Temporada 3 – Programa 14 – Entrevista al Dr. Fernando Quesada Sanz con motivo del Seminario de Conflictos Bélicos

 

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 Entrevistador  Jose Javier Martínez.
Documentación y Edición:  Inés Martínez.
Transcripción: I. Mtz & Carlos Bausá.

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FernandoFdoQuesada_Linkedin Quesada Sanz, fue el ponente invitado en el Seminario titulado: “Estados, Mitos, Ciencia y Conflictos Bélicos”, que tuvo lugar en la Universidad de Murcia los días 18 y 19 de febrero de 2016, y que fue organizado por el CEPOAT, Centro de Estudios del Próximo Oriente y la Antigüedad Tardía, dentro de su programación académica anual.

El Dr. Quesada Sanz es Doctor en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid. Ejerce como Profesor Titular de Arqueología en dicha Universidad desde 1992 y es catedrático acreditado desde 2010.

Sus principales líneas de investigación son: el Análisis de las Sociedades del Antiguo Mediterráneo, a través del estudio de su armamento y las formas de conflicto bélico y el Estudio de la Cultura Ibérica en sus diferentes facetas.

Tiene en su haber varios centenares de publicaciones de investigación y divulgación, monografías, libros, artículos y trabajos en varios idiomas. Desarrolla también una importantísima proyección internacional como director y colaborador de prestigiosas publicaciones especializadas, sobre los temas centrales de sus investigaciones, pero también sobre Grecia, Roma, Egipto, Próximo Oriente, así como sobre metodología y teoría histórica y arqueológica.

José Javier Martínez fue el encargado de entrevistar personalmente al Dr. D. Fernando Quesada, en el contexto mismo del Seminario CEPOAT, celebrado en la Universidad de Murcia el 18 y 19 de febrero de 2016.

P.- ¿Cuál ha sido el criterio de selección para elegir los temas del Seminario?

R.- Lo que he procurado ha sido, en la primera de las clases, dedicada a la Carrera Naval anglo-alemana, entre 1898 y 1914, un tema aparentemente alejado de mi especialidad, pero al que he dedicado muchísimas horas de lectura y de reflexión, y de tratamiento bibliográfico, tratar la cuestión de la evolución tecnológica y el desarrollo político junto con la voluntad de las personas, que son tres temas aparentemente separados que en el caso de la carrera naval anglo-alemana llevaron a convertir la Guerra Mundial, de una guerra europea a una guerra planetaria. Por tanto Tecnología, Política, Actividad Individual del Poder.

La segunda clase, aparentemente muy distinta, sobre Tecnología y Ciencia en La Antigüedad, aplicada a cuestiones militares enlaza con la primera asociando las cuestiones de tecnología no apolíticas sino a ideología y a control: a poder.

Finalmente, la tercera de las charlas, utilizado el caso de Masadá, profundizo en el tema del poder, pero no en su faceta de poder en el mundo antiguo y asociado al mundo antiguo, sino de la transmisión de conceptos a ideas asociadas con el poder y la ideología en el mundo moderno

De esa manera hemos procurado tocar temas muy distintos atractivos para un público no especializado pero si interesado y enlazados entre sí por este hilo conductor

P.- ¿Por qué es tan importante conocer la Historia Militar de los antiguos pueblos para entenderlos?

R.- Ninguna sociedad urbana organizada, desde el neolítico final se ha sustraído a la violencia organizada. Lo más complejo de la tecnología del mundo antiguo, la inmensa mayoría de los recursos de los grandes estados, la propia orientación de la sociedad en asambleas para las votaciones y para magistraturas y organización militar, eran dos caras de la misma moneda. La actividad militar era la actividad normal del ser humano. En la mayor parte del mundo antiguo no se concibe la paz como una entidad sino como ausencia de guerra. La guerra es asumida como, una calamidad sin duda, pero parte connatural a la sociedad humana y por tanto todos los años los atenienses o prácticamente todos los años, salen a combatir. Augusto se vanagloria de que por una vez a podido cerrar las puertas de Jano, del templo, indicando que Roma está en paz. La guerra es tan connatural a las sociedades humanas organizadas y extrae tanto de los recursos humanos, económicos y psicológicos del ser humano, tiene unos costes tan brutales para las vidas de las personas y de las sociedades que, si no estudiamos la guerra en los términos que hay que estudiarla, es decir, en sí misma, sin juzgar si es éticamente reprobable o no. Si no la comprendemos si no la analizamos en todas sus enormes facetas, desde los tipos de armas hasta las cuestiones más abstractas de carácter simbólico sobre el Derecho de la Guerra, por ejemplo, no podemos entender las sociedades antiguas, por tanto la historia militar es necesariamente, no una rama de la Historia, sino parte nuclear del mismo estudio histórico, nos guste o no la guerra.

P.- En ese sentido, la faceta militar de la Cultura Ibérica, ¿cuáles son sus características definitorias?

R.- Bien. Ese sería tema para no una, sino varias tesis doctorales y muchas horas de seminario, pero no cabe duda que las Sociedades Ibéricas, que variaron a lo largo de sus siglos de existencia, es decir la sociedad ibérica no es la misma en el siglo VI antes de Cristo, que en el siglo II. Estamos pasando de sociedades monárquicas de carácter sacro, a sociedades aristocráticas guerreras, a sociedades urbanas, basadas en aristocracias ciudadanas, pero en todos los periodos, no cabe duda, y lo demuestra la iconografía, los restos las imágenes, esculturas, cerámicas, los ajuares de las tumbas, las fortificaciones de las poblaciones, no cabe duda de que la guerra es un elemento central en el mundo ibérico. Una experiencia casi cotidiana de sus habitantes tanto civiles como militares no hay una distinción; el campesino es un soldado al día siguiente, el civil que está en la granja, corre el peligro de morir en la guerra exactamente igual que el combatiente, y eso permea todos los aspectos de la organización de la sociedad ibérica, de su economía e incluso me atrevería a decir de su fábrica mental, desconocemos al no poder tener textos largos que nos expliquen como pensaban, pero todo lo que sabemos sobre esa cultura, indica que la guerra es parte integral. Por tanto, negar su existencia o pretender una sociedad ibérica idílica y pacífica significa negar la propia posibilidad de conocer históricamente el Mundo Ibérico.

En ese sentido la Cultura Ibérica no es distinta de la Cultura Romana, Cartaginesa, Etrusca o Griega Clásica, donde en todas ellas en distintos niveles, la Guerra era una actividad digamos, si no cotidiana, si relevante. ¿Significa eso que siempre estaban guerreando, siempre estaban luchando? En absoluto. Una sociedad puede tener una mentalidad y unos valores de tipo guerrero, belicoso incluso, pero no necesariamente significa que estén luchando veinticuatro horas al día, trescientos sesenta días al año, no es esa la idea

P.- Respecto a lo que hemos visto un poco en el Seminario, hablando de historia militar e ideología ¿utilizan las sociedades actuales, el pasado para buscar su propia identidad?

R.- Bueno, desde siempre. Todas las sociedades desde la Edad del Bronce, se ha buceado en hazañas y recuerdos, heroicos del pasado, por tanto muchas veces de carácter militar, y digo heroico entre comillas, para justificar acciones, justificar derechos, justificar territorios y para anclar ideológicamente el derecho de una nación a gobernar un territorio, de una dinastía a gobernar una nación. En ese sentido hay muchos ejemplos. Por ejemplo: el mundo europeo del siglo XIX, de la segunda mitad del siglo XIX, de la configuración del Imperialismo Mundial, muestra como Gran Bretaña busca en la Reina Boadicea y en los Britones sus raíces nacionales, falsas evidentemente; el mundo francés en Vercingétoris y Alesia; los alemanes, el Reich, en Arminio y la Batalla de Teotoburgo; la pobre España en las supuestas hazañas de Numancia, Viriato y Sagunto y así sucesivamente. Hay además casos particulares posteriores, como el propio del Estado de Israel, donde arqueología, mito e historia se entremezclan de manera muy, muy densa, para justificar, no solamente el propio derecho a la existencia de un Estado de Israel, sino a su existencia en un lugar concreto y con una voluntad de resistencia frente a un enemigo universal, real o percibido. Por tanto, sí. En la utilización de la historia militar como herramienta ideológica para el mundo moderno, es algo bien conocido desde hace mucho tiempo y extremadamente peligroso para la caracterización de la disciplina como algo riguroso, no objetivo, porque nunca existe la objetividad en estos temas, pero si con voluntad de raciocinio y de análisis crítico en lo más frío posible.

P.- Hasta el punto de, como hemos podido ver en el caso de Masada, de manipulación o interpretación específica de los hallazgos arqueológicos y tendencia a la mitificación de todo…

R.- En efecto. Es muy difícil y delicado distinguir entre dejarse llevar por y manipular los datos. Un arqueólogo que está escavando un yacimiento históricamente muy significativo, como puede ser Masada, con unas fuentes literarias que aluden al sacrificio supuestamente heroico y posiblemente falso de su guarnición, antes que rendirse a los imperialistas romanos, tiene en la cabeza la guerra del 56 unos años antes y va a tener inmediatamente después en el año 67 otra guerra. Es un entorno social, cultural, tenso muy delicado y cabe comprender que cuando uno está queriendo buscar algo que está en las fuentes y encuentra lo que se ajuste, pues las discordancias que puedan aparecer en el registro arqueológico sean orilladas para pretender que se ha conseguido documentar exactamente la que en este caso por ejemplo, dice Josefo. Los análisis más fríos posteriores incluso por el propio Establishment Académico Israelí, han demostrado que en el caso de Masada, por ejemplo, esa búsqueda de intentar demostrar lo que decía Flabio Josefo en los restos arqueológicos llevó a la distorsión, sin duda de los datos, a una visión quizá excesivamente cerrada, con anteojeras e incluso en algunos casos en la propia Academia Israelí se ha acusado a Yigael Yadin de manipular la información. Yo no me atrevería a llegar a eso, pero si es cierto que cuando hay una presión política e incluso militar sobre la investigación es fácil dejarse llevar, a un nivel quizás menos extremo es natural que, si una persona está excavando un yacimiento arqueológico sobre el que hay información literaria antigua que alude a algún hecho relevante del pasado, el fenómeno Anthony Snodgrass caracterizaba como la Falacia Positivista, tendamos a asociar esa información histórica a los datos arqueológicos, lo cual siempre es delicado, sin duda, pero ahí está la buena praxis del arqueólogo y del historiador en procurar no dejarse arrastrar por la emociones o por las interpretaciones, al menos orientadas y en el peor de los casos sesgadas.

P.- Está claro que sigue creciendo el interés social y académico por estos temas de Historia Bélica Antigua, Armamento, Conflictos, Comportamientos de Diferentes Pueblos Antiguos en General, ¿a qué cree que es debido este interés?

R.- La Fascinación por los temas militares es una cuestión digna de estudio y reflexión. Por un lado, lamentablemente, entre determinados sectores del público, sobre todo público relativamente joven, la violencia, la idea de que cualquier joven es inmortal, lleva a pensar que la guerra es un objeto fascinante de estudio. Quizá porque se nos ha educado desde siglos, desde la tradición clásica, desde la propia Ilíada de Homero, en la idea de que los valores de fuerza física, de agresividad, de carácter varonil, van asociados a rasgos propios de esculturas violentas. Y no hay duda que la violencia tanto individual como organizada saca lo peor y lo mejor, en ocasiones del ser humano. Como decía Arnold Toynbee, el gran historiador, no por ser militares son las virtudes militares tales, el valor, la camaradería, el sacrificio, pero su valor reside en las joyas mismas, en las virtudes y no en la montura que su renda, la montura de la guerra.

Bien. Pues en ese sentido, la violencia organizada, la guerra, es percibida por todos como un motor de la historia. Como académico, sí me atrevería a decir que la guerra es una de las formas más expresivas, más acabadas, más constantes de la civilización humana, desde que existe civilización organizada existe la guerra. No podemos comprender esa civilización a lo largo de la historia sin entender uno de los mecanismos básicos de acción cultural, en el sentido más amplio de cualquier sociedad humana, incluyendo la mayoría de los primitivos actuales y etnográficos.

P.- En esta línea ¿cómo cree que están considerados en estos momentos, a día de hoy, los estudios sobre arqueología e historia militar antigua en España a un nivel académico?

R.- Durante mucho tiempo, la Arqueología Militar, no solamente en España sino en toda Europa ha sido considerada una disciplina sospechosa. La Historia Militar en general, con su variante arqueológica, por ejemplo Schulten en los años veinte, fue una disciplina enormemente respetada, pero muy asociada a los militares profesionales a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y hasta la II Guerra Mundial. Las carnicerías espantosas que se llevaron a cabo en todo el mundo durante la I y la II Guerra Mundial, llevaron después de la guerra, sobre todo entre la juventud universitaria, entre la juventud culta, a un rechazo de todos esos valores tradicionales de militarismo, de sacrificio, de patriotismo y todo aquello relacionado con la guerra. Como resultado de ello, en los años 50 – 60, la Historia Militar se convirtió en toda Europa, en un reducto de militares profesionales y cualquier académico que pretendiera dedicarse a ello resultaba automáticamente sospechoso de actitudes filofascistas o filoestalinistas, en este sentido los extremos se tocan. La Escuela de Arqueología y de Historia Militar Soviética es una escuela enormemente importante.

Esa caracterización de la Historia Militar como algo ideológicamente sospechoso y filobelicista o filomilitarista a perdurado hasta finales quizá de los 70, cuando las tornas han empezado a cambiar. Nuevas formas de analizar la historia militar, desde el punto de vista ideológico, simbólico, ritual, económico, social, mucho más allá del análisis de la historia-batalla, que es la historia militar tradicional del siglo XIX, de la Escuela Alemana o de la Escuela Francesa, han llevado a comprender que es imposible comprender el mundo antiguo, el mundo medieval o el mundo moderno, sin analizar uno de los elementos más constantes de la Historia Humana que es La Guerra. Y por tanto la Historia Militar poco a poco ha ido ganando respetabilidad académica.

Yo me atrevería a decir que hoy en día, incluso La Historia Militar y La Arqueología Militar, goza de una aceptación natural por parte del mundo académico oficial en España, superior incluso a lo que, pese a lo que pueda parecer ocurre en el mundo británico, donde todavía el mundo de la historia militar amateur es muy popular, pero en el mundo universitario, sigue siendo un reducto quizá en mayor medida que en España. Colegas británicos que se dedican a la historia o la arqueología militar, me dicen, con envidia, que en España, hoy en día, hemos alcanzado una respetabilidad institucional y académica superior incluso a algunos sectores del mundo anglosajón

P.- …De alguna manera se ha perdido el rechazo existente hacia estos estudios…

R.- No cabe duda que en ciertos sectores ha habido y sigue habiendo un rechazo a los estudios militares, pero sobre todo derivan de aquellos estudios militares más ingenuos, me atrevería a decir, siguen pensando que en la historia militar es el estudio del mejor tanque, del mejor cañón o del submarino que mejor hunde barcos.

Hoy en día la historia militar no es eso, abarca todas las facetas de la actividad humana, desde las tecnológicas más estrictas a las simbólicas más abstractas y por tanto, no me cabe duda de que hay sectores de la población que de manera desinformada, piensan que la historia militar sigue siendo una historia filobelicista y mecanicista, pero quienes empiezan a conocer, sobre todo en el mundo de la divulgación moderna, que empieza a haber en España, cosas muy atractivas y muy interesantes, lo que hoy en día se puede hacer, no genera ya, o genera de manera cada vez menor ese rechazo.

Si es cierto, y a mí me preocupa, sobre todo entre gente muy joven, estudiantes de primer año de carrera, que no saben lo que es realmente la guerra, lo que hace que los seres humanos, como destroza los cuerpos y las almas, una cierta fascinación que roza lo morboso. Ese es el peligro de la Historia Militar y es tarea de los investigadores y de los divulgadores, hacer ver que la guerra no tiene nada de hermoso, no tiene nada de fascinante y que si en algún caso brillan virtudes en ella, no es por la guerra, sino por las virtudes en sí mismas, que son propias del ser humano y no de la actividad bélica.

P.- ¿Qué diferencias existen, a grandes rasgos, entre la investigación y la divulgación?

R.- A mi juicio, investigación y divulgación son dos caras necesarias de la misma moneda. Académicamente investigación supone realizar un estudio que implique una aportación original al conocimiento humano en cualquier rama de la ciencia o de las artes; implica aportar cosas nuevas.

Normalmente la investigación se sostiene con fondos públicos, en ocasiones también privados, e implica una responsabilidad social. La investigación no es algo para que un grupo de académicos, en sus torres de marfil, disfruten, con el estudio, en este caso, del pasado, sino que debe tener un retorno, un retorno a la sociedad, que justifique la inversión económica realizada y que justifique la difusión del conocimiento alcanzado mediante la investigación, bien, pues, … la divulgación, que debe ser siempre alta divulgación, divulgación de calidad, implica trasladar a la sociedad, lo que esa sociedad ha trasladado en forma de fondos para la investigación.

P.- ¿Qué características definen a un buen divulgador histórico?

R.- A mi juicio, un buen divulgador histórico no puede divulgar bien, si no es un profundo conocedor del tema que trata. No se debe confundir la divulgación con el periodismo. El periodismo tiene un carácter inmediato; tiene un carácter de urgencia y, a menudo, exige unos reflejos que pueden ocasionar una falta de profundidad o de rigor en el análisis, no necesariamente, pero a veces sí. La divulgación no es periodismo.

La divulgación, partiendo de un conocimiento profundo de la materia en cuestión, implica hacerla accesible. Casi cualquier concepto complejo puede explicarse de manera sistemática, clara y ordenada, de manera que sea comprensible para un público “no especialista”.

Por tanto, a mi juicio, la divulgación debe ser realizada por los mismos especialistas que realizan la investigación y que deben estar formados en técnicas oratorias, en el caso de la divulgación oral, o en técnicas de divulgación escrita, apoyándose en todos los recursos de la técnica, recursos gráficos, recursos informáticos – de los cuales ahora hay una enorme y riquísima variedad-,   para conseguir que la investigación se traslade al público de manera clara, accesible, concisa – porque el tiempo es oro hoy en día- , pero sobre todo rigurosa y para ello, el divulgador debe ser, no un paracaidista desconocedor del tema sino, alguien que ha dedicado mucho tiempo, o bien a investigar o bien que, al menos, ha tenido el tiempo suficiente para realizar una profunda lectura de las materias sobre las cuales pretende divulgar.

P.- Respecto a lo que has comentado de la divulgación… ¿Crees que se mantiene el rigor histórico en sus diferentes modalidades, como prensa, radio, revistas especializadas?

R.- Bien, ciñéndome al caso español, porque si no sería complicadísimo, la divulgación de temas militares abarca una gama muy amplia, un espectro muy amplio, hoy en día hay divulgadores científicos y revistas de divulgación que se venden en quioscos, que se venden en tiendas, extremadamente rigurosas, donde se combinan profesionales acreditados con jóvenes investigadores con aficionados de buen nivel, y que publican por escrito una divulgación de la historia militar excelente.

Hay otro tipo de publicaciones similares en apariencia, y el aficionado a veces, tiene dificultades, para distinguir el grano y la paja, hay revistas que siendo parecidas, con maquetas, dioramas, figuras de plomo… sin embargo tienen un rigor mucho menor y caen, oscilan entre la falta absoluta de rigor y la ingenuidad. ¡Hay una enorme variedad!

Eso que ocurre en la divulgación escrita, ocurre también en la divulgación periodística en los reportajes en la prensa, que oscila entre grandes periodistas que conocen muy bien su historia y que se documentan bien y otros que, lamentablemente, pues no alcanzan unos estándares mínimos de calidad. No me atrevería a dar nombres, no voy a hacerlo, aunque quisiera o pudiera. Pero, en general, yo creo que en los últimos seis o siete años, gracias a iniciativas como por ejemplo una – que alabo especialmente y de la que soy, además, en cierta medida, parte, como asesor -, la revista Desperta Ferro y sus diferentes cabeceras, ha elevado la divulgación de Historia Militar a unos estándares, superiores, incluso, a los del mundo anglosajón.

P.- Respecto a la difusión que se da por Internet, por ejemplo, ¿Qué cosas debemos tener en cuenta cuando navegamos por la red en buscad de información sobre mundo antiguo, armamento o batallas?

R.- No cabe duda de que Internet, ha supuesto y está suponiendo una revolución copernicana en la difusión, conservación, almacenamiento, de la información. Y en ese sentido se ha convertido en una herramienta poderosísima.

No creo que los libros vayan a desaparecer en un plazo corto e inmediato, pero el 90% de la población menor de 35 años, hoy en día – antes que en una biblioteca, usar un libro, un papel -, se sienta delante de Google o de Bing o de cualquier buscador y teclea, pues… cualquier información sobre la batalla de los “Lagos Masurianos” en la Primera Guerra Mundial; o sobre los calibres de la artillería naval japonesa en la Armada Combinada – la Flota Combinada -.

Eso significa que la persona que hace la búsqueda, a menudo tiene que tener un buen criterio, porque Internet está lleno de páginas atractivas, bien diseñadas, hermosas de apariencia, pero de contenidos que oscilan entre – digamos- lo impreciso, hasta los que están llenos de errores; hasta los que son ideológicamente reprobables en el sentido que antes hablábamos.

Evidentemente, eso es ya un criterio de formación del lector.

Las páginas de tipo edu., – es decir las páginas de instituciones universitarias educativas -, son en general fiables; otras no lo son. De nuevo, – separar el grano de la paja-, separar las páginas o los portales de acceso a información, rigurosos o no, es muy difícil. Porque yo conozco numerosas páginas creadas por aficionados a la Historia Militar que recogen información primaria en grandes cantidades, grabados antiguos, mapas, información archivada, que a un investigador le resulta muy útil, por tanto, no basta decir las páginas institucionales van a ser buenas las páginas de aficionados no lo son, porque no es en absoluto cierto.

Hay, hoy en día, además, – y eso es el siguiente nivel- , FOROS de Internet, FOROS de discusión, donde es posible encontrar a jóvenes y a mayores, supuestamente aficionados al tema, que demuestran un nivel de conocimiento y de detalle, ¡enorme!

Es cierto que el aficionado a menudo conoce los detalles, te puede decir todos los calibres de los tanques alemanes de la Segunda Guerra Mundial o la capacidad del radio de acción de cualquier bombardero cuatrimotor de la Fuerza Aérea Británica pero, no conoce los contextos logísticos, económicos, sociales, políticos, que permiten esa fabricación de aviones. La cuestión ahí es, básicamente, de formación y de discriminar. Lo que pasa es que – hay que decirlo – todavía no es fácil hacer esa discriminación.

Pero ya digo… No debemos hacer la distinción entre profesionales y aficionados porque hoy en día hay muchos entornos supuestamente aficionados que muestran un nivel de conocimientos sorprendentemente alto.

P.- Este tipo de revistas especializadas ¿generan suficiente industria como para que quien se dedica a ello, de alguna manera, pueda vivir de esas publicaciones?

R.- En el mundo anglosajón hay una enorme industria especializada en armas, en todas las variantes, desde las réplicas para los que juegan a Airsoft (Juegos de Guerra), a los Game Works, los que hacen juego de recreación sobre tablero, los recreacionistas, ¡hay un público enorme!

Y… en el mundo anglosajón en especial, en el mundo francés en menor medida, hay una verdadera industria editorial, a caballo entre la especialización y la divulgación de buen nivel, que sostiene editoriales completas especializadas.

Ese fenómeno se ha trasladado a España, en los últimos años. Editoriales potentes como Planeta, editoriales más jóvenes como Tempus, como Platea, editoriales, casi artesanales, al principio, como la propia Desperta Ferro, han encontrado que hay un hueco de mercado significativo, que permite sostener editoriales, prácticamente especializadas, en temas de historia y… bueno, de Historia Militar de Arqueología Militar, a un nivel de divulgación medio.

Lo que si es cierto es que, si en el campo de las revistas tenemos editoriales como la propia Desperta Ferro, homologable o superiores a cualquier cosa que se produzca en el mundo francés o en el mundo anglosajón, en el caso de la industria editorial, todavía estamos por detrás.

Los plazos de edición y de encargos de libros en las editoriales españolas, son plazos cortos de uno, dos años y se tiende a publicar obras muy generales, pensando que las obras más específicas no van a tener mercado suficiente, no van a tener una masa crítica suficiente.

Eso hace que llega el Centenario de la Gran Guerra y las editoriales españolas publican, quince libros distintos en quince editoriales, todos de la Primera Guerra Mundial, mientras que en el mundo anglo sajón se han producido trabajos mucho más específicos y especializados, – sobre la Campaña de Verdún; sobre Galípoli; sobre el papel de los ferrocarriles en la movilización; la tecnología aérea y el desarrollo de la aviación -, que resultan mucho más atractivos, una vez que el aficionado ha pasado de un nivel de información muy básico a querer profundizar.

Esa es, yo creo, la asignatura pendiente de las editoriales españolas de libros. Publicar libros más especializados encargados a los autores españoles, que hay muchos, perfectamente capacitados y con plazos de edición más largos que los que habitualmente se conceden en la industria editorial española.

Ya hay, en ese sentido, indicios prometedores, yo mismo tengo, ahora mismo, trabajos en curso, con un margen adecuado para poder desarrollarlo al nivel que nos gustaría y que a veces envidiamos en publicaciones británicas, por ejemplo.

P.- Sobre sus últimas publicaciones… ¿Cuál es la última que ha realizado? Y… ¿En qué proyectos está trabajando?

R.- Desde el punto de vista de las publicaciones, si hablamos de obras divulgativas, soy un colaborador habitual de revistas como Desperta Ferro, La Aventura de la Historia, con la cual he trabajado más de una década casi continuamente.

Pero el último libro de divulgación, yo creo que ha sido: ARMAS DE LA ANTIGUA IBERIA. Además ha sido recientemente traducido al inglés – lo cual debo decir que, es “poner una pica en Flandes” que los anglosajones traduzcan un libro de un autor español -, va a salir ahora, en verano creo. Un libro editado por la Esfera de los Libros, que recoge casi 20 años de investigación de manera muy atractiva visualmente y creo que rigurosa. Eso ya tiene algún año de edición, ahora estaban preparando la edición inglesa.

Desde el punto de vista de la investigación, pues no paro de sacar artículos de investigación, pero desde el punto de vista de libros, lo más reciente ha sido una coautoría con Alberto Lorrio y Raimon Graells, sobre unos nuevos tipos de cascos, los llamados CASCOS HISPANO CALCÍDICOS, que hemos estudiado a partir de una serie de restos arqueológicos y de colecciones privadas, que han definido un nuevo tipo de arma en la Protohistoria peninsular y que ha sido publicado por una prestigiosísima editorial alemana, es un libro extremadamente denso de investigación.

Por lo que se refiere, no tanto a publicaciones, sino a… – me decías, creo recordar -, proyectos de investigación…

¡Bien!

Tengo siempre en la tartera, muchos trabajos en curso, pero si tuviera que destacar ahora mismo el más importante que estamos haciendo, es un proyecto de investigación de excelencia, un proyecto de I+D+I, de la categoría de excelencia, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia, en colaboración con un convenio con dos ayuntamientos de la provincia de Córdoba: el Ayuntamiento de Almedinilla y el Ayuntamiento de Cabra.

Llevamos bastantes años excavando dos yacimientos, que además son yacimientos ibéricos asociados a la conquista romana y a su destrucción violenta o abandono, precisamente como resultado del choque cultural, que supone lo que llamamos romanización, que es un fenómeno mucho más violento – muchas veces – , de lo que hemos querido creer.

Hasta recibir los beneficios de la PAX ROMANA, la violencia fue atroz, en el caso de Almedinilla hemos encontrado una verdadera masacre, con cadáveres mutilados, tirados por las calles. Esqueletos que estamos estudiando y publicando.

Y… en los últimos cuatro años estamos excavando en el Cerro de la Merced, también asociado a este proyecto de investigación de excelencia, que es un complejo aristocrático ibérico, del siglo II o I a.C.,, abandonado precisamente y destruido, desmontado, demolido, posiblemente por imposición romana.

No es historia militar, pero si lo es. No es arqueología militar pero si lo es. Porque al no ser la Arqueología Militar la historia de las armas de las batallas, sino de todo aquello que relaciona la violencia aplicada sobre los seres humanos, en contextos civiles o en contextos puramente militares, de alguna manera, también este proyecto, curiosamente, – aunque no empezó así -, se ha convertido en un proyecto asociado a cuestiones de arqueología militar.

También acabamos de publicar… He colaborado con mucho gusto con la Universidad de Jaén, en la publicación del Campo de Batalla de Baécula. Ese Campo de Batalla de la II Guerra Púnica en la provincia de Jaén donde se han desarrollado, a un nivel altísimo de metodología nueva, técnicas para el estudio de un tipo de yacimiento hasta ahora muy poco conocido, que son los “Campos de Batalla Antiguos”. Y creemos haber identificado uno de la batalla de la Segunda Guerra Púnica en la que el hermano de Anibal, Asdrubal, combatió con el gran Escipión “El Africano”.

P.- Despedida: ¡Bien! Pues muchas gracias Profesor Quesada, por su tiempo y por acceder a esta entrevista.

R.- Ha sido un verdadero placer y espero que disfruten de ella, muchas gracias.

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Últimas publicaciones de Fernando Quesada Sanz

  • Raimon Graells i Fabregat, Alberto J. Lorrio, Fernando Quesada. Cascos Hispanos – Calcídicos. Símbolo de las élites guerreras celtibéricas. Catálogos Prehistoria histórico antigüedades, volumen 46, 2014 . ISBN 978-3-88467-230-3.  En: http://shop.rgzm.de/de/cascos-hispano-calcidicos

Recensión del libro:

Cascos Hispanos – Calcídicos. Símbolo de las élites guerreras celtibéricas de Raimon Graells i Fabregat, Alberto J. Lorrio, Fernando Quesada. (Baja directamente al pinchar la dirección en Revistas Científicas Complutenses, en: revistas.ucm.es/index.php/CMPL/article/download/49471/46053

Noticias sobre la aparición del libro y la temática que aborda:

El origen del libro : Noticia del Períodico El Pais . Marzo de 2013.

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José Javier Martínez García

Arqueólogo – Técnico en SIG y Fotogrametría
Profesor de Egiptología en el CEPOAT

 Para Radio CEPOAT: El Canal de la Historia

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