Villae

Los Cipreses (Jumilla)

Gracias al crecimiento de la Arqueología de los últimos 30 años, la Región de Murcia ha podido ser testigo de cómo nuestro conocimiento científico sobre el poblamiento rural del Sureste peninsular en época romana fue tomando forma durante la Antigüedad. Desde que se celebrasen numerosos eventos como las Jornadas sobre el poblamiento rural romano en el sureste de Hispania (ediciones 1993 y 2009), numerosos investigadores han puesto sus esfuerzos en desentrañar cómo se fue desarrollando la explotación agropecuaria mediante el sistema de las villae, especialmente a partir de época augustea. A grandes rasgos, comprobamos en el entorno levantino murciano cómo el núcleo de Carthago Nova actuó como centro catalizador de la economía de toda la zona, éste a su vez rodeado de otra serie de villae maritimae y explotaciones especializadas (cetariae, fliginae) orientadas no sólo a la producción terrestre sino también a la pesca y manufactura de salazones. En todo este paisaje económico-cultural, la villa representa una conjunción de dos formas de representación romanas, por un lado la pars urbana como resultado edilicio del poder del dominus y vivienda residencial de carácter rural, y por otro lado la pars rustica, dedicada a los servicios de todo el complejo. Como resulta evidente, el estudio de la red viaria romana en el área de Sureste de las Península Ibérica está supeditado al gran nodo de conexión político-económica que fue a ciudad de Carthago Nova, eje portuario de gran importancia geoestratégica para el poder romano por sus cualidades como puerto y por servir, a su vez, de entrada a la meseta castellana. La creación de esta ciudad en época púnica facilitó en gran medida la adaptación a los estándares culturales. Aunque, como afirman los arqueólogos Brotons y Ramallo (1989: 103), en un inicio la importancia de esta urbe se debió a su valor como capital púnica en la costa levantina y a la necesidad de mover tropas constantemente durante el desarrollo tanto de la II Guerra Púnica como de la propia conquista de Hispania, fue su evolución como nodo comercial romano lo que la hizo tan importante, especialmente por las excepcionales condiciones que ofrecía el puerto natural (Estrab., 3.4.6). Una vez transformada en colonia en el año 42 a.C., la ciudad vio crecer su poder al calor de las riquezas mineras del plomo y la plata en las sierras circundantes. Tras la gran acometida administrativa realizada por Augusto comenzó en un periodo diferente, coincidente con una fase de gran auge de la ciudad y sus alrededores, durante la cual empezó a desarrollarse con mayor perfección una red eficiente de conexiones territoriales por tierra y mar. El periodo altoimperial trajo a la Península Ibérica una estabilidad que benefició a Cartagena, capital de conventus en la cual se gestionaba políticamente todo un gran hinterland (Plin., N.H., 3.25), de ahí la necesidad de tener una buena red viaria que la conectase, como se constata en otros ejemplos de la Baetica durante la Antigüedad (Cortijo, 2008). Por otro lado, el puerto gestionaba gran parte de las salidas y entradas de bienes mercantiles exportados e importados (Estr., 3.4.6), por lo que no solamente tenemos que fijarnos en la parte centrada en los grandes ejes viales sino también en aquellas vías menores que actuaban como capilares entre grandes calzadas y las villae, entendidas como principales productores económicos agropecuarios (García-Entero, 2019: 27) y modelos de ocupación del territorio (Revilla, 2010). Como hemos mencionado, el estudio viario no puede separarse del poblamiento rural del ager Carthaginiensis, por lo que resulta necesario hacer un breve repaso de su evolución histórica y al entorno geográfico sobre la que se asienta. A este respecto escribe el profesor Noguera Celdrán et alii: “No es posible comprender las urbes sin la economía agrícola-mercantil de las áreas rurales y estas no se pueden entender sin la demanda y el marco organizativo e institucional emanado de las comunidades cívicas. Campo y ciudad son perspectivas poliédricas de una misma entidad social y económica: la del Imperio Romano entre los siglos I al IV-V d.C. La Hispania romana no fue ajena a esta realidad” (2019: 13).

En conjunto, tenemos documentadas en toda la Región de Murcia las siguientes villas:

  • Villa de Algezares
  • Villa de Asunción
  • Villa de Betania
  • Villa de Canara
  • Villa de Fuente de la Teja
  • Villa de Fuente de las Pulguinas
  • Villa de Fuente del Pinar
  • Villa de Gales
  • Villa de la Casa de la Ermita
  • Villa de la Cuesta de Galifa
  • Villa de la Hoya
  • Villa de la Ñorica
  • Villa de la Poza
  • Villa de la Puebla
  • Villa de La Quintilla
  • Villa de la Raya
  • Villa de la Vía
  • Villa de los Alcázares
  • Villa de los Cantos
  • Villa de los Cipreses
  • Villa de los Madereros
  • Villa de los Percheles
  • Villa de los Ruices
  • Villa de los Torrejones
  • Villa de los Villares
  • Villa de los Villaricos
  • Villa de Mena
  • Villa de Ponce
  • Villa de Rihuete
  • Villa de Torre de Sancho Manuel
  • Villa de Velillas
  • Villa de Venta Aledo
  • Villa de Venta Ossete
  • Villa del Alamillo
  • Villa del Canal
  • Villa del Canal
  • Villa del Caraleño
  • Villa del Casón-Pedregal
  • Villa del Cejo Cortao
  • Villa del Cerco
  • Villa del Huerto del Tío Paturro
  • Villa del Martyrium de La Alberca
  • Villa del Pocico
  • Villa del Pulpillo
  • Villa del Río
  • Villa del Salero
  • Villa del Villar
  • Villa frente al Cigarralejo
  • Villa junto a finca de Torre
  • Villa junto a la Almagra
  • Villa Marisparza
  • Villa Pelegrín
  • Villa romana de Anaón
  • Villa romana de La Cierva
  • Villa romana de Yechar I
  • Villa romana de Yechar II

Villae registradas en la Región de Murcia (marcadas en negrita, vid. supra), recogidas en la publicación científica Villae. Vida y producción rural en el Sureste de Hispania, coordinada por el profesor de la Universidad de Murcia, Dr. Jose Miguel Noguera Celdrán (2019).