DESCRIPCIÓN

El edificio, que se encuentra en el ángulo nororiental del recinto, es de planta rectangular con cripta además de un ábside en su lado menor Oeste. El mausoleo se orienta en dirección E-W con una pequeña desviación y tiene unas dimensiones de 12,35m de largo y 7,60 de ancho. La  cripta y los muros de fundamento todavía se encuentran en buen estado. Hay cinco pilares de refuerzo en cada una de las dos paredes exteriores, y también cinco pilastras en el lado  menor  occidental.  En el lado menor oriental no hay ninguna articulación de pilares, sino que se abre la entrada, que está muy destruida.

Por aquí se bajaba por unas escaleras hacia la construcción subterránea, que estaba formada por la cripta rectangular con cuatro tumbas y el recinto del ábside con el que no había comunicación. Para compensar la diferencia de  nivel  del suelo y la entrada en la cámara subterránea del mausoleo se tuvo que haber levantado una escalera de la que no ha quedado rastro. También es dudoso ubicar la posición de otra escalera que llevara hacia la segunda planta. A través de la entrada, construida en piedra de sillería, se pasaba a un vestíbulo previo a la cripta, de 2 m de largo y 1,83 m de ancho. Aquí es donde se encontraron restos de mosaico, unas pocas líneas de teselas blancas y negras, que permiten suponer un suelo cubierto de mosaico, pero no qué forma tendría. Las paredes son de mampostería, están coronadas a una altura de 1,48 m por dos capas de ladrillo, sobre las cuales a 1,60 m sobre el nivel del suelo se levanta una bóveda también de mampostería.

La cripta, sobre la que arrancaba la bóveda, está bien conservada y tiene unas dimensiones 3,85 de largo y 3,44 de ancho. El suelo se encuentra 13 centímetros más  bajo que el suelo del vestíbulo  y había tenido un mosaico a base de teselas de piedra y vidrio (que Fuentes y Ponte vio en 1892), de las cuales todavía quedan algunas en el ángulo suroriental de la sala.

Las tumbas están construidas en grandes bloques de piedra caliza y están orientadas en dirección N-S. Se construyeron contemporáneamente a la cripta, pero las cámaras funerarias no debieron cerrarse al mismo tiempo. Es de suponer que pertenecieran a miembros de una misma familia que se enterrarían en distintos momentos, sólo cuando los cuatro sepulcros estuvieran sellados se cubriría el suelo con mosaico. Todas las tumbas tienen una anchura  interior  de  90 cm y una longitud de 2,42 m y una altura de 1,05 m. Las losas tienen un grosor de 25 cm. La calidad de las tumbas es muy buena, presumiblemente fueron saqueadas en la Antigüedad, ya que ni siquiera los informes del siglo XIX dicen nada significativo de su interior.

Las paredes de la cripta están hechas de mortero y mampostería y siguen la técnica opus spicatum, muy común en el Bajo Imperio. Los restos que se conservan del arranque de la bóveda permiten ver que ésta estaba enlucida, aunque no puede saberse si hubo o no decoración pictórica. Un muro occidental separa la cripta del recinto absidial. El ábside, que se encuentra más alto que el arranque de la bóveda, tiene un revestimiento rectangular al exterior  que sobresale 1,40 m y no tenía comunicación con la cripta. Es seguro que el mausoleo tuvo un segundo piso. Lo masivo de los muros y los pilares salientes (el grosor de las paredes de la cripta es de 1,12 m. en el lado norte y de 1,15 m. en el oeste) apuntan a la existencia de un piso superior.

Una necrópolis, cuyas tumbas —hechas con mampostería y mortero— no aportaron ningún material, cierra el lado sur del mausoleo. Tres tumbas están adosadas directamente al martyrium entre las pilastras. En la esquina suroccidental se dispone un muro, que encierra una tumba de niño, el resto de las tumbas no están adosadas al monumento y se disponen paralelas o transversales a él. Como ya hizo observar Schlunk, el monumento hallado en La Alberca  que  recuerda  indudablemente al tipo de martyria de planta  rectangular, tan conocidos en el mundo  cristiano,   con   muchos   precedentes helenísticos  y  romanos.   Incluso  la  necrópolis aneja  responde  al  tipo  de sepulturas ad sanctos, lo que indica una posible construcción martirial. Vincular el monumento a construcciones martiriales bien documentadas ayudará a concretar la cronología del mausoleo, y además su función, como probablemente martirial, cosa que vamos a discutir seguidamente.

PROBLEMAS DE CRONOLOGÍA Y TIPOLOGÍA

En un primer momento C. de Mergelina atribuyó al monumento funerario de La Alberca una cronología muy tardía. En virtud de los hallazgos arqueológicos en torno al martyrium (principalmente dos fustes de  columna  de época tardía, que realmente no pertenecían al edificio), y de la  proximidad  de la Basílica de Algezares del siglo VI, había que pensar en la época de la provincia bizantina en Hispania. Citando a Mergelina con sus propias palabras: «Tan solo queremos anotar que, de este mismo lugar, proceden dos magníficos fustes y ricos capiteles (…) cuyo bizantinismo es patente, y que a poca distancia de La Alberca, en Aljezares, estudiamos una basílica que creemos haber fechado con cierta seguridad en el último tercio del siglo VI, época ésta de mayor  esplendor, en los dominios bizantinos de España». De esta manera, Mergelina consideraba las características del monumento como de un «bizantinismo notorio».

Sin embargo H. Schlunk propuso para este monumento la fecha de la primera mitad del siglo IV descartando cualquier posibilidad de «bizantinismo». Había varias razones para trasladar la cronología del martyrium hasta el siglo IV: la primera y más importante incumbe a la tipología arquitectónica del martyrium, además había que tener en cuenta la técnica constructiva y los materiales empleados.

La tipología arquitectónica

La propia tipología arquitectónica del monumento y su organización recordaban al mundo paleocristiano y no al bizantino. Los paralelismos remiten ciertamente a otras construcciones martiriales de planta rectangular bien conocidas, como los de Pecs (Hungría) y Marusinac (Salona), fechados con seguridad en el siglo IV, y que realmente son muy  similares al edificio de la  Alberca:

«De los dos únicos ejemplos análogos que conocemos hasta ahora —decía Schlunk en 1947—, de los mausoleos- martyria de Marusinac y Pecs, el uno data de la época de entre 304 y 313, el otro es seguramente anterior al año 400.

Nuestro edificio está, además, orientado, pero hacia el oeste, o sea la fachada al este, lo que se compagina  bien con una cronología dentro del siglo IV, incluso más bien en su primera mitad. Después del siglo IV son muy pocos  los santuarios orientados en este sentido; en España no conozco ninguno». Estos criterios  tipológicos  para  establecer  la función martirial del edificio los desarrollaremos con más detalle al hablar de los paralelismos arquitectónicos  fuera de la Península Ibérica.

La técnica constructiva empleada

Por otra parte, y aunque los  mosaicos asociados al martyrium habían sido destruidos casi en su totalidad, el que su mera presencia esté atestiguada podría ser indicio para una fecha más temprana de la que proponía Mergelina, puesto que, desaparecida en España la tradición musivaria al parecer relativamente pronto, no se conocen más ejemplos ejemplos  de  la  misma  a  partir  del  siglo V:

«(…) mosaicos que suponen una tradición artesana continuada de mosaístas, que no puede improvisarse, conozco en España en los siglos IV y V, pero ningún ejemplo seguro posterior, y parece realmente  que  esta  técnica desapareció relativamente pronto. Ninguna iglesia visigoda del siglo VII ofrece los menores indicios de haber sido solada de mosaico, ni los conocemos en las fechables del VI, como San Pedro Alcántara, Alcaracejos, Casa Herrera o Algezares, siendo los últimos grandes mosaicos los de  iglesias de  Son Peretó  y Santa María, en Mallorca y Santa María de Tarrasa, ninguno de los   cuales parece   posterior   al   siglo   V.».

Los lechos de mortero empleados en la construcción del martyrium., «de un grosor tan considerable, que alcanza e incluso supera el de los ladrillos» seguían la técnica «típica en la época bajorromana»,  y  son característicos en edificios del siglo IV. La técnica  constructiva de las tumbas adosadas y del mismo martyrium, así como el uso del opas   spicatum   apuntaban   igualmente hacía el siglo IV.

Fuente: MOLINA, J. A., El Martyrium de La Alberca. Cuadernos de Patrimonio Histórico-Artístico de Murcia, nº 2, Murcia 2004. Editado aquí en versión digital por cortesía de la Asociación Patrimonio Siglo XXI