El Castellar (Librilla)

Investigador Responsable:
 Milagros Ros Sala

 El poblado de El Castellar se sitúa 3 km al Noroeste de la población de Librilla, con la que se comunica a través del camino que desde este núcleo se dirige hacia la Casa de El Castellar, localizada en la vertiente noreste del Cabezo de Basón, altura de 300 m sobre el nivel del mar en cuya cima y laderas se localiza parte del asentamiento protohistórico; este se prolonga por toda la zona baja de la ladera oriental del mismo, en la que su conformación amesetada propició la extensión del poblamiento en fases de prosperidad económica y expansión demográfica. Un tercer replanteamiento de la ampliación del hábitat englobó en el mismo el inmediato Cabezo de Lo Pollo que con una altura de 248 m cierra el área de poblamiento a la vez que amplía el área de enterramiento, por el sureste. Los trabajos de excavación han permitido documentar la transición de la Edad del Bronce a la del Hierro, mostrando el carácter netamente local del sustrato poblacional y la base cultural de ese fenómeno genérico y, a la vez, homogeneizador que alcanza su plenitud en el Hierro Pleno y al que se viene denominando cultura Ibérica.

La estrategia eminentemente comercial de su ubicación, lleva a sus pobladores a elegir como asentamiento una zona de alturas medias con un amplio espacio amesetado desprovisto de dificultades topográficas serias, a la vez que limitado y resguardado al sur-suroeste por las profundas paredes verticales que el cauce de la Rambla de Algeziras excava a su paso en las margas calizas que se asientan sobre los yesos de base, mientras que el límite oriental y septentrional lo conforma el estrecho cauce que el agua manada del manantial existente en esta última vertiente ha ido socavando en el terreno aprovechando una falla existente entre yesos y margas al pie de la ladera norte del Cabezo Basón.

En esta última vertiente y en la cima de dicho cabezo parece que pudo iniciarse la ocupación en un momento todavía no preciso del final de la Edad del Bronce. Rápidamente, el habitat se extiende a la ladera meridional de dicho cabezo y, fundamentalmente, en la zona amesetada que se abre en abanico por las cotas menores de aquélla. Esta ampliación del espacio habitado coincide con un momento inicial de la relación comercial que desde mediados del siglo VIII a.C., e incluso antes, las comunidades indígenas del sureste próximas a la costa o situadas en diversos puntos prelitorales bien comunicados con esta, van a establecer con el foco colonial fenicio del Mediodía Peninsular sobre el que van a gravitar los nuevos incentivos económicos que, con mayor o menor intensidad, según las zonas, van a convertirse en el motor del cambio que se producirá desde fines del siglo VIII a.C. y fundamentalmente durante el siglo VII a.C. en el sur y sureste de la Península Ibérica.

Esta fase II de El Castellar de Librilla, en el que la cultura material local está fuertemente enraizada en la cultura del Bronce Final del sureste muestra ya un importante volumen de objetos cerámicos de tipología fenicia llegados en el flujo comercial que con esta orientación se va a mantener ya hasta los inicios del siglo VI a.C. Desde el primer momento la ocupación de estas zonas bajas muestra un carácter estable que adapta el terreno natural a formulaciones constructivas plenamente definidas; así, sobre la base de una planimetría regular, se rebaja ligeramente el terreno natural de manera que el escalón así formado y reforzado por alineaciones de piedras menudas forman los poco consistentes zócalos sobre los que se alzan muros de adobes rectangulares; en un segundo momento, dentro de esta misma fase, el sistema constructivo continua con estas características aunque el espacio que delimitan las estructuras, de planta cuadrangular, es mayor que el de las estructuras de habitación precedentes.

A fines del siglo VIII y durante todo el siglo VII, el poblado vive una fase de amplia expansión económica y demográfica sustentada en la intensificación comercial que se había iniciado en la fase anterior. Si a nivel de la cultura material el ajuar doméstico y suntuario se multiplica no sólo en volumen sino en variedad formal y funcional a la vez que una nueva estética ceramística basada en la oxidación y, por tanto, en el predominio de los fondos claros para estos objetos, va ganando terreno el gusto reductor de la tradición local indígena, con la que llegará a convivir, en el terreno urbanístico va a producirse ahora, en esta fase III de Librilla, no solo la ampliación del espacio en las unidades domésticas -a lo que corresponderían grupos mayores-, sino su ordenación en torno a calles que introduce  un nuevo concepto de espacio común o compartido por la colectividad a través del cual se comunica y con el que, a fin de cuentas, gana terreno habitacional al distribuir en torno a esa calle dos alineaciones paralelas de casas

Además, se diferencian ahora, en las viviendas entre espacio interior de habitación o reunión y recinto externo aledaño con la función más específicamente doméstica de cocina. El sistema constructivo es ahora más cuidado, con zócalos altos de piedra bien careados y alzados de adobe que encierran espacios mayores, y cuyo nivel de suelo es algo inferior al de calle. Detalles como la existencia de escalones en los umbrales de entrada, o de goznes de piedra para las puertas, enlucidos pintados y una cierta complejidad en las cubiertas dan idea del nivel socioeconómico alcanzado en este período. En este último sentido destacan la existencia de hornos de fundición de hierro asociados a estas casas, que implican un alto nivel de conocimiento de la metalúrgia.

A fines del siglo VII a.C. y los inicios del siglo VI a.C. la inestabilidad en las cuatro polis fenicias tienen un lógico reflejo en las colonias occidentales y, como no, en los poblados indígenas cuya prosperidad ha vivido al amparo de su demanda. Estos acontecimientos se reflejan efectivamente en un nuevo momento constructivo -fase IVa- tanto a nivel doméstico -casas de planta rectangular, con divisiones internas murarias, enlucidos pintados bicromos, bancos corridos adosados a las paredes, etc.- como en el aspecto industrial, construyéndose ahora un nuevo horno de fundición a la vez que un gran horno cerámico del que se conservan in situ tan sólo una parte de la cámara de cocción y de combustión así como la totalidad de la de alimentación; el resto fue destrozado por el cauce abierto para la construcción del canal del Trasvase Tajo-Segura que dividió en dos el poblado.

A nivel material este estado recesivo se detecta conforme avanza el siglo VI a.C., de manera que durante el período diferenciado como fase IVb y con la segunda mitad del siglo VI a.C., al amparo de las nuevas instalaciones industriales, aumenta considerablemente sobre el nivel de importación, detectándose a la vez un consumo interno más acusado.

Ya con el siglo V y mediado el mismo, se levantan nuevas construcciones de carácter habitacional, ahora de grandes plantas cuadradas, que conviven espacialmente con el área industrial que no ven cambiar sus instalaciones a pesar de ser esta un nuevo momento de expansión comercial y demográfica en el que se habitan nuevos espacios como viviendas, a la vez que se vuelven a ordenar mediante la construcción de calles empedradas en torno a la que se alinean dos formaciones de viviendas.

Este último momento coincide además con la ampliación del hábitat al otro lado de la rambla de Algeciras y, sobre todo, a la ladera occidental del Cerro de lo Pollo, al amparo de una gran muralla que se levanta ahora en el poblado desde la orilla de la rambla de Algeciras siguiendo la línea de cumbre de este último cerro y cerrando, por el flanco noroeste de la zona amesetada, en las proximidades del extremo oriental del Cabezo de Basón por donde subiría hasta morir en su cima. Este lienzo defensivo delimitó en su exterior una nueva área de necrópolis correspondiente a este período cronológico.

 

 

 

 

Bibliografía

 

Ros Sala, Mª. M, “Informe de la 5ª Campaña de excavaciones en el Castellar de Librilla (1984)”, Memorias de Arqueología 1. Exvaciones y prospecciones arqueológicas, 1987, pp. 130-133.

 

Ros Sala, Maria Milagrosa, Martín Camino, M. y Roldán Hervás, B., “Sexta campaña de excavaciones en El Castellar de Librilla (Murcia)”, Memorias de Arqueología, 2, 1985,  pp. 115-129.

 

Ros Sala, Maria Milagrosa, “Excavaciones en el Castellar (Librilla). Un ejemplo de la transición del Bronce al Hierro”, Revista de Arqueología, 53, 1985, pp. 57-60.

 

Ros Sala, Mª. Milagrosa, “Presencia fenicia en el área murciana: los materiales de la Fase II de El Castellar de Librilla (Murcia)”, II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, Roma, 1987, pp.

 

Ros Sala, Maria Milagrosa, “Continuidad y cambio durante el siglo VI a.C. en el Sureste: la realidad de un poblado indígena (El Castellar de Librilla, Murcia)”, Anales de Prehistoria y Arqueología, 4, 1988, pp.83-100.

Ros Sala, M.M., Dinámica urbanística y cultura material del Hierro Antiguo en el valle del Guadalentín, Murcia, 1989.

Ros Sala, Maria Milagrosa, “El trabajo del hierro en el poblado protohistórico de El Castellar de Librilla (Murcia). I. Análisis arqueológico”, Metalurgia en la Península Ibérica  durante el primer milenio a.C., Murcia, 1993, pp. 71-110.

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