Nodo NovoHispano

Miembros y líneas de investigación

1. Óscar Mazín
Coordinador
Gestores de la real justicia, Procuradores y agentes de las catedrales novo-hispanas en la corte de Madrid. El ciclo de México, siglos XVI y XVII.

mazin@colmex.mx

2. Bernardo García Martínez
Pueblos de indios: su organización corporativa; su desintegración. Diccionario de conceptos novohispanos. Geografía y geografía histórica. Historia ambiental.

garcia@colmex.mx

3. Thomas Calvo
L’Amérique hispanique 1690-1710 : d’un siècle à l’autre, d’une dynastie à l’autre, à travers des années de crise.

calvoth@wanadoo.fr

4. Juan Carlos Ruiz Guadalajara
La frontera septentrional del Gran Michoacán Novohispano: Guadalcázar y San Luis Potosí, 1591-1854

jcruiz@colsan.edu.mx

5. Víctor Gayol
Prácticas judiciales y cultura jurídico-política en la Nueva España: ministros subalternos y litigantes (s. XVII-XVIII)

vgayol@colmich.edu.mx

6. Nelly Sigaut

nelly@colmich.edu.mx

7. Yovana Celaya Nández

ycelaya@colmex.mx

8. Francisco Iván Escamilla González

ivaneg@unam.mx

9. Gabriel Torres Puga

gtorrespuga@hotmail.com

Misión

El ámbito marítimo como frontera y nexo de unión en la monarquía hispánica. Guerra, comercio, estrategia y comunidades mercantiles en la conformación de la estructura de poder hispánica.

Se trata de observar los vínculos y los obstáculos que suponía el espacio marítimo para una monarquía marcada por la dispersión territorial de sus dominios tanto en su vertiente estratégica como desde un punto de vista económico y social. Consideramos que a la función articuladora atribuida por la reciente historiografía al complejo cortesano-aristocrático debería sumarse la función central ejercida por los activos núcleos mercantiles y financieros únicos capaces de ofrecer una gama de servicios básicos para el funcionamiento del sistema y para la transferencia de productos, personas y recursos militares en el interior del mismo. Además consideramos que los avances ofrecidos por los recientes estudios sobre Historia Atlántica no ponen el énfasis suficiente sobre el papel central jugado por el ámbito mediterráneo en la configuración de dicho espacio. En este sentido la posición intermedia de la Monarquía aparece como la mejor plataforma para dicho análisis.

Líneas de trabajo:

  • Gestores de la real justicia, Procuradores y agentes de las catedrales novo-hispanas en la corte de Madrid. El ciclo de México, siglos XVI y XVII.  Los grandes cuerpos político-sociales del virreinato suelen enviar procuradores ante los órganos del gobierno central de la monarquía. Su gestión en la corte consiste, entre otras cosas, en la prosecución de importantes litigios que es importante ganar a fin de dar “asiento”, es decir, de consolidar tales cuerpos, en este caso la iglesia metropolitana de México. Los procuradores carecen de facultades decisorias, son ante todo observadores y gestores. Funcionan, pues, como una correa de transmisión que pone en contacto realidades históricas con diferente ritmo de evolución en cada lado del Atlántico. Su mirada escruta ángulos de poder sólo accesibles para funcionarios no ubicados en las altas esferas de la toma de decisiones. Echando mano de los procedimientos empleados, de la información que aprovecharon y de los grupos en que debieron apoyarse, esta investigación examina los casos de algunos procuradores. Una vez en Madrid, su posición “subalterna” como cortesanos se halla determinada por su capacidad para construir relaciones personales, verdadera argamasa de la vida política y social. Tal la perspectiva desde la cual abordaremos el fenómeno de la corte.
    Este trabajo reflexiona sobre el funcionamiento de la Monarquía española. Una Monarquía que articulaba varios niveles de decisión que no eran lineales (del obispo al virrey, del virrey al rey) ni consecutivos. Al ser la justicia el atributo primordial de la realeza hispánica, cualquier súbdito podía acudir al soberano o a su Consejo. Este hecho, y la enorme liberalidad o, si se quiere, “capacidad redistribuidora” del rey católico, hacía de la Corte un escenario siempre repleto de peticionarios en competencia por hacer visibles y audibles sus pleitos. No existía, por supuesto, una estabilidad ni en cuanto a los procedimientos ni en cuanto a las personas que presentaban las demandas. Estas últimas solían cambiar incluso de contenido a pesar de mantener su forma. Dicho de otra manera, la gestión solía expresarse mediante discursos sumamente maleables. A cada demanda se otorgaba un valor casi siempre relativo en virtud de la concurrencia simultánea de diversas jurisdicciones. Un litigio podía así resultar prioritario en un momento y prescindible en otro. ¿Qué importancia merecieron en la corte los litigios objeto de la representación de la iglesia metropolitana de México? ¿En qué momentos fueron más audibles y por qué? ¿Cómo se relacionaron los procuradores con las diferentes instancias y niveles de autoridad en Madrid? Finalmente, ¿cómo contribuyen los litigios a explicar el funcionamiento de algunos mecanismos del poder en la corte del rey? Tales son las cuestiones que han orientado y que rigen esta investigación. Para responderlas fue preciso hacerse de algunos instrumentos de trabajo. Su importancia me lleva a exponerlos a continuación.
  • Pueblos de indios: su organización corporativa; su desintegración. El estudio enfoca a los pueblos como unidades políticas complejas que se fueron descomponiendo con el paso del tiempo. El punto de partida para el análisis es el de la relación entre cabeceras y sujetos, y en particular el desarrollo de estos últimos. He reunido información detallada sobre los conflictos entre unas y otros y la separación de los sujetos. Intento abarcar todos los pueblos de indios de Nueva España a lo largo de la época colonial sin limitarme (en la medida en que las fuentes lo permitan) a ningún espacio o época en particular.
  • Diccionario de conceptos novohispanos. Incluye entradas que definen del mejor modo posible conceptos relacionados con el gobierno y la administración, desde los niveles superiores hasta los locales. También abarca términos de orden fiscal, eclesiástico, etc. Cada definición se basa en un examen de la historiografía más reciente y toma en cuenta variaciones temporales y geográficas.
  • Geografía y geografía histórica. En este proyecto se comprenden una geografía de las regiones de México (que es un libro ya casi concluido) y un libro general sobre la geografía histórica mexicana al estilo de The Shaping of America de D. Meinig. Éste se nutrirá de varios artículos y trabajos ya elaborados así como de nuevos materiales. Como ejemplo de ellos, he estudiado con detalle la problemática de los límites entre Jalisco y Colima. Intento hacer un análisis crítico de la naturaleza y problemática de los linderos políticos en el país desde la época prehispánica hasta nuestros días. También estoy iniciando un breve estudio sobre el lenguaje cartográfico colonial.
  • Historia ambiental. He hecho algunos estudios de detalle y estoy avanzando en otro, en colaboración con varios colegas, sobre la historia ambiental de los Tuxtlas. Además de esto, continuaré con la compilación de la serie Estudios sobre historia y ambiente en América, de la que ya se han publicado dos tomos. El tercero está ya en una primera fase de elaboración.
  • L’Amérique hispanique 1690-1710 : d’un siècle à l’autre, d’une dynastie à l’autre, à travers des années de crise. Il s’agit ici d’un très vieux projet personnel, qui se nourrit d’interrogations, de constatations, voire de frustrations accumulées. On peut en énoncer certaines, plus ou moins en vrac.
    S’agissant des interrogations. Celle de départ repose sur le constat d’une Espagne dite ” cadavérique “, à l’image de Charles II, vers 1680, et en contrepoint, une autre Espagne, résistant (il est vrai avec l’appui de la France) à l’assaut de l’Europe coalisée, dans les années 1700-1713, voire agressive à son tour, comme vers 1718-1719, au cours de l’expédition de Philippe V en Sicile. Il y a là un revirement insuffisamment élucidé. La réponse n’est probablement pas principalement en Amérique, mais rien n’interdit de la poser, depuis cette perspective.
    Une autre interrogation poursuit les travaux antérieurs : comment peut-on gouverner (avec les techniques du temps) un espace neuf, 15 à 20 fois plus vaste que la métropole, sous-peuplé (densité ne dépasse pas, au total, 1 à 2 habitants/km2), situé à 1,5 ans (Mexique), voire 3 ans (Philippines) de distance. Qui plus est, lorsqu’on est soi-même en déclin (du moins démographiquement) ? Bien entendu une telle question a beaucoup d’implications…. J’en retiendrai ici seulement deux. La première se rapporte à mon réflexe d’historien démographe. Combien d’hommes font tourner la machine ? Bien entendu, on peut, déjà, par avance, apporter quelques éléments de réponse. En 1645 Diez de la Calle, fonctionnaire du Conseil des Indes dresse une liste des emplois directement pourvus par le Roi Outre-Mer (civils, militaires, religieux), dans son Memorial informatorio. Dans la vice-royauté de Mexico il nomme à 473 postes et on peut y ajouter 2508 soldats. Dans celle de Lima, c’est 390 emplois et 2513 soldats (au minimum, car il manque les garnisons de El Callao et Lima : au total près de 2700 militaires pour la vice-royauté). Ainsi on est, à ce moment d’étiage, sans doute, avec un millier d’hommes pour le haut et moyen encadrement, et quelques 5 000 soldats, pour l’Amérique et les Philippines. Les choses ont sans doute peu changé vers 1700.
    Ces chiffres posent d ‘énormes questions : même en doublant le nombre de bureaucrates, pour prendre en compte ceux nommés sur place par les vice-rois et les gouverneurs capitaines généraux. Une partie de ces questions viennent d’être traitées au cours des travaux en voie de conclusion. Une seule nous retient ici : une machine aussi squelettique ne peut tourner qu’en fomentant des alliances, sur place. Avec qui ? Bien entendu avec les élites créoles. Mais que devient ce système d’alliance en cas de crise ? Nous voilà au cœur de notre problématique.
    Or, précisément, on arrive à une constatation essentielle : les années 1690 connaissent une crise climatique généralisée, planétaire (Indes, Piémont, France), et notamment sensible en Amérique hispanique (Pérou, Quito, Mexique…). La tentation est grande de saisir cette altération de la respiration du globe, à une échelle quasi-continentale.
    Qui plus est, cette crise d’origine météorologique, avec de claires implications démographiques (f amines, épidémies) sze double, dans notre univers, d’altérations socio-politiques. De 1691 à 1700, il y a de nombreuses émeutes, mutineries, révoltes dans l’ensemble du monde hispanique : de Puerto-Rico en 1691 (mutinerie classique de soldats non payés), à la capitainerie générale de Guatemala, agitée en 1697-1701 par des rivalités entre hauts fonctionnaires, en passant par les troubles de juin 1692 à Mexico-Tlaxcala-Guadalajara , ou la ” seconde Germania ” à Valence en 1693 (anti-seigneuriale). Dans quelle mesure le changement de dynastie, en 1700, s’articule avec ce climat de remise en question?
    Ici commencent véritablement nos frustrations. La première tient au faisceau de questions que tout cela pose, explicites ou implicites : il est par avance impossible prétendre tout résoudre. La seconde (liée d’ailleurs à la première) tient à la hiérarchie des éléments de causalité (ou explicatifs), puisque sa mise en valeur reste malgré tout notre mission. Faut-il privilégier les éléments ” externes ” (météorologiques), ceux économiques, sociaux, politiques…. Toute démarche unique, même à l’échelle d’un espace relativement homogène, est risquée : notre vision est presque planétaire (jusqu’aux Philippines).
    La troisième frustration (ou nécessaire précaution) tourne autour de ce qui attire d’abord ” l’œil ” : les phénomènes sociaux (émeutes). Sommes-nous victimes d’un mirage ? Statistiquement sont-ils vraiment plus nombreux qu’à d’autres moments ? Les statistiques sont en la matière toujours aléatoires, mais on trouvera déjà une indication dans l’activité du S. O. qui connaît un de ses points hauts dans les années 1690, signe d’une instabilité, et de remous sociaux. Si l’on fait le décompte de ces troubles, on obtient un inventaire à la Prévert : nous courons le risque d’amalgames plus ou moins douteux. Mieux encore, quel est leur lien précis avec le contexte, la conjoncture ? Il y eut d’autres incidents climatiques, d’autres famines, sans réactions aussi violentes que ce qui se passa le 8 juin 1692 à Mexico. Il est vrai que brochant sur le tout, la corruption ne fut jamais aussi présente dans le panorama ; et ainsi on revient aux interrogations de départ.
    Au bout du compte, tout se ramène à deux séries d’interrogations, majeures. L’une tient à la sempiternelle dialectique entre structure et conjoncture. Après un ” balayage ” sur toute l’Amérique hispanique pour les années 1692 et suivantes, nous envisageons de focaliser sur la province indigène de Oaxaca (Mexique). Il est possible que nous découvrions le caractère simplement épidermique de tout cela.
    Nous envisageons, donc, ensuite de rebondir, prendre du recul. D’une part situer ces années de crise, dans une évolution d’ensemble. Si l’on prend le cas de la vice-royauté de Mexico, on relève trois grands moments, qui annoncent une inflexion d’ensemble : les années 1620-1630 (ainsi l’émeute de 1624, à Mexico, début de crise minière à Zacatecas, accroissement de l’activité du S. O.) ; les années 1690, ici évoqués ; les années 1760-1786 (épidémies, famines, révoltes dans le Michoacan, réformes étatiques).
    Mais il y a une différence à prendre en compte : aux années 1620-1630, et 1760-1786 succèdent des périodes de reprise, positives sur de nombreux plans. Les années 1690 semblent s’ouvrir sur beaucoup moins de signes d’espérer : la vénalité vient s’ajouter à la corruption, les épidémies refont des ravages (1692, 1727, 1737…) après un siècle d’apaisement. Même l’élément de nouveauté que constitue l’arrivée d’une autre dynastie est à discuter : les aigles habsbourg vont perdurer malgré tout, au moins dans l’iconographie ; les Indiens profitent des hésitations pour s’ouvrir un début d’espace politique ; les créoles loyalistes prennent la mesure d’une métropole qui a hésité davantage sur le camp à choisir pendant la guerre de Succession. Par là s’annonce, avec un siècle d’avance, la rupture de 1808-1810.
  • La frontera septentrional del Gran Michoacán Novohispano: Guadalcázar y San Luis Potosí, 1591-1854. Con base en la perspectiva regional, en la historia cultural y en la antropología histórica, el proyecto tiene por objetivo la reconstrucción de las dinámicas de articulación territorial de la zona septentrional de lo que fuera el antiguo obispado de Michoacán. Se toma como punto de partida la pacificación de la zona y la fundación de los asentamientos de Cerro de San Pedro y San Luis Potosí, con la intención de establecer los procesos de organización sociopolítica y urbana de la región, la relación entre poblamiento, mercado de trabajo y producción, así como la implantación del régimen de gestión sociocultural de la catedral de Michoacán a través del tejido parroquial, la religiosidad, los cultos tutelares y las diversas áreas de conflicto en la administración espiritual. En este último punto se hará énfasis en el conflicto de jurisdicciones entre el obispado de Nueva Galicia y el de Michoacán, y en la conformación de las corporaciones a lo largo del siglo XVII. Con ello me planteo dos estudios específicos como primer paso en la comprensión de la región: en primer lugar, la historia urbana de San Luis Potosí desde su fundación hasta la compra que sus oligarquías hicieran al rey del título de ciudad; en segundo lugar, y abarcando todo el siglo XVII, realizo una historia de la población negra de San Luis Potosí y sus procesos de inserción social a partir de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. A largo plazo se analizarán procesos semejantes en la zona de Guadalcázar.
  • Prácticas judiciales y cultura jurídico-política en la Nueva España: ministros subalternos y litigantes (s. XVII-XVIII). La investigación en curso se enmarca en un estudio jurídico-político y social, a largo plazo, del aparato de administración de justicia novohispano para comprenderlo como parte sustancial de los dispositivos de poder de la corona. Nuestra indagación hace especial énfasis en la audiencia de México (Nueva España) y, en menor medida y como punto de comparación para el análisis, en la de Guadalajara (Nueva Galicia).
    Cada vez hay más trabajos historiográficos que confirman la hipótesis de que el modelo jurisdiccional vigente en Nueva España, producto del orden jurídico hispánico, era un modelo compartido a lo largo de todos los territorios que componían la Monarquía Católica. Esto se debió, entre otras cosas, a que el sistema de gobierno de la monarquía permitía la continua circulación de una cultura jurídica, de modelos institucionales y de modelos de decisión política, circulación que era posible gracias al continuo desplazamiento de personas que ocupaban los cargos de magistrados de las audiencias y a la difusión e intercambio de textos jurídicos comunes.
    Sin embargo, no existía una homogeneidad, en términos estrictos, de esa cultura o de esos modelos, y así es posible detectar particularidades en cada una de las regiones. Una de ellas, por ejemplo, era el llamado estilo de una determinada audiencia. Creemos que la cultura jurídica así como las prácticas sociales y judiciales vinculadas al trabajo de las audiencias, se modificaban por dos factores. Uno era el hecho de que el particularismo era un elemento que se encontraba en la propia raíz de la cultura jurídica, por lo que los modelos institucionales y de decisión podían modificarse de un sitio a otro sin perder su unidad con el resto y permitir así la permanencia durante cerca de tres siglos del sistema de gobierno hispánico. Por otro lado estaba el factor humano, los ministros subalternos y los abogados locales que entraban en relación con los magistrados. La intervención de unos y otros en la práctica forense, la creación de redes familiares y grupos de poder locales que participaban activamente en las instituciones, eran elementos clave. Analizamos aquí, por un lado, la intervención de las familias y redes de oficiales de pluma de la audiencia y letrados locales y, por el otro, la producción de literatura jurídica circunstancial (alegatos de abogados) que solían darse a la prensa y circulaban allende las fronteras de los distritos de las audiencias en los que escribían.