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06 de febrero de 2017
cronobio

Aunque estos dos conceptos son muy distintos entre sí, es muy común que los utilicemos juntos en una misma frase. Cuando decimos “Tiene 70 años, pero aparenta 50” o “Para tener solo 40 años, se conserva muy mal”, ambos conceptos se definen solos. Mientras que la edad cronológica hace referencia al valor absoluto del tiempo que hemos vivido, la edad biológica es un valor relativo que nos indica la salud de la que contamos respecto a la edad cronológica que tenemos. Dicho de otro modo: mide el grado de fragilidad de nuestro organismo.

Idealmente, se busca que nuestras “dos” edades vayan cogidas de la mano a lo largo de nuestra vida para reducir esta fragilidad. Sin embargo, todos lo que ocurre a nuestro alrededor provoca que nuestra edad biológica se separe de nuestra edad cronológica, ya sea para bien o para mal. Siendo realistas, es muy difícil ir en contra de nuestro reloj. Son muy pocas las situaciones que mantiene a las dos edades juntas y hay otras muchas que hacen que nuestra edad biológica vaya más rápido que la cronológica. Sin contar con las variaciones genéticas entre individuos, en la población existen numerosas variables extrínsecas: hábitos alimenticios, ejercicio físico, tabaquismo y alcoholismo, exposición a sustancias tóxicas, trabajo a turnos… que producen una población muy heterogénea y difícil de estudiar. En este aspecto, los modelos animales son muy útiles, ya que, las condiciones de los laboratorios en los que se encuentran están altamente controladas y son iguales para todos, y generalmente tienen un fondo genético similar, por lo que trabajamos con poblaciones altamente homogéneas.

La relación entre la edad cronológica y la edad biológica es un aspecto de interés para el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia, y dado que el deterioro del sistema circadiano está directamente relacionado con el envejecimiento, se planteó la posibilidad de si podría utilizarse la salud circadiana como indicador de la edad biológica en el modelo animal Nothobranchius, pequeño pez teleósteo con la esperanza de vida más corta descrita para un vertebrado.foto peces

El resultado de estos estudios fue que el proceso de deterioro del sistema circadiano con el envejecimiento en Nothobranchius sigue un proceso gradual y secuencial en los días próximos a la muerte, que se repite por igual en todos los individuos objeto del estudio. A partir de este hallazgo, el siguiente paso fue el de encontrar qué variables asociadas al sistema circadiano son las más representativas de estos cambios secuenciales e integrarlas para desarrollar una fórmula matemática capaz de predecir la edad biológica del individuo, y por tanto el momento de su muerte a partir de su salud circadiana. La aplicación de esta fórmula nos ha dado un 82% de precisión a la hora de clasificar a los individuos de Nothobranchius en un grupo de elevada fragilidad y riesgo de muerte. Este hecho no hace más que resaltar la estrecha relación que existe entre la salud del sistema circadiano y la esperanza de vida. Es la primera vez que se utiliza el status del sistema circadiano como predictor de fragilidad, abriendo nuevas posibilidades de investigación en un campo completamente nuevo.

El trabajo titulado “Circadian activity rhythms during the last days of Nothobranchius rachovii´s life: A descriptive model of circadian system breakdown” ha sido publicado en la revista Chronobiology International (Situada en el primer cuartil de su categoría, impacto: 2,88).

Artículo escrito por Alejandro Lucas Sánchez

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