; 99 [=100]§*; 108r; 125r; 129r. Libro II: 149r; 183r; 196r; 207r; 214r; 274x; Libro III: 276r; 280x; 282r; 303r; 316x*; 328r; 336x; 338x; 343§; 344x; 366r; 374x; 375x; 376x. Libro IV: 380x; 383x; 389x; 393x; 398xr; 405xr; 407x; 408x; 411x; 416x; 419x; 421r; 423x; 426x; 427r; 428xr; 429xr; 431*; 434x; 436x; 437x; 440x; 445x; 451xr; 457x; 458x; 467x; 468x; 470*; 472x§; 476x; 477§; 478x*; 480x; 481x; 482xr; 483xr; 486x*; 487x; 488x; 489x; 495x*; 497x; 499x; 500x; 501xr. Libro V: 503x; 507x; 508x; 509xr; 516x; 518r; 521xr; 524x*; 528r; 540 [=544]*; 541x*; 543*; 544x; 551x; 549x; 553*; 554x; 555x*; 560*; 563x; 571xr. Libro VI: 612r; 615x; 616x; 617x; 631x*; 638x; 639*; 540x; 544*; 541x*; 645*; 653x§; 656x; 663x; 670x; 671x; 673xr; 690x; 693x; 694x; 697x*; 698x*; 700x*; 703x; 710x; 711x; 714x*; 721x.

[8] Soy consciente de que atribuir a Quevedo todos estos subrayados puede resultar sorprendente; podrían pertenecer a otras personas; es posible, sí, pero lo que subraya y hasta la misma tinta permiten asignárselos. Me limito a subrayados que afectan al comentario de La Cerda, no incluyo los versos o parte de ellos que son subrayados.

[9] En los siguientes casos omito la “f.”

[10] No precisamente un subrayado, sino una tachadura, encontramos en el f. 472. En la explicatio a los vv. IV 534 ss. dice La Cerda: “Dicam in hoc initio de tota oratione, quae mire pathetica, haerens filo Iul. Caes. Scaligeri lib. 3, Poëticae, qui incomparabilis Poëtae mentem semper assecutus est vir ipse incomparabilis”. Tachado aparece vir ipse incomparabilis. Podría responder al hecho bien conocido de eliminación de los elogios atribuidos a los “herejes”, pero La Cerda lo había escrito, y más bien, a mi juicio, esta “supresión” es  ejemplo de la muy conocida animadversión de Quevedo hacia los humanistas europeos y, sobre todo, franceses. La animadversión, que se ve de modo patente ya en España defendida (cf. el capítulo cuarto, y de él la que está presente en p. 516 en la edición de Quevedo de F. Buendía), no desaparece nunca, lo cual no implica que no tuviese, leyese y utilizase las ediciones de estos humanistas. En el caso de los Escalígeros, el hijo, José Justo, fue el objeto más directo de las críticas quevedianas.

[11] Aplico este “neologismo” a Quevedo y he tratado de justificarlo en un trabajo en prensa que lleva por título “Don Francisco de Quevedo, filo-filólogo clásico”.

[12] Dos autores muy conocidos y citados por Quevedo; en el caso de la Vita Hilarionis de Jerónimo, a la que remite en el margen de la nota a Tum plausu fremituque de V 508, en que La Cerda aduce ejemplos Silio, Tertuliano y Ausonio, Quevedo añade el de Jerónimo. Esta vita estaba en el volumen primero de sus Opera omnia y había sido objeto de una edición de Erasmo, la cual Quevedo podía conocer.

[13] Al final aparecen reproducidas algunas de ellas. Doy las gracias a la profesora R. Guarino, autora de las fotografías.

[14] Ponemos en cursiva los términos en latín, aunque Quevedo no lo hace. Mantenemos, sin embargo, sus grafías.

[15] La numeración, por error, pasa de 490 a 495.

[16] La numeración aquí tampoco es correcta; este es el segundo 541.

[17] A esto se añade la corrección de una errata. En el f. 64 el verso presenta obtulitia, que lógicamente responde a una mala colocación de las letras en la caja; las letras de la palabra obuia se han separado y colocado al principio y fin de tulit. Quevedo las tacha (obutulitia) y super lineam escribe obuia, quedando como debe ser: tulit obuia.

[18] La Cerda defiende que la Eneida comenzaba con los versos Ille ego, qui quondam (…) horrentia Martis, por lo que en el libro primero la numeración de versos difiere de las ediciones que, omitiendo estos cuatro versos, comienzan con Arma virumque cano.

[19] Cf. f. 36. Se hace de nuevo mención de los respectivos folios en que se encuentran las anotaciones manuscritas.

[20] Cf. f. 39.

[21] Cf. f. 99.

[22] Cf. f. 316.

[23] Cf. f. 431.

[24] Cf. f. 470.

[25] Cf. f. 478.

[26] Cf. f. 486.     

[27] La numeración del ejemplar pasa, por error, de 490 a 495, pero no falta nada.

[28] Cf. f. 524.

[29] Cf. f. 544.

[30] Cf. f. 541, pero el número está mal; antes hay otro 541.

[31] Cf. f. 543.

[32] En las ediciones modernas, libro 4.

[33] Cf. f. 555.

[34] Cf. f. 560.

[35] Cf. f. 631.

[36] Cf. f. 639.

[37] En el verso anterior se lee subiectam referido a facem.

[38] Cf. f. 641.

[39] Cf. f. 645.

[40] Cf. f. 697.

[41] Cf. f. 698.

[42] Cf. f. 700.

[43] Cf. f. 714.

[44] También había subrayado disce obedientiam; esta virtud tan difícil debió llamar su atención. A partir de ahora se indica con asterisco que se trata de una anotación.

[45] BL 48. Hay quien duda de la paternidad quevediana de este soneto cuyos versos inspiraron otros de la sátira octava de Juvenal; el “hierro acicalado” de esta nota marginal la avala.

[46] Cito por la edición de 1614. Me refiero a ella con HV. Como en las siguientes, la página a la que se remite se indica a continuación.

[47] “En Santa Gadea de Burgos,/ do juran los  hijosdalgos/ (...)/ todos llevan lanza en puño/ con el hierro acicalado,/ al Cid van acompañando”.

[48] Así en Fadrique Furio Ceriol, en su tratado El Concejo y Consejeros del Príncipe, en el epigrama que antecede a la obra y que el autor pone en boca de “El Libro”. También lo encontramos en más lugares (en El León de España. primera y segunda parte (1586,), de Pedro de la Vezilla Castellano, que se cita en el Quijote; en El Pelayo (1605) de Pinciano (lib. 3º), o en Los amantes de Teruel (1616) de Juan Yague de Salas.

[49] Cito por la edición de 1615. Me refiero a ella con CM.

[50] Cito por la edición de 1614. Me refiero a ella con DL.

[51] No en CM (cf. 6v), ni en DL (cf. 106).

[52] CM 122r: “y con la izquierda y diestra mano”; DL (156) “entrambas manos”.

[53] HV 9v: “los instrumentos necesarios/ para hacerlo luego pasan de masa”; DL (106): los instrumentos con que se hace el pan”. CM (7r): “recaudo necesario con que a pan lo reducen”.

[54] CM 155: “entre pláticas tales”, y en DL 171; “entre esta plática”.

[55] En todas las traducciones se lee “camino” (cf. HV 151v; CM 116r; DL 154).

[56] HV 152v: “real sitial”; CM 116v: “real trono”; DL (cf. 154) no leyó consessu; debió de leer consensu; traduce “gran compañía”. La expresión “sitial aderezado” se lee en Silva espiritual de A. Álvarez (p. 32 de la edición de 1591).

[57] HV 186v y CM 141r traducen “seno”; DL 165, “turbia corriente”.

[58] “Rebalso” (Quevedo lo escribe con “v”) estaba, según el CORDE, antes de 1613 en José Bautista de la Concepción en su obra Recogimiento interior; tiene cierta presencia en América, y, en el s. XX, Azorín lo utiliza en su novela Félix Vargas. He comprobado que en el s. XVIII sí se utiliza algo más. “Rebalse” o “rebalso”, de “rebalsar”, derivado de “balsa”, se entiende como “lago”, estancamiento de aguas que corren.

[59] HV 136v: “Buela (sic) la fama al punto a todas partes/ por la ciudad confusa y turbulenta”; CM 104r: “por la ciudad turbada va la fama” etc.; DL 149: “anda la Fama por toda la ciudad perturbada”.

[60] Como, por ejemplo, una de 1575, cuyo ejemplar R-40362 de la Biblioteca Nacional estuvo, casi con total seguridad, en sus manos.

[61] También los subrayados y remisiones, algunos de los cuales hemos mencionado.

[62] Sería quizá muy oportuno ocuparse, en profundidad, de esta parcela, es decir, de hacer un estudio comparativo que permita conocer qué traducciones pudo utilizar y cómo lo hizo en sus versiones de los autores griegos y latinos.

[63] M. von Albrecht, Virgilio. Bucólicas, Geórgicas. Eneida. Una introducción. Traducción del alemán por A. Mauriz Martínez, Universidad de Murcia, 2012 (En su portada lleva la parte superior del grabado de la edición de J. L. de La Cerda).

[64] Quevedo pudo utilizar la edición de Marianus Victorius Episcopus Reatinus; en la de Roma, in aedibus Populi Romani, 1570-1576, la vita Hilarionis está en el vol. primero, pp. 155-159.