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28 de octubre de 2016
cronobio

Para hablarnos del cambio horario vamos a entrevistar a Juan Antonio Madrid, responsable del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia.

Juan Antonio Madrid, Catedrático en Fisiología e Investigador principal del grupo de Cronobiología

Juan Antonio Madrid, Catedrático en Fisiología e Investigador principal del grupo de Cronobiología

¿Podría decirnos cómo nos afecta este cambio de hora?
El cambio horario de octubre es, de entre los dos (horario de invierno y de verano) el que menos problemas causa en la mayoría de la población. De hecho, en el caso de los adolescentes y adultos jóvenes, que suelen padecer privación crónica de sueño, el “regalo” de una hora extra en otoño es bienvenido, y no causa trastornos importantes, salvo los desajustes que aparecen durante los dos o tres días posteriores al cambio. Por ejemplo, sentiremos sueño una hora antes de lo que nos marca el reloj y nos despertaremos antes de tiempo, tendremos necesidad de comer un poco antes y, en algunas personas, se producirá un leve cambio de humor por el hecho del menor número de horas de luz por la tarde.

¿Y qué sucede con otros grupos de población?
El reloj biológico de ancianos y niños pequeños es menos flexible y su adaptación al nuevo horario requiere más tiempo. Por ejemplo, en una persona mayor, el hecho de que el sol se ponga una hora antes hace que le resulte más difícil mantenerse despierto durante la tarde-noche, por lo que se sentirá cansado antes de tiempo y se dormirá viendo la televisión. Luego, cuando se vaya a la cama, tendrá dificultad para mantener el sueño hasta el final de la noche, despertándose pronto por la mañana. Finalmente, al cabo de una o dos semanas, este problema habrá desaparecido totalmente.

¿Por qué aparecen estas alteraciones?
Por un desajuste entre el tiempo interno, que es el que indica nuestro reloj biológico cerebral, y el nuevo tiempo externo impuesto por el cambio de hora de reloj. A nuestro reloj biológico cerebral le cuesta un cierto tiempo adaptarse a las nuevas condiciones. El cambio al horario de invierno le puede llevar unos 3-4 días, mientras que en el cambio al horario de verano la adaptación tarda más en producirse, aproximadamente una semana.

¿Podemos hacer algo para evitarlas?
Existen una serie de recomendaciones que nos ayudarán a realizar al adaptación más rápidamente. Hay que señalar que esas indicaciones son solamente útiles en el caso del cambio al horario de invierno, pero no lo son para cambio al horario de verano.
1. Tratar de acostarse desde el primer día con el nuevo horario. Seguramente le costará mantenerse despierto una hora más de lo habitual; si lo consigue, le resultará más fácil mantener esa hora de retraso al acostarse y al levantarse en los días siguientes. Ahora bien, si le resulta muy difícil puede probar a retrasar progresivamente el horario unos 15 minutos por noche, hasta completar en cuatro noches la adaptación total.
2. Dormir una corta siesta en los 3-4 días posteriores al cambio le ayudará a retrasar su reloj biológico, ya que le permitirá mantenerse despierto hasta la nueva hora de ir a dormir.
3. Retrasar cuanto antes sus horarios de comidas para adecuarlos al nuevo horario.
4. Exponerse a la luz natural y realizar ejercicio físico al final de la tarde. Con ello favorecerá un rápido ajuste de su reloj.
5. Dormir entre 6 y 8 horas.

¿Está a favor o en contra de estos cambios de hora?
Este es un tema complejo que se puede abordar desde diferentes puntos de vista. El hecho objetivo es que el número de horas de sol cambia a lo largo del año. En Murcia, por ejemplo, el fotoperiodo más corto tiene lugar en el solsticio de invierno, a finales de Diciembre. En ese momento la noche dura unas 14 horas y el día solamente 10. En cambio, en el solsticio de verano (finales de junio), la noche se acorta hasta durar solamente 10 horas, mientras que el día es de 14 horas. El cambio horario es un intento de aproximar nuestros horarios oficiales de reloj a los de salida del sol, con el fin de reducir el gasto energético que supondría trabajar fuera de las horas de luz natural. Esta razón parece que cada vez tiene menos peso en nuestra sociedad, ya que los horarios de trabajo se han expandido hasta ocupar parte de la noche.

¿Y desde el punto de vista de nuestro reloj biológico?
Desde el punto de vista de nuestro reloj interno podríamos mantener el mismo horario a lo largo del año sin grandes problemas, evitando así los inconvenientes de la adaptación dos veces al año a los cambios de horario. Sin embargo, en ese caso el horario de elección en la península debería ser el de invierno para todo el año, ya que solo mantiene una hora de diferencia con el horario solar y no dos, como ocurre con el horario de verano.

¿Cuál sería el problema?
Si adoptásemos el horario de verano durante todo el año, tendríamos que aceptar que durante parte del invierno veremos salir el sol en el camino al trabajo o incluso tras iniciar nuestra jornada laboral. Esto puede ser especialmente problemático para los escolares y jóvenes, ya que de forma natural su reloj biológico les dificulta levantarse muy temprano.

¿No deberíamos adoptar un horario similar al de Portugal o Reino Unido coincidiendo con nuestro huso horario?
La hora oficial de España actualmente no es la que deberíamos tener de acuerdo con nuestra localización geográfica, ya que mantener la misma hora que Praga, Varsovia o Berlín, lugares donde el sol sale y se pone una o dos horas antes que en Madrid, no parece muy razonable. Volver a la hora del Reino Unido o Portugal nos acercaría a la hora solar, que es la que utiliza nuestro cerebro para programar el tiempo biológico. Este cambio favorecería que los españoles adelantemos nuestros horarios de comidas y cenas, y además podría aumentar el tiempo dedicado al sueño, siempre y cuando se produzca en paralelo a cambios sociales en los horarios de trabajo y de ocio. Sin embargo, en algunas regiones situadas al este de la península, en diciembre se haría de noche hacia las 5 de la tarde o un poco antes.

Entonces esta decisión es complicada
Exactamente, para cualquier decisión que se tome en este sentido se tendrán que sopesar conjuntamente las ventajas e inconvenientes, tanto desde el punto de vista energético y político, como biológico, cultural y sociológico.

Entonces, ¿está a favor de cambiar nuestro horario?
Sopesando los diferentes argumentos, y hablando únicamente a título personal, optaría por una solución intermedia que nos aproximara al horario solar y que a la vez nos permitiera mantener parte de la luz solar por la tarde. Se trataría de adoptar nuestra hora de invierno como un horario único para todo el año, basado en GTM+1, el mismo horario de invierno que vamos a establecer esta próxima semana. De este modo haremos coincidir lo más posible el momento de levantarnos con la salida del sol, a la vez que solo perderemos una hora de sol por la tarde durante los meses más soleados de primavera y verano.

 

Artículo escrito por Antonio Martínez Nicolás

Comentarios

Jose Luis Casero 17 de octubre de 2017

Francamente me gusta sus argumentos y estoy en la linea de lo que Ud. señala. Contentar a todos no es fácil pero lo mas fácil es estar alineados con “lo mas natural” posible. Enhorabuena por su trabajo.
jlc

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