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01 de marzo de 2017
cronobio

“Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”

Este es uno de los numerosos dichos de nuestro refranero popular que aúna la sabiduría popular acumulada con el paso del tiempo. Este dicho nos dicta una forma de repartir la comida a lo largo del día, pero ¿Cuánto tiene de verdad?

El periódico El País ha hablado con diversos expertos en nutrición, entre los que se encuentra el Catedrático Juan Antonio Madrid, Investigador Principal del Grupo de Cronobiología de la Universidad de Murcia.  En la nota de prensa, Juan Antonio Madrid asegura que no sólo es importante controlar la cantidad y el tipo de alimento que ingerimos, sino también cuándo lo ingerimos. El momento del día o de la noche en el que nos alimentamos influirá en cómo vamos a aprovechar y metabolizar el alimento. Por un lado el apetito cambia a lo largo del día y la noche, de acuerdo con nuestros ritmos circadianos, sincronizados principalmente por factores externos como la luz solar, pero por otro, la ingestión de alimento a horas inadecuadas, puede alterar el funcionamiento de nuestro relojes biológicos”.

“De grandes cenas están las sepulturas llenas”

De este modo, se recomienda realizar la principal toma de hidratos de carbono en el desayuno, momento del día de mayor demanda energética, e ir reduciéndola según vaya avanzando el día. Al mismo tiempo, la ingesta de grasas y proteínas debe de ser mayor según se acerca el final del día. Esto debe de ser así debido a nuestro ritmo circadiano de secrección de insulina, con altos niveles de insulina en sangre a primera hora de la mañana, reduciéndose hacia del final de la tarde y noche. Esto provoca que durante la noche, la glucosa en sangre no es absorbida por nuestras células para ser metabolizada, generando una hiperglucemia nocturna y aumentando el riesgo de diabetes.

Si quieres leer el artículo completo, pincha aquí.

Artículo escrito por Alejandro Lucas Sánchez

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