Vida con silicio por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico de número

El carbono y el silicio están próximos en la Tabla Periódica de los Elementos y presentan similitudes en su organización atómica. La vida en la Tierra se manifiesta en estructuras formadas por compuestos orgánicos que contienen carbono, pero como el silicio y el carbono comparten propiedades comunes (incluyendo la capacidad de originar grandes moléculas), se ha especulado sobre la posibilidad de encontrar formas extraterrestres de vida basadas en el silicio en vez de en el carbono. Sin embargo, el silicio parece presentar problemas de difícil solución para sustentar procesos vitales y, probablemente por eso, la evolución biológica terrestre se ha basado solamente en compuestos carbonados. En primer lugar, se requiere mucha más energía para romper un enlace entre silicio y oxígeno que entre el carbono y oxígeno. Además, el silicio oxidado da lugar a una sustancia insoluble (el dióxido de silicio o sílice), mientras que el carbono origina un gas (dióxido de carbono). La rotura de esos tipos de enlace y las oxidaciones indicadas son procesos comunes en la química del carbono que sostienen la energética de la vida en la Tierra. Por tanto, si existieran organismos con una bioquímica basada en el silicio, tales seres serían anaerobios o, alternativamente, harían frecuentes depósitos sólidos de sílice durante su respiración. Esta posibilidad tan extraña recuerda relatos futuristas de H.G. Wells sobre la llegada del hombre a planetas habitados por seres sorprendentes.

Sin embargo, existen en la Tierra organismos que hacen buen uso del silicio como sustituto del carbono. El silicio es la base de dispositivos de inteligencia artificial desarrollados por el hombre y uno de los elementos más abundantes del planeta. Bajo forma de sílice, el silicio representa el principal componente de los cristales de nuestras ventanas y de cada grano de arena de los desiertos. Pero es también un material estructural de protección en algunos seres vivos microscópicos, como las diatomeas, que son microorganismos unicelulares frecuentes en ambientes acuáticos y que forman parte del plancton. Las diatomeas se encierran entre dos valvas silíceas como sistema mecánico de defensa. Estos seres fotosintéticos son un eslabón importante de la cadena alimenticia en la naturaleza y los responsables de la cuarta parte del carbono fijado en el planeta. Aunque invisibles a simple vista, resultan organismos fascinantes bajo el microscopio por la belleza de las variadas formas de su elaborada envoltura silícea.

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el día 5 de diciembre de 2015