ASIRIA, BABILONIA Y ELAM.

Controlada Siria y convertida en provincia, el asirio Tiglatpileser III se encaró con los medos, llegando a introducirse en el norte iraní y trayendo miles de prisioneros, caballos y ganado. Igualmente, sometió a las tribus que ocupaban grandes territorios en Mesopotamia hasta la frontera con Elam, es decir la Susiana, región a la que habían sido reducidos los elamitas durante el I milenio. La ocupación de estas zonas por parte de Asiria perjudicaba las relaciones entre Elam y Urartu, habiendo podido provocar una migración en masa de pueblos del norte hacia Elam. Tal vez resida aquí uno de las factores que inclinó a los elamitas a aliarse con los babilonios, hostigando a los asirios y fomentando las revueltas entre sus vasallos. Además, Tiglatpileser III prohibió entonces a la ciudad fenicia de Tiro, el comercio con Egipto, cuya importancia se revelará con motivo de la guerra asirio-elamita.

Su sucesor Sargón II pasó sus dos primeros años de reinado luchando con los opositores a su golpe de estado. La situación fue aprovechada por el jeque caldeo de Bityakin, Merodacbaladán II, para hacerse con el trono de Babilonia, ayudado por el rey elamita Ummanigas I. También se rebeló Siria con el apoyo egipcio. Cuando pudo reaccionar, Sargón II se enfrentó al elamita en las afueras de la ciudad de Der. El asirio se jactó de haber aplastado a las fuerzas del rey de Elam y de haber abatido su poderío, pero lo cierto es que salió derrotado, pues la crónica babilónica dice que Ummanigas I acabó con el mandato de Asiria, causando su gran derrota. Merodacbaladán II, que acudía como aliado del elamita, llegó tarde a la batalla. Para controlar la zona, decidió fortificar con plazas fuertes todo el noreste, reocupando y rebautizando los lugares abandonados. Esto le sirvió al mismo tiempo para vigilar a las tribus medas, cuyos territorios se extendían hasta donde se levanta el sol. Tras unas nuevas campañas para reprimir rebeliones en Cilicia e Israel, Sargón II llevaría a cabo la guerra con Elam. Aquí, Ummanigas I había muerto en el quinto año de reinado de Merodacbaladán II, habiendo estado en el trono 26 años.

Fue sustituído por Shuturnahunte I, el hijo de su hermana, un rey que aparece tradicionalmente confundido por los historiadores con Shutruknahunte II, último rey de la dinastía shutrukida. Este rey se unió a Merodacbaladán II en su año doce para resistir a Sargón II, que descendió sobre Babilonia con la excusa de exigir el tributo que el babilonio había decidido no pagar, la cercó, la tomó y se sentó en su trono. Merodacbaladán II huyó durante la noche a Elam y su aliado elamita se refugió en las montañas. Los asirios ocuparon los distritos fronterizos de Elam y se apoderaron de las fortalezas elamitas de Samuna y Babduri -que había levantado Shuturnahunte I- junto con los comandantes y 7.500 elamitas. Merodacbaladán II quisó sobornar al rey elamita para que le vengara, entregándole sus pertenencias reales de plata, pero fue en vano, ya que éste tuvo miedo de los asirios, aunque se quedó con los regalos, al decir del propio Sargón II. Un segundo encuentro con los elamitas tuvo un carácter indirecto. El fallecimiento de Talta, rey de Ellipi, provocó que sus dos hijos se enfrentaran en una guerra civil a causa de sus pretensiones al trono. Uno de ellos, Nibe, pidió ayuda a Shuturnahunte I, que le envió 4.500 arqueros; el otro, Ispabara, solicitó el auxilio de Sargón II, que le mandó a siete generales con sus ejércitos. Nibe fue derrotado e Ispabara se sentó en el trono.

Aprovechando la muerte del rey asirio, Merodacbaladán II, se apoderó de Babilonia con el apoyo del rey de Elam, quien sobornado con oro, plata y piedras preciosas, le envió contingentes de tropas al mando de su comandante en jefe -Imbapa- y diez generales, junto con 80.000 arqueros y numerosa caballería. Pero el nuevo rey, Senaquerib, venció a los babilonios en Kish y expulsó a Merodacbaladán II. Al año siguiente, atacó al país de Ellipi en represalia por la ayuda prestada a los babilonios, devastando la zona y obteniendo, al mismo tiempo, la sumisión de algunas tribus medas. En Babilonia, Merodacbaladán II aprovechó el alejamiento del rey asirio para entrar de nuevo en acción. Senaquerib reaccionó, llevándose cautivo a Belibni y colocando a su propio hijo, Asurnadinshume, como gobernador de Babilonia. Los asirios llegarían hasta la frontera de Elam persiguiendo al caldeo, que se refugió en la corte elamita con todos sus recuerdos de familia, incluídos los huesos de sus antepasados y desapareció de la Historia. Mientras tanto, en Elam, el mismo año en que Asurnadinshume, hijo de Senaquerib, subía al trono de Babilonia, el rey Shuturnahunte I era raptado por razones desconocidas y recluído por su hermano Hallushu. Había reinado durante 18 años.

Tras la desaparición de Merodacbaladán II, la historia de Elam se reduce en lo principal a su guerra particular con Asiria, preocupada por las rebeliones de los caldeos que afectaban a la zona sur de Babilonia y a la ruta comercial del golfo Pérsico. Dado que los elamitas colaboraban con los caldeos y les apoyaban mediante sobornos, los asirios sintieron que Elam era su propio problema y por ello Senaquerib decidió atacar directamente a Elam. A ello se unía, sin embargo, otra motivación. De un lado, Babilonia estaba aliada con Sidón, con lo cual los sidonios utilizaban el Éufrates como atajo para llegar al golfo Pérsico y a la India. De otro lado, los fenicios de Tiro desarrollaban su actividad en el sur junto a Egipto -recuérdese que Tiglatpileser III les prohibió comerciar con Egipto-. Ya con anterioridad, en la época del rey casita Kurigalzu I, los sidonios habían intentado reabrir la vía marítima del golfo Pérsico, pero fueron rechazados porque los babilonios mantenían buenas relaciones con Egipto en aquel momento. Además, Israel controlaba la ruta que iba de Fenicia al golfo de Akaba, en el mar Rojo. Para Tiro, suponía la posibilidad de acceder allí directamente, sin el concurso de Egipto. Así se explica la alianza del fenicio Hiram con Salomón, que estaba, a su vez, en buenas relaciones con la reina de Saba en Arabia. La convergencia en Babilonia de la ruta de la India con la de la seda que pasaba por Elam, preocupaba los asirios. Así, la fuerte coalición Sidón-Babilonia-Elam explicaría el hecho de que Asiria favoreciera la ruta tiria y la diferencia de trato con que los reyes asirios actuaron frente a Tiro y Sidón: mientras Sidón fue arrasada por Asaradón, las rebeliones de Tiro no fueron castigadas, limitándose los asirios a cobrar los tributos atrasados. Ahora bien, puesto que la ruta del golfo Pérsico estaba controlada por los elamitas, que dominaban la costa oriental -lo cual había llevado a los babilonios a pactar con Elam-, para solucionar definitivamente el problema comercial, los asirios decidieron eliminar a Elam.

Senaquerib realizó la primera operación en su sexta campaña, el año 694 a.C., con la excusa oficial de que los caldeos de Bityakin, seguidores de Merodacbaladán II, se habían refugiado en Elam. Efectuó el ataque por mar a través del golfo Pérsico, después de construir los barcos en Nínive y bajarlos por el Tigris, pilotados por fenicios. En la desembocadura esperaba el ejército asirio para embarcar. Luego, se trasladó a la costa elamita, donde se impusieron a una pequeña avanzadilla elamito-caldea en la desembocadura del río Ulai, procediendo a capturar y saquear algunas ciudades fronterizas elamitas -Nagitu, Hilmu, Pillatu, Hupapanu-, pero no alcanzaron Susa. Elam respondió con un ataque que cogió a Senaquerib por sorpresa, haciendo una incursión por el Tigris hacia el norte de Babilonia, saqueando Sipar y cortando las comunicaciones asirias. Además, se apoderó de Asurnadinshume, entregado por los babilonios y llevado a Elam. No se vuelve a saber nada más de él.

En Babilonia, los elamitas entronizaron a Nergalushezib, un exiliado, que se había refugiado en Elam; pero pronto fue expulsado por los asirios. Volvió con refuerzos elamitas, pero fue derrotado, capturado vivo y exhibido en la puerta de Nínive, encerrado en una jaula. El hijo del rey de Elam, al mando de los refuerzos, murió en el campo de batalla. Ese mismo año, en una revolución, el pueblo elamita se apoderó de Hallushu, encerrándolo y matándolo. Había reinado seis años. Eligieron a Kudurnahunte -Kudurru para los babilonios-, un hijo de nadie, elevado al trono con la rebelión. Al año siguiente, para prevenir otra incursión por los elamitas, Senaquerib emprendió un ataque a través del territorio de la ciudad de Der. La idea era recuperar las ciudades fronterizas que Elam se había anexionado en la época de su padre Sargón II. El ataque cogió por sorpresa a Kudurnahunte, que abandonó la capital Madaktu y se refugió en la montañosa Hidalu, aconsejando a la población esconderse en las fortalezas. Senaquerib renunció a perseguirlo, so pretexto de un frío intenso, un terrible temporal, nieve y lluvia. Kudurnahunte no sobrevivió más de tres meses; había reinado durante 10 meses. Fue asesinado en el curso de una insurrección y sustituído por su hermano menor, Menanu. Los asirios le llamaban Ummanmenanu y decían de él que no tenía ni sentido ni juicio. Corría el año 692 a.C.

Mientras tanto, en Babilonia, el general caldeo Mushezibmarduk, elegido entre el pueblo, suscitó una rebelión contra Asiria con la ayuda del rey elamita, comprado con los tesoros del templo del dios Marduk. Mushezibmarduk era un babilonio exiliado en Elam, que tuvo que regresar a Babilonia a causa de las maquinaciones que se urdían contra él en la corte elamita. Habiendo reunido una numerosa tropa de elamitas, caldeos, arameos y babilonios se enfrentó a los asirios en 691 a.C., en las afueras de la ciudad de Halule, al norte de Babilonia. Elam acudía con sus propios aliados, Parsuash, Pasheru, Ellipi y Anshan -que ya no estaba bajo soberanía elamita, sino en poder de los persas de Aquemenes-. Senaquerib, en su rimbombante estilo, hace alusión a una innumerable horda, una gran masa, cual enjambre de langostas, que se abalanzó sobre él como una tormenta cuajada de densas nubes.

El asirio narra la batalla y la subsiguiente matanza, consecuencia de la magnífica victoria que se atribuye, aludiendo a que las pérdidas elamitas ascendieron a 150.000 individuos. Sin embargo, la crónica babilónica afirma que fue obligado a retirarse. Para conjugar estas dos informaciones contradictorias, se ha supuesto que Elam estaba amenazando con una invasión. Desde este punto de vista, el éxito asirio consistió en evitar su avance, pero su regreso a Nínive sin alcanzar Babilonia fue, desde el punto de vista babilónico, una retirada. Tuvo que esperar dos años para poder realizar su famosa campaña devastadora contra Babilonia. Entre las razones de este rey asirio para destruir la capital del mundo antiguo debió pesar la muerte de su hijo a manos de los elamitas, con el dinero de los templos babilonios. Así, en el año 689 a.C. Babilonia fue destruida, sus habitantes eliminados o deportados, los templos arrasados y la ciudad sumergida bajo las aguas. Mushezibmarduk fue capturado y llevado cautivo a Asiria.

Entretanto, en Elam, Ummanmenanu sufría un ataque de parálisis bucal que lo dejaba sin habla. Moriría un año después, el mismo en que Senaquerib destruía Babilonia. Había regido en Elam durante cuatro años. Le sucedió Ummanaldas I, que se mantuvo en el trono ocho años, al cabo de los cuales enfermó al mediodía del día 23 del mes de octubre, muriendo por la tarde. Su hijo Ummannaldas II se sentó en el trono y unos meses después moría Senaquerib.

Cuando su hijo Asaradón intentó que los caldeos de Bitdakuri y los gambulu devolvieran las tierras ocupadas a los babilonios con motivo de la destrucción de la gran ciudad, se produjeron disturbios, que fueron aprovechados por el rey del País del Mar para asediar la ciudad de Ur. Ante la respuesta asiria, el sedicioso Nabuzerkittilishir -hijo de Merodacbaladán II- no pudo resistir y huyó a Elam, donde el rey elamita lo hizo eliminar. Su hermano se asustó y, emigrando de Elam, se refugió en Nínive junto a Asaradón. En relación a Elam, Asaradón tuvo un pacífico reinado. En el cambio de actitud elamita respecto a los babilonios, tal vez tenga algo que ver la nueva postura asiria de reconstrucción de Babilonia, así como la unión de ambas casas reales por medio del matrimonio de Asaradón con una princesa babilónica. De este modo, el comercio se mantenía estable, no siendo viable para los elamitas apoyar nuevas rebeliones de pretendientes al trono de Babilonia, puesto que sólo ocasionaban gastos. Es posible también que Elam y Asiria hubiesen suscrito algún tipo de pacto, dado que el primer año de Asaradón conmemora la venida desde Elam de los dioses que fueron expoliados anteriormente, con excepción de los dioses de Akad, incluída la diosa Ishtar, que lo harían siete años después. El rey de Elam, Ummanaldas II, acabó su vida en su palacio, sin estar enfermo, sino gozando de buena salud, según nos lo dice la crónica babilónica. Fue rey durante 6 años. Su hermano Urtaku se convirtió en su sucesor. Su primera acción de gobierno fue devolver a los dioses de Akad, como manifestación de su voluntad de continuar con la alianza asirio-elamita.

Respecto a Elam, el nuevo rey asirio Asurbanipal intentó seguir la política de su padre Asaradón, firmando un tratado de paz con Urtaku. De este modo, ante las dificultades económicas de Elam debidas a la pérdida de Anshan a manos de los persas -lo que quebrantaba la vía terrestre de la India- y a los estragos causados por la ausencia de lluvias -lo que provocó la pérdida de las cosechas y trajo el hambre-, Asurbanipal le envió grano para salvar la vida de su pueblo y además consintió que la gente que había huido ante el hambre, se estableciese dentro de Asiria hasta que llegaran las lluvias y sobrevinieran las cosechas, devolviéndolos después a Elam. Sin embargo, el rey elamita respondió con una política de agresión. Aprovechando la ausencia de los ejércitos asirios, que se encontraban invadiendo Egipto, creyó llegada la oportunidad de independizar a Babilonia de la férula del poder asirio, asegurando definitivamente la ruta del golfo Pérsico, sobre todo teniendo en cuenta que Anshan ya había escapado al control directo de los elamitas. Al mismo tiempo, apoderándose de Babilonia, mantenía abierta la ruta terrestre hacia el Mediterráneo sin tener que depender de Asiria. En resumen, se revitalizaba la ruta Sidón-Babilonia-Elam. Por todo ello, Urtaku se dejó seducir por las maquinaciones de los dirigentes tribales babilonios y atacó Babilonia en el año 664 a.C.

En cuanto a la política interior, Urtaku necesitaba una victoria para asegurar su posición en el trono, pues las intrigas de los miembros de la familia real, que se confabulaban contra él, provocaban la inestabilidad. Así, su hermano Teuman, que era opuesto a Asiria, utilizaba su influencia para convencer a Urtaku de que apoyara la rebelión babilonia de Nipur y de los gambulu contra Asiria, lo cual le permitiría, en caso de fracaso o de ausencia del rey de Elam, apoderarse del trono. La sorpresa por la actitud elamita y su ruptura del pacto se observa en los escritos de Asurbanipal, que se queja amargamente de su amigo Urtaku, a quien no abandonó y con quien mantenía buenas relaciones, no pensando que pudiera traicionarle, puesto que se había mostrado amistoso. Ciertamente, Asurbanipal disculpa al elamita, diciendo que los culpables de haber engañado a Urtaku y de haberlo arrastrado a una guerra injusta, infringiendo el juramento a los dioses, fueron tres babilonios: Beliqisha -jeque de la tribu de los gambulu-, Nabushumeresh -gobernador de la ciudad de Nipur- y Mardukshumibni -uno de sus propios oficiales-.

Asurbanipal, atareado con egipcios y fenicios, no queriendo creer lo que su amigo elamita estaba haciendo, se cercioró primero por medio de mensajeros, mandando luego un ejército para repeler a Urtaku. Este suceso contribuyó a agriar las relaciones entre Asurbanipal y su hermano Samashshumaukin –rey de Babilonia-, pues tenía claro que éste se había puesto de acuerdo con el elamita. También contribuyó a acentuar la crueldad de Asurbanipal, marcado por las traiciones de su amigo y de su propio hermano. Urtaku fue perseguido hasta los límites de Elam, muriendo poco después de forma desconocida. Se cumplían así los planes de Teuman, que se hizo con el trono e intentó asegurar su posición, tramando el asesinato de los familiares de sus dos predecesores: los hijos de Urtaku -Ummanigas, Ummanapa y Tamaritu- y los hijos de Ummanaldas II -Kudurru y Paru-. Pero estos cinco, junto con otros sesenta miembros de la realeza, acompañados por algunos nobles y arqueros escogidos del ejército, lograron escapar y huir a la corte Asiria donde se les dió asilo.

Teuman exigió la extradición de los exiliados con continuos mensajes a la corte de Nínive, pero Asurbanipal, dado su tono soberbio e insolente, no accedió, decidiendo por su parte invadir Elam. Para legitimar su decisión, el rey asirio se apoyó en una teofanía, un sueño y un eclipse, explicando que había sido la voluntad de los dioses. Estaba además interesado en colocar en el trono a alguno de los hijos de Urtaku, y al mismo tiempo quería aparecer públicamente como víctima ofendida, por lo que lanzó una campaña de desprestigio contra su adversario elamita, diciendo de él que era un usurpador y calificándolo despectivamente: imagen de un demonio, desprovisto de razón, pecador contra el dios Asur, etc., resaltando, de paso, su actitud insolente y su carácter soberbio. Para entonces Egipto se había sacudido el yugo asirio. Asurbanipal no reaccionó, prefiriendo llevar a cabo la campaña contra Elam.

Ante el ataque de los asirios, Teuman intentó oponerse con un contraataque por el norte de Babilonia, pero cuando el ejército asirio llegó a la ciudad de Der, sintió miedo y se retiró a Susa. Los asirios lo acosaron y lo obligaron a salir de la ciudad y presentar batalla en Tulliz, junto al río Ulai. La batalla -año 653 a.C.- resultó desfavorable para los elamitas y Teuman pereció en ella. En el viaje de regreso a Asiria, los asirios derrotaron también a Dunanu, jeque de los gambulu e hijo de Beliqisha -uno de los consejeros babilonios de Urtaku-, que había confiado en Elam y se apoderaron de su capital Shapibel.

Eliminado Teuman, Asurbanipal colocó en el trono elamita a Ummanigas II -el mayor de los tres hijos de Urtaku-, que fue nombrado rey en Madaktu; el menor -Tamaritu I- fue hecho rey de Hidalu, plaza dejada vacante por Ishtarnandi, rey que falleció en la misma guerra que Teuman. Pero Ummanigas II, a quien Asurbanipal hizo muchos favores, no quiso mantener buenas relaciones, sino que se dedicó a maquinar intrigas con Babilonia, aceptando el soborno de manos de los mensajeros de Samashshumaukin y contribuyendo a hacer estallar la guerra de éste contra su hermano Asurbanipal en 652 a.C. El primero en iniciar las hostilidades fue el rey del País del Mar, Nabubelshumate, que debía el trono a Asurbanipal, pero que se había aliado a los babilonios. El general asirio Belibni lo puso en fuga, pero al huir a Elam, se llevó consigo prisioneros a los consejeros asirios, lo cual irritó a Asurbanipal. Por su parte, los elamitas atacaron por el norte. Unidos a los guteos, amorreos y al país de Meluhha, bajo el mando de Undasi -un hijo de Teuman, a quien Ummanigas II envió con la excusa de vengar a su padre, pero con la esperanza de que muriera, como así ocurrió-, se enfrentaron a los asirios en Manqisi, cerca de Der, pero salieron derrotados. Entonces Asurbanipal envió un mensaje a Ummanigas II, que retuvo al mensajero y no respondió. Al mensaje siguió una sublevación cortesana que ocasionó la muerte del rey elamita y de toda su familia. El autor de la masacre era su sobrino Tamaritu II -un hijo de Tamaritu I-, que detestaba a los asirios a causa de la muerte de Teuman; además, guardaba rencor a Ummanigas II por la muerte de Undasi y por sus muestras de sumisión a Asiria.

Tamaritu II se mostró favorable a los intereses de Babilonia, aceptando también los sobornos de Samashshumaukin. Asurbanipal se lamentaba de que no le enviase saludos al subir al trono, pero lo cierto es que no le dio tiempo, pues uno de sus generales, llamado Indabibi, se alzó en armas contra él, forzándolo a huir a Asiria, junto con sus hermanos, su familia, la simiente de la casa de su padre, 86 nobles elamitas y 17 parientes más. A pesar de decir que Tamaritu II era más malvado que su predecesor y que había venido en ayuda de Samashshumaukin, haciendo avanzar sus ejércitos para enfrentarse a los asirios, Asurbanipal tuvo piedad de él y de los suyos y se dignó acogerlo.

El nuevo soberano -Indabibi- mantuvo una actitud ambigua, restituyendo a Asurbanipal los consejeros asirios que Nabubelshumate se llevó prisioneros a Elam, pero rehusando entregar al mismo rey, a pesar de las reiteradas amenazas asirias de invasión. Asurbanipal decidió actuar con la misma ambigüedad, manteniendo buenas relaciones con él, pero no expulsando de su corte a Tamaritu II. Al mismo tiempo, intrigaba secretamente, fomentando la oposición de ciertos miembros de la nobleza elamita. Las maquinaciones de ambos reyes dieron lugar a un estado de paz temporal, que Asurbanipal aprovechó para acabar con la rebelión de su hermano Samashshumaukin. Tras un asedio de dos años, Babilonia cayó y fue convertida en provincia bajo el mando del gobernador Kandalanu. Tras ello, Asurbanipal decidió atacar a Elam para hacerse con Nabubelshumate. Cuando los elamitas se enteraron de que el ejército asirio se había movilizado, se sublevaron contra Indabibi y lo mataron, colocando en el trono a Ummanaldas III, hijo de Atametu, probablemente el arquero de Teuman del mismo nombre.

Asurbanipal le reconoció como rey y le envió un mensaje para tratar del regreso de la diosa Nana desde Susa a Uruk, aunque con resultado infructuoso. Esta era una de las razones por las cuales invadió Elam. Los anales asirios no dan, en cambio, ninguna explicación. Asurbanipal se limita a decir que reclutó sus tropas y avanzó hacia Elam, llevándose consigo a Tamaritu II. Según la correspondencia asiria, en el año 647 a.C. un ejército bajó desde Der hasta Bitimbi -fortaleza elamita situada en la frontera con Asiria- con la intención de distraer las fuerzas de los elamitas a la zona, de modo que el otro ejército, conducido por Belibni desde Babilonia, atravesara el golfo Pérsico y pudiese capturar a Nabubelshumate. Esta era una segunda razón de la invasión de Elam. Belibni no tuvo suerte en su objetivo, conformándose con el saqueo de las ciudades de Hilmu y Pillatu; por contra, la toma de Bitimbi resultó muy rentable, pues el comandante de la fortaleza -Imbappi, yerno de Ummanaldas III- y la mujer e hijos del anterior rey Teuman cayeron en manos asirias. Luego, ambos ejércitos se reunieron y continuaron hacia Susa, obligando a Ummanaldas III a escapar a las montañas. Con los asirios en poder de Susa, se nos revela la tercera causa de la guerra: instalar de nuevo en el trono elamita a Tamaritu II.

A partir de ahora las informaciones sobre Elam se hacen oscuras. Sabemos de la existencia de una rebelión llevada a cabo por Ummanigas III, hijo de Amedirra, que se levantó contra Ummanaldas III, quien lo derrotó en batalla campal. Este mismo levantamiento obligó a Umbahabua, el rey de Hidalu, a huir a la ciudad de Bubilu, donde se nombró rey, aprovechando la ausencia de Ummanaldas III, ocupado en la lucha. Sin embargo, la cercanía de las tropas asirias, que estaban ya en Susa, hizo que huyese asustado, desapareciendo en el mar. Por su parte, Tamaritu II se revolvió contra Asurbanipal, considerando que los asirios -en el regreso a su país-se dedicaban a saquear las pequeñas ciudades elamitas. Planeó asesinar a la guarnición asiria de Susa, pero sus planes se descubrieron. Fue depuesto y enviado por segunda vez ante Asurbanipal, que no menciona el destino que le reservó. Tras la marcha de los asirios, Ummanaldas III regresó a Madaktu desde las montañas. Poco tiempo después, Asurbanipal decidía una definitiva invasión de Elam. La captura de Nabubelshumate, o la devolución de la estatua de la diosa Nana, podrían haber estado en el origen de esta guerra.

Así pues, en el año 646 a.C. Asurbanipal lanzó su ofensiva. En respuesta al ataque, Ummanaldas III abandonó Madaktu, cruzó el río Idide y entró en Durundasi (actual Choga Zanbil), haciendo del mismo río su línea defensiva. Las tropas asirias a la vista del río tuvieron miedo, pero el asirio les dijo que la diosa Ishtar se le había aparecido en sueños y les guiaría. Animados por esta revelación, cruzaron el río y capturaron Durundasi, pero Ummanaldas III por segunda vez escapó a las montañas. El ejército asirio se internó en territorio elamita, hacia Hidalu y Pashime a través de las provincias de Bunanu, Tasharra y Huhnur. Los dioses y las poblaciones de estas ciudades fueron deportados a Asiria. La diosa Nana fue, por fin, recuperada. En el regreso se produjo el famoso saqueo de Elam, que Asurbanipal se deleitó en relatar con sumo detalle.

Los administradores y la familia real fueron deportados a Asiria. El ejército elamita fue incorporado al asirio. El libro bíblico de Esdras cuenta que los deportados elamitas fueron establecidos al norte de Palestina. Ummanaldas III regresaría para volver a reinar por tercera vez sobre Madaktu. Esto obligó a un tal Pae, quizá un gobernante títere asirio, a huir a Asiria. La vuelta del rey de Elam permitió a Asurbanipal escribirle por última vez, pidiendo la entrega del rebelde Nabubelshumate, que se suicidó temiendo que el rey elamita accediera. Su cadáver fue enviado a Asurbanipal.

Una nueva revolución en Elam obligó a Ummanaldas III a refugiarse en las montañas, pues la muerte de Nabubelshumate y el envío de su cuerpo a Asiria le creó una fuerte oposición, ya que él había sido partidario de entregarlo a los asirios. Durante su estancia en la ciudad de Murubisu, la tribu de Ellipi lo capturó y lo entregó a Asurbanipal. La sonada invasión de Elam ocasionó la sumisión espontánea de varios países vecinos, entre ellos el país de los persas, cuyo rey Ciro I, envió a Nínive a su propio hijo Arukku como rehén. De todos modos, la campaña se convirtió a la postre en un grave error político, pues Elam funcionaba como estado tapón frente a los medos que amenazaban el este de Asiria. Cierto que la posesión del sur mesopotámico permitía a los asirios el control de la ruta del golfo Pérsico, pero aún así, la desaparición de Elam como poder político y militar de primer orden fue el principio del fin para Asiria; sin Elam, los asirios ya no pudieron hacer frente a los medos, que acabarían por borrarlos de la faz de la tierra.



 


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