REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS


LA TRADUCIBILIDAD DEL REFRANERO ENTRE EL ÁRABE Y EL ESPAÑOL

Mohamed El-Madkouri Maataoui

(Universidad Autónoma de Madrid)

 

 

Abstract

The objective of this Paper, without any pretence to being an exhaustive study, is to analyse a number of Arabic proverbs from a linguistic-cognitive perspective, with a view to assessing their suitability and capacity for translation into some of the Romance languages, such as Spanish. The collection of proverbs has been selected as a source for the data analysed for its special and specific nature. There can be no doubt that a collection of proverbs in any language represents the most sublime linguistic expression of a people’s idiosyncratic character and system of values, as well as the thousand-year old depository of a determined collectivity. In this sense, sayings and proverbs constitute a veritable treasure trove not only for the linguist but also for those specialists using the language in order to analyse and describe such features as are inherent in a specific culture. The collection of proverbs may equally serve as a corpus to analyse, describe and compare the degree of similarity and difference between various cultures. The verbal aspect, prime source of every type of phraseology, links the proverb to the popular language and to spontaneity. Since the proverbs have a collective authorship, they clearly belong to the collective community which has spawned it. This is so inasmuch as the individual listener comprehends the proverb even though it may not have been uttered in its entirety. The subject of a proverb (or a saying) is the culture which has seen it come into being. Thus – and particularly if it is in frequent use – it mirrors the conceptual world of this community. A phrase such as a la chita callando (“furtively, on the sly”) would be incomprehensible without some knowledge of Spanish history, culture and fauna. Therefore the question of how proverbs are invented and received can be tackled from a variety of perspectives.

 

Resumen

La presente investigación tiene como objetivo, sin ninguna pretensión de exhaustividad, analizar algunos refranes árabes desde la perspectiva lingüístico-cognitiva y traductológica para comprobar su traducibilidad a algunas de las lenguas románicas como el español, por ejemplo. Se ha elegido el refranero como fuente de los datos analizados por su especialidad y especificidad. Pues, el refranero es, sin lugar a dudas, el exponente más excelso para reflejar la idiosincrasia y el sistema de valores de un pueblo. El refranero es el depositario de la experiencia milenaria de una colectividad determinada. En este sentido, los dichos, proverbios y refranes constituyen un tesoro no sólo para el lingüista, sino para todos los especialistas que usan la vía del lenguaje para analizar y describir los rasgos inherentes a una cultura determinada. El refranero puede servir igualmente de corpus para analizar, describir y comparar el grado de similitud y diferencia entre culturas distintas. La oralidad, origen prioritario de todo tipo de fraseologías, relaciona el refrán con el lenguaje popular y con la espontaneidad, pues la autoría del refranero es colectiva, pertenece a toda la colectividad que le ha dado lugar. Tanto es así que su recepción es asumida por el oyente particular aunque no se enuncie el refrán en su totalidad. El sujeto del refrán o proverbio es la cultura que lo ha visto nacer. Al ser así, y especialmente si es de uso frecuente, refleja el mundo conceptual de dicha comunidad. A la chita callando sería incompresible sin tener en cuenta la historia, la cultura, la fauna y la cultura españolas. Por eso tanto la creación como la recepción de los refranes y proverbios es abordable desde numerosas perspectivas entretejidas cognitivamente.

 

Palabras clave: Traducibilidad, refranero, interculturalidad, cognición, comunicación intercultural.

   


 

Los refranes, con todos sus alcances, descansan sobre el sistema de valores que sostiene los ideales de una comunidad determinada. Los refranes señalan lo que dicha comunidad estima como positivo o rechaza como negativo. Así, el refranero refleja un sistema de valores culturalmente marcados y conlleva una dimensión didáctica e instructiva para las generaciones venideras. No obstante, en él encontramos, además de estos aspectos universalmente reconocibles, referencias a la indumentaria, a la alimentación, a la fiesta y a las distintas celebraciones, incluido el luto.

La historia repercute sobre la creación y transmisión de numerosos refranes. En muchos de ellos los hechos históricos son básicos. Pues muchos eventos y circunstancias históricas han dado lugar a no pocos refranes. Por ello, en este caso concreto, la recreación contextual de dichas circunstancias es imprescindible para la comprensión de la razón de ser de dichos refranes. En el caso del refranero luso y español la dimensión histórica es fundamental para:

1.   La recepción y comprensión de muchos refranes en sus alcances tanto semánticos como pragmáticos.

2.   La comprensión de su razón de ser. Todo ello se debe a que el refrán o proverbio es eminentemente oral, como lo es el chiste u otras manifestaciones lingüísticas, de autoría colectiva y anónima. La aprehensión del refrán, aunque pueda ser universal, es subjetiva y particular, por eso se hace imprescindible la dimensión histórica para su conceptualización y traducción. Los refranes se han creado en un ambiente cognitivo específico y son aplicados en su uso en situaciones concretas relacionadas con el sujeto hablante o con su auditorio.

(...) de una manera peculiar, consecuencia precisamente de la oralidad, del modo específico de concebir y realizar la lengua hablada (no leída, no recitada, ni escrita), todas estas expresiones se adaptan (formal y semánticamente) con naturalidad a las necesidades subjetivas del hablante y contextuales de la conversación. (Vigara Tauste, 1998: 126)

Esta dimensión oral y subjetiva obliga a veces a la reconstrucción del contexto histórico del nacimiento del refrán o proverbio, pero es especialmente necesaria la reconstrucción del contexto histórico de su uso para poderlo interpretar en sus justos alcances pragmáticos, como por ejemplo:

Un refrán comoإن لله جنودا منها العسل . De entre los soldados de Dios, la miel, es incomprensible sin la reconstrucción de su contexto de emisión. Se trata de un invencible bandolero de nombre Al Ashtar, el listo, que sólo pudo ser vencido envenenado con la miel. Este refrán es sólo efectivo si se sustituye con el dicho más vale maña que fuerza. La perspectiva histórica es muy explícita en este ejemplo:

جازاه جزاء سنمّار Se lo pagó como pagaron a Sennamar. Éste era un famoso albañil persa llamado a construir un palacio de los nunca vistos para un rey preislámico, aliado de Persia, que gobernaba las tribus árabes. Al acabar el albañil su maravilla arquitectónica, el rey, en vez de compensarle, acabó con él para que no pudiera construir otro parecido.

3.   La perspectiva geográfica y espacial.  Además del tiempo ya mencionado, la dimensión espacial es, a veces, determinante para la creación de los refranes. El espacio, en este caso, no sólo permite crear refranes específicos, sino que se refleja en ellos mediante tres dimensiones.

a.     La geográfica natural y geológica: los nombres de los ríos, los accidentes geográficos tales como los montes, las planicies y desiertos aparecen reflejados en los refranes. En este aspecto, si exceptuamos la mención de algunos topónimos, las denominaciones geográficas no suponen grandes problemas a la hora de traducirlas. Pues, si se comparan con el mundo animal, carecen, a excepción de Meca o Uhud, de la simbología que se asocia con los animales. Aparecen palabras como río, monte, pozo, tierra, arcilla,… Un ejemplo de ello es el siguiente:

 ألقاه في اليم وقال له إياك، إياك أن تبتل بالماءLo tiró al río y le dijo, cuidado, cuidado con mojarte con el agua. Este refrán es aplicable a las situaciones en las cuales nuestras acciones tienen una serie de consecuencias inevitables.

b.     La fauna: la presencia de los animales es constante en los refranes mediante el recurso a símiles y metáforas, implícitas en ocasiones, y explícitas en otras. En la cultura árabe el animal es un buen ejemplificante y ha sido protagonista de numerosas obras clásicas árabes anteriores al siglo X, como El animal de Al Yahid, Vida animal de Damir o la obra muy conocida en Occidente, Calila y Dimna de Ibn Al Muqaffaa, traducida en la corte de Alfonso X el Sabio, y que probablemente conociera La Fontaine antes de escribir sus Fábulas. Sin olvidar que existe una azora en el Corán con el nombre precisamente de Al an`am, los animales, en la cual, entre otras representaciones, se hace una comparación entre la organización animal y la organización humana. De hecho, el animal (caballo, camello, león, elefante, mono, hiena, lobo, zorro, perro, gacela, carnero, oveja, cabra, toro, jirafa, burro,  serpiente, cocodrilo, tortuga, erizo, alacrán, hormiga, gusano de seda, araña, mosquito, abeja, mariposa, liebre, gallo, gallinas, pescado, águila, búho, cuervo, pavo, avestruz, ratón, pato…) aparece en la construcción del refrán árabe. Sin embargo, al animal se le menciona no por sí mismo, sino por las características y valores que el árabe le atribuye. Es decir que cuando aparece un determinado animal el lector no piensa en él rectu sensu, sino en lo que para la comunidad de hablantes representa. Estos animales aparecen catalogados por su fuerza, su memoria, astucia, dignidad o indignidad, rareza,…

El animal aparece observado, siendo más frecuentes los animales domésticos y los que forman parte del ámbito vital cercano al hombre, así como aquellos con ciertos valores sobresalientes y ejemplarizantes; siendo menos frecuentes los que se consideran débiles, perezosos y menos inteligentes. Cuando se menciona a estos últimos, aparecen como complementos de la acción y no como sujetos de la misma. De ahí el valor cognitivo de estas representaciones. De los animales, el más valorado por su nobleza e inteligencia es el caballo, contrariamente al tópico común occidental que relaciona al árabe con el camello, De hecho, un caballo valía diez camellos en los primeros tiempos del Islam. En los refranes el caballo representa la belleza, la velocidad, la fidelidad (por encima de lo que simboliza el perro en la cultura occidental), la fuerza, la inteligencia, la perspicacia, la dignidad.

أجرى من فرس. Más veloz que una yegua.

أبصر من فرس. Con más vista que una yegua. Dícese del que tiene una vista aguda.

ليس الفرس بجله و برقعه . La yegua no lo es por su ensillaje y ropaje.  Es como decir que el hábito no hace el monje.

لكل جواد كبوة . Para cada caballo un tropiezo. Es decir, hasta los caballos se tropiezan. Todo el mundo puede equivocarse.

El león es el símbolo de la valentía, del mando, respeto y dominio. Es el rey del bosque. Estos valores o los tiene el hombre o los debe tener. Los tiene en refranes como هذا الشبل من ذاك الأسد. Este cachorro es de aquél león. Eso es: de tal palo tal astilla, pero sólo con valor positivo. Los debe tener en:الكلب الراكض خير من الأسد الرابض . El perro corredor es mejor que el león dormidor.

El pato es el símbolo de la destreza innata y la eficiencia adquirida por genética:

إبن الإوز عوام. El hijo de pato es nadador. De tal palo tal astilla, cuando la acción valorada o comentada es positiva.

El mono es el símbolo de la inquietud, la debilidad, la indignidad… De hecho, existe una inversión entre la representación del mono entre las culturas española y árabe. El niño mono en español es guapo. El niño mono en árabe es feo. De hecho:

القرد في عين أمه غزال.  El mono a ojos de su madre es una gacela.

El lobo es el símbolo de la agresión injusta, el salvajismo, la traición, el hambre y la valentía irresponsable. Comparte con la serpiente la traición y la desconfianza.

أغدر من ذئب. Más traicionero que un lobo.

من استرعى الذئب فقد ظلم. Quien recomienda al lobo como pastor, injusto es.

لا تلد الحية إلا الحية. La serpiente no pare más que serpiente. De tal palo tal astilla, en lo negativo.

La gacela es el símbolo de la belleza, la velocidad, el cariño y el sueño. Existen en este sentido varios fraseologismos como: Más dormilón que una gacela. Más veloz que una gacela.

الثروة تأتي كالسلحفاة وتذهب كالغزال. La fortuna llega como una tortuga y se marcha como una gacela.

Un ejemplo es el siguiente: أقوله تيس، يقول لي احلبه, Le digo que es un cabrón, me dice que lo ordeñe. Se dice este refrán cuando la naturaleza de la petición no se corresponde a la situación. El problema de la traducción de este refrán consiste en que podría ser de difícil comprensión para un receptor desconocedor de los animales y de las granjas. Los cabrones no se ordeñan sino las cabras. Otra dificultad consiste en que en árabe cabrón no tiene los mismos significados que en español. De hecho, el “macho de la cabra” se sitúa como sexta acepción de dicha palabra, siendo el primer significado: persona o animal “que hace malas pasadas o resulta molesto” (DRAE). La presencia del camello, muy exótico tanto en español como en portugués, es notoria en muchos refranes.

·      لا ناقة لي فيه ولا جمل, en ello no tengo ni camella ni camello, para decir que un asunto no le incumbe a uno, o “no se le ha perdido nada” en ello.

·      استنوق الجمل, se ha convertido el camello en camella. Es un refrán que se usa para ejemplificar al fuerte indigno.

·      أخلف من بول الجمل, más contrario que la meada de un camello. Es conocido por la criadores de camellos que su miembro viril se dirige hacia delante en el apareamiento y hacia atrás cuando orina. Este refrán es aplicable a la persona que siempre lleva la contraria a los demás.

c.     La flora. La vegetación es igual de importante también en los refranes y su presencia en ellos es constante en los mismos términos y con las mismas características y representaciones que la fauna. Uno de sus ejemplos es el siguiente: الزين فالدفلة ولكن حار, Hay hermosura en la adelfa, pero es amarga. Es decir, que la hermosura de esta planta venenosa es extraordinaria.  Con lo cual uno no debe dejarse atraer por la apariencia física (especialmente entre personas), sino que debe fijarse en su moral y actitudes.

البصل طال طوله مرده لأصوله. La cebolla se alargue lo que se alargue volverá a su origen. La cebolla cuando es verde tiene un tronco que puede alcanzar una altura de más de un metro con las ramas, pero cuando crece se seca y vuelve a su origen, debajo de la tierra.

Todas estas manifestaciones, marcadas desde el punto de vista cognitivo, repercuten en las estrategias y resultados de la operación traductora. El objetivo de la presente es describir el grado de implicación de estas manifestaciones en la traducción del refranero árabe a una lengua indoeuropea, como es el caso del español o del portugués.

Traducibilidad del refrán

En la traducibilidad del refrán confluyen varios factores que la condicionan:

1.    El aspecto lingüístico:

El refrán descarta por lo general su lectura denotativa. Como fraseologismo que es, las palabras que lo conforman sólo pueden concebirse como evocadoras de una significación ajena a su significado literal. Esta exteriorización de la evocación y de la alusión significativa es lo que ha motivado al filósofo español, Ortega y Gasset, a valorar negativamente el uso del fraseologismo como transmisor del pensamiento:

El pensamiento tiene la misión de reflejar el ser de las cosas (...) Supóngase, en cambio, que un hombre use el pensamiento, no para reflejar las cosas, sino para construirlas imaginariamente, añadiéndoles los trozos que acaso les faltan (...) Más falsedad, falsificación (...) A eso llamo pensar en frase o en fraseología. (Ortega y Gasset, 1966: 482)

Ortega y Gasset, en este juicio, aboga por la denotación de la realidad descrita lingüísticamente y no por su reconstrucción o representación imaginaria como hacen los fraseologismos y la metáfora, por ejemplo. Con ello condena, entre otros aspectos pragmáticos, la utilidad y la eficacia del refrán o proverbio para describir y reflejar el pensamiento. Pues el fraseologismo, lo son el refrán y el proverbio, no se presta a la lectura estrictamente controlable mediante la semántica que asigna significados a los significantes, sino que rebasa en este sentido su aspecto lingüístico, para ir al encuentro de sus asociaciones y evocaciones. Es evidente, pues, que al no operar estrictamente mediante significantes/significados, sino que incorpora la significación que emana de su inherente simbolismo, el refrán particulariza donde la lengua formal universaliza. Este aspecto particularizante es quizá lo que ha motivado a Ortega y Gasset a condenar el fraseologismo. Éste encarcela, en cierto sentido, un pensamiento que el autor mencionado entiende como universal. Para superar esta negación que a todos los efectos no resuelve los problemas de la traducción, vemos aplicable lo que Zuluaga (1999:539) sugiere para el análisis de las construcciones fraseológicas: “En el análisis del vocabulario, el traductor tiene que examinar no sólo las palabras simples sino también -lo que es más importante desde el punto de vista cognoscitivo- las unidades compuestas y las construcciones prefabricadas.”

Este examen es ante todo lingüístico, pero también extralingüístico por cuanto aparece vinculado a una experiencia de vida dentro de una comunidad de habla concreta.

a.    Léxico

El léxico que configura la construcción de los refranes relata la experiencia vital de la comunidad que ha dado lugar al refrán o dicho. La actividad (mercantil, agrícola, industrial, tecnológica) es también un factor cognitivo a tener en cuenta en el análisis de la construcción de los dichos. Veamos por ejemplo el siguiente refrán: إن مما تنبت الأرض ما يقتل حبطا او يلم  De lo que crece en primavera hay lo que harta o mata. Es decir que de lo bueno puede salir lo malo, y que es necesario hacer las cosas con moderación. El léxico de este ejemplo pertenece a la naturaleza, el pasto y la ganadería, pues no todas las frondosas y bien parecidas hierbas primaverales son nutritivas, sino que pueden resultar tóxicas. Este refrán se presenta como una inversión del dicho español: Lo que no mata, engorda. Pues si este incita a aventurarse con los alimentos de dudosa salubridad, el refrán árabe aconseja no fiarse demasiado de la apariencia y en todo caso hacer las cosas con moderación.

El refranero, al basarse en la experiencia inmediata de la comunidad que le ha dado lugar, se ve impregnado, como en casos anteriores, de lo inmediatamente circundante y natural. Es frecuente la presencia universal de los animales en el Refranero. Sin embargo, los nombres que se le dan son, en la mayoría de los casos, resultado de la representación y percepción que la comunidad hablante tiene del ave o del animal. Es decir, que los nombres no son descriptivos sino asociativos y simbólicos. El nombre del ave o del animal evoca ciertas asociaciones y simbolismos cognitivos. Algunos de ellos son universales y universalizables. El león es el rey de la selva. El tigre es una fiera feroz. El zorro es listo. El águila es un ave de alturas, de fuerza y de señoría, etc. Sin embargo, otros pájaros, aunque comunes en la cuenca del Mediterráneo, no tienen el mismo simbolismo. El búho que en España trae buena suerte y hasta se cuelgan sus figuritas del cuello como amuletos, en el sur del Mediterráneo es el ave de la mala suerte por excelencia. Algunos pajaritos, aunque conocidos por sus nombres científicos, no tienen la misma simbología. He aquí alguno:.إن البغات يستنسر بأرضنا  El pajarito, al Bugat, en nuestra tierra se hace el águila. Esto es: entre nosotros el débil se envalentona, se hace el fuerte. Este refrán tiene al menos dos usos. Es aplicable tanto al débil crecidito como al que “permitimos los débiles se nos suban encima”. El nombre del pajarito Bugat en este refrán es más simbólico que descriptivo, del mismo modo que el nombre del águila. Para receptores en lengua española o portuguesa, el simbolismo del águila es parecido al de los áraboparlantes, pero no lo es tanto el nombre del pajarito endeble con el cual se compara simbólicamente. Una posible solución para solventar los problemas de su traducción sería buscar el nombre de algún pajarito endeble, asustadizo y miedoso tanto en lengua española como en lengua portuguesa.

Sin embargo, aunque algunos nombres son particulares y dificultan la traducción, la experiencia denotada por ellos puede universalizarse. Pues la experiencia humana implícita en ellos puede, en la mayoría de los casos, aplicarse al ser humano, independientemente de su cultura. Algunos, en este sentido, solo precisan una versión lingüística de sus palabras como el siguiente:

اللي ما يعرف للصقر يشويه el que no conoce el águila, la asa. El águila es un ave rapaz muy apreciada en la cultura árabe porque sirve precisamente para cazar. El que lo ignora coge al útil instrumento de caza y lo sacrifica. Este ejemplo se da para quien no sabe valorar sus circunstancias.

                                                   i.    Juegos de palabras.

El juego de palabras en los proverbios, refranes y dichos es común y parece ser universal. La homonimia y la polisemia se presentan como recursos en la construcción de los refranes. El siguiente refrán de experiencia y observación universales es muy poético en árabe al combinar el procedimiento de la homofonía con la metáfora poética: حيث يهوى القلب تهوي به الرجل , el pie se precipita hacia donde el corazón venera. Esto es: adonde va el corazón, va el pié. La construcción lingüística de este refrán árabe usa el verbo Hawa, polisémico: amar, venerar, adorar, gustar (con lo cual los pueden leer personas de distintas edades y preocupaciones y cada uno interpretará Hawa según sus circunstancias pragmáticas. Sin embargo, Hawa es también precipitarse, caer…

El mismo fenómeno se observa en el siguiente ejemplo, donde se establece una homonimia en Dhahab, oro, y Dhahab, se marchó: نحن نحب الماضي لإنه ذهب ولو عاد لكرهناه. Adoramos el pasado porque Dhahab (se marchó/es oro), pero si hubiese vuelto lo hubiésemos aborrecido. Existen sin embargo unas construcciones metafóricas en árabe sobre homónimos que a veces dificultan su comprensión y se traducen en un sentido ajeno a su original, como en este ejemplo:

العصا من العصية. Asa es de Asiya. Asa y Asiya son nombres propios de yeguas. Sin embargo, Asa es también palo y Asiya, desobediencia. Lo que normalmente hay que entender como de Tal palo, tal astilla, se convierte en ciertas lecturas en El palo para la desobediencia.

Este juego de palabras es irreproducible tanto en español como en portugués o en inglés. En este caso se comprueba la afirmación de que:

Uno de los escollos que continuamente tiene que salvar el traductor, lo constituye la traducción de las unidades fraseológicas, como los modismos, refranes, etc., pues poseen una estructura peculiar que los convierte en singulares; problema que se agrava por el reducido número de diccionarios bilingües y multilingües de fácil acceso dedicados a esta parcela lingüística. (Muñoz Sevilla, 1997: 431)

Sin embargo, la cuestión aquí no es solamente una cuestión de diccionarios y de apreciaciones exclusivamente lingüísticas, sino también de fundamentos constructivos, cognitivos y del alcance significativo del uso de los recursos paremiológicos.

Observamos, pues, que aunque la experiencia humana es universal, su modo de expresión es particular.

                                                  ii.    Sintácticos

La sintaxis de los refranes y proverbios no siempre concuerda con la gramática ad hoc de la lengua que le sirve de base. Cuando no se presentan en su totalidad como modismos o idiotismos, contienen a éstos en su estructuración. Pues el idiotismo como lo define el Drae es toda construcción que pertenece a una lengua determinada y no posee correspondiente sintáctico en otra lengua, como por si las moscas en español o How do you do en inglés. En el siguiente refrán árabe observamos que la estructura sintáctica roza la agramaticalidad por no ser el orden de palabras muy usual. الغايب عذره معه/The absent party is not faulty/Al ausente, sus razones. Estos aspectos sintácticos podemos rastrearlos en la diglosia actual de las sociedades árabes. Sin embargo,  la agramaticalidad no sólo es sintáctica, sino también textual. Pues como se ha anunciado en la introducción de este trabajo, la autoría del refrán y del proverbio es colectiva y al presentar esta característica, su conocimiento es también colectivo. Por eso, en numerosas ocasiones se enuncia solo parte del mismo, omitiendo la otra parte que se supone ya conocida. Esta media enunciación del refrán o del proverbio plantea una dificultad específica para el intérprete. Esto se debe a la predictibilidad de las construcciones proverbiales, como bien explica Zuluaga desde la teoría de la comunicación en su investigación citada en este trabajo. El refrán ضربني وبكى وسبقني واشتكى /Me pegó y lloró; se adelantó y se quejó, se abrevia en más de una ocasión en:

ضربني وبكى: Me pegó y lloró.

سبقني واشتكى: Se adelantó y se quejó.

Cualquier miembro de la comunidad de origen tiene archivada la totalidad del refrán en su mente. Este conocimiento colectivo atesorado le permite completar el refrán independientemente del segmento pronunciado. Esta segmentación puede suponer un problema para el traductor. Si es conocedor de la lengua, pero no de la cultura se limitará a traducir el segmento en cuestión sin tener en cuenta la perspectiva general del refrán. Si lo conoce tendrá igualmente cierta dificultad si se limita a la traducción exclusiva de las palabras porque la parte omitida del refrán no aparece en el discurso.

                                                iii.    Paralelismos incalcables

El refrán, lo mismo que el proverbio, aunque en su parte universalizable refleja una experiencia humana, hace referencia en parte particularizante e ideosincrática a una experiencia sin paralelo en la lengua de destino. Apoyamos en este sentido la afirmación de Plamer, que vemos aplicable al caso objeto de nuestro estudio:

Este mundo imaginado representa a veces de muy cerca lo que aprehendemos a partir de la experiencia cotidiana directa, pero no siempre es tan de fiar: en muchas ocasiones nos ofrece realidades alternativas y mundos de fantasía basados en la mitología, o las series de televisión, o las teorías no demostradas. (Palmer, 2002: 23)

El refrán refleja efectivamente una experiencia cotidiana no necesariamente común ni compartida por otra comunidad de hablantes, pero también hace referencia a un mundo de representaciones de lo que dicha comunidad valora positiva o negativamente desde su sistema de valores. De igual modo, dicha comunidad establece a veces una amalgama, como lo refleja la cita anterior, entre la realidad y el deseo, y entre distintas fuentes que conforman y moldean su saber, como podría ser la literatura escrita o los medios de comunicación, por ejemplo.

Esta universalidad de la experiencia humana y de la moraleja viene expresada de distintos modos. El refrán árabe ما كل بيضاء شحمه, no todo lo blanco es grasa. Es decir que no todo lo que se ve blanco en una barbacoa es grasa de carne. Esta misma experiencia la tenemos en el refrán español: no todo lo que reluce es oro. Es decir que las apariencias engañan.

2.    El aspecto extralingüístico:

En la emisión y recepción de los refranes imperan más los aspectos pragmáticos que los semánticos. El locutor, al emitir un refrán o proverbio en una situación comunicativa, engloba en su apreciación toda la situación de la interacción verbal, y además pretende unos efectos no contenidos estrictamente en la suma de los significados unitarios del segmento proferido. Ahora bien, las “reglas” sociales y culturales que controlan el uso y recepción de dichas producciones lingüísticas no siempre son simétricas de una lengua a otra y de una cultura a otra. En este caso el uso del refrán y del proverbio funciona, en cierto sentido, como la metáfora. A este respecto Hatim y Mason opinan que:

Cuando un intérprete media entre dos interlocutores de distintas lenguas, se ve ante dos tipos de problemas: por un lado, las estrategias de cortesía tienden a variar de una lengua a otra; por otro, siempre se corre el riesgo de que el esfuerzo por transmitir el significado preposicional pueda llegar a eclipsar todos los sutiles indicadores del modo en que se está produciendo la interacción, así como las estrategias interactivas del estilo de la evasiva o de determinados cambios de tono, con lo cual el intercambio puede, por ejemplo, resultar más brusco de lo pretendido. (Hatim y Mason, 1995: 298)

Es evidente que tanto en la transmisión de la cortesía como de los refranes el dominio estrictamente formal de las dos lenguas en contacto es sólo parte de lo que el intérprete o traductor tiene que saber. El dominio de las construcciones de uso de las producciones lingüísticas y de sus implicaciones es fundamental para establecer puentes comunicativos entre hablantes de lenguas distintas. A este respecto, y especialmente en el caso del uso de los refranes y proverbios, el poder evocador de los mismos es evidente.

a.    Aspectos idiosincrásicos

Junto con los refranes y proverbios se ha considerado a los fraseologismos como manifestaciones lingüísticas propias y particulares, por eso cuesta trasvasarlos de una lengua a otra. Sirva de ejemplo esta afirmación de Corpas Pastor (2000: 483) sobre los mismos: “Tradicionalmente, la fraseología se ha considerado como lo más idiosincrásico de una comunidad dada y, por tanto, de difícil o imposible traducción a otras comunidades lingüístico-culturales”.En efecto la particularidad de estas manifestaciones lingüísticas, como bien lo ha visto esta investigadora, consiste en una combinación híbrida entre lo lingüístico y lo extralingüístico (cultural). Algo que hace sumamente difícil traducir algunos refranes particularizantes. Distintos hábitos culturales poco comunes en la lengua de llegada. Como, بغا يكحلها عماها  Quiso [él] maquillarle los ojos con alcohol (polvo de antimonio), y la dejó ciega. La dificultad de la receptividad de este refrán es que el que pone el alcohol a la mujer se supone que es su pareja. Este ejemplo de  buenas intenciones para las cuales uno no está preparado puede desembocar en desastre. Existen refranes que invierten el orden cognitivo común en español. Numerosos dichos en esta lengua hablan del contraste entre la apariencia y la realidad de las cosas. Se presenta a la apariencia como positiva y a la realidad como negativa. En árabe se dan los mismos contrastes entre la apariencia y el ser (realidad), pero la primera no es necesariamente la positiva:

كفأرة المسك يؤخذ جرمها وينبذ حشوها Como el ratón almizclero, se cogen sus entrañas y se desechan sus comportamientos. Este refrán se dice cuando existen desajustes entre la utilidad de la personas y sus comportamientos, especialmente en los ámbitos de trabajo.

b.    Reacción y emoción ante realidades distintas

En ocasiones no sólo se hace extremadamente difícil la traducción del refrán o del proverbio, sino que la propia legitimidad de su uso es cuestionable desde la lengua meta. En este sentido, vemos acertada la opinión de Corpas Pastor al verificarla en el caso de la traducibilidad entre el árabe y el español:

La convivencia social ha obligado al establecimiento de unas normas que regulan las relaciones entre los hombres. Dichas normas tienen una manifestación lingüística en una serie de fórmulas de las que el hablante puede echar mano en cada situación, aun estando a menudo llenas de insinceridad. (Corpas Pastor, 1996: 61)

El refrán, lo mismo que el proverbio, puede, pues, entenderse como un mensaje, una moraleja instructiva y evocativa dirigida del Yo a mismo y en la cual el Otro –a no ser que el dicho por su propia naturaleza sea universalizable- tiene poca cabida. Este hecho es explicable por la propia naturaleza de la convivencia social, que no solo está controlada por convenciones poco explícitas [no escritas], sino que obligan a cierta iconicidad tanto espacial como temporal. Este aspecto lo observamos en todos los refranes que instrumentalizan eventos históricos propios o locales.

De todo ello podemos resaltar una serie de conclusiones:

1.- Los refranes, aunque muchos de ellos son específicos, traducen una experiencia humana trasladable de cultura a cultura. El refranero prueba la existencia de un posible sistema de valores universal. Tanto en la cultura fuente como en la de destino son valores positivos: la lealtad, la valentía, la eficiencia, la transmisión de las buenas acciones de padres a hijos… Son negativos la traición, la hipocresía, la cobardía, la pereza,…

2.- Tanto en árabe como en español muchos refranes tienen una base histórica y se han construido sobre hechos históricos propios. La traducción de muchos de ellos resulta dificultosa por cuanto remiten a realidades no compartidas por las dos comunidades de habla.

3.- La fauna tiene una presencia muy significativa tanto en el refranero español como en el árabe. Sin embargo, no todos los animales presentes en el refranero árabe aparecen en el español: gacela, erizo,…

4.- Muchos animales no tienen la misma representación entre las dos culturas. Cuando se menciona un animal, no se alude a lo que es, sino a lo que representa para una comunidad de hablantes determinada. Esta representación no siempre es simétrica ni parecida entre ambos sistemas lingüísticos. El búho que representa la buena suerte en español, es símbolo de la mala en árabe. De hecho existe el fraseologismo árabe: más malhadado que un búho. El mono que es calificativo  cuando es atribuible a un niño simboliza la belleza, pero es el signo de la fealdad y estupidez en árabe.

5.- La construcción lingüística de los refranes puede resultar específica si emplea juegos de palabras, homónimos,… Este tipo de construcciones dificulta aún más su traducción del árabe al español.

6.- Son igualmente complicados de traducir los refranes con presencia de animales cuyas simbologías son distintas entre ambas lenguas, o incluso existentes en una y ausentes en otra.

7.- A veces el punto de vista de contemplar una realidad puede ser distinto entre el español y el árabe. Si bien existen muchos refranes, tanto en una lengua como en otra, que denotan que la apariencia [buena] puede esconder una realidad distinta [mala]. Sin embargo, existen en árabe apariencias malas [ratones] que esconden una realidad distinta, pero buen [almizcle].

 

 

Bibliografía

Corpas Pastor, Gloria (1996b), Manual de fraseología española, Madrid: Gredos.

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Ortega y Gasset, José, (1966), fraseología y sinceridad, Obras Completas, Tomo II, Madrid: Alianza ed.

Vigara Tauste, A. M. (1998), “Aspectos pragmático-discursivos del uso de expresiones fosilizadas en el español hablado”, en Estudios de fraseología y fraseografía del español actual, Madrid: Iberoamericana.

Tristá, M.A, (1988), Fraseología y contexto, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.