Yo soy de Ciencias (… y también de Letras) por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 3 de junio de 2017

Jamás he escuchado frase tan desafortunada como la archiconocida “Yo no sé de eso, soy de Letras”, cuando apenas se le ha preguntado por cualquier trivialidad relacionada con un porcentaje, el cambio climático o un interés bancario. Y, sin embargo, jamás he escuchado “No, no lo conozco, soy de Ciencias” al ser interpelado por el último Nobel de Literatura. Ser de Ciencias o de Letras no imprime carácter, ni supone preponderancia de una sobre otra, ni son excluyentes. Más bien son dos dimensiones necesariamente complementarias en pos de una búsqueda, que debería ser incesante, por ser cada día más instruido. O incluso, “tanto monta, monta tanto”, pues recordemos que el saber no ocupa lugar y que cada ciudadano es más libre cuanta más cultura posee.

Desgraciadamente, no es este el camino imperante en la educación española, ni secundaria ni universitaria, ni lo será a tenor de las recientes noticias sobre las reformas que nos amenazan. Cada vez la parcelación es más acusada y favorecida desde los años más jóvenes. Las rebajas imperdonables tanto en la cultura del esfuerzo como en los niveles de exigencia nos abocan sin remedio a una sociedad adocenada, con escasas, pero afortunadamente brillantes excepciones, fácilmente manipulable.

Estoy harto de escuchar que “los jóvenes de hoy están mejor preparados que en cualquier época anterior”, afirmación rotundamente falsa como muestra cualquier informe serio, por ejemplo, PISA. Es cierto que manejan muy bien las tecnologías de las comunicaciones y las redes sociales, pero hay un abismo entre eso y tener un mínimo de cultura. No tienen hábito de lectura, lo que les lleva a tener dificultad para entender el planteamiento de un problema, sin hablar de resolverlo o de redactar una posible solución razonada.

Ser de Ciencias es algo más que saber hacer una raíz cuadrada, comprender a Kant, resolver una ecuación de segundo grado, leer a Borges o entender las teorías de Einstein. Significa tener una mente y una actitud vital sujetas al método científico, es decir, a la búsqueda de la verdad por senderos experimentalmente válidos, prestos a retroceder cuando la prueba demuestre lo contrario. En definitiva, adoptar un compromiso de vida donde el esfuerzo, la sana competencia, la integridad y la rectitud sean los parámetros que rijan la consecución de los objetivos.

Ser de Letras significa exactamente lo mismo, pues aprender de Platón, apreciar el románico o meterse en las entrañas de Gaya es perfectamente compatible con maravillarse, y disfrutar, de las leyes de Maxwell y de las ondas gravitacionales.