VERDAD, CERTEZA Y GÖDEL por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Al conocimiento llegamos a través de la adquisición de información sobre elementos, relaciones, procesos e interacciones, de forma que podemos comprender para después interpretar y, finalmente, compartir con nuestros semejantes. Sujeto y objeto del conocimiento se relacionan de forma distinta según el ámbito en el que se trate, estando bien separados si se trata de Ciencias Naturales, mientras que sujeto y objeto coinciden en el caso de las llamadas Ciencias Sociales. Según la importancia relativa que demos a estos dos elementos conjugados, denominaremos conocimiento objetivo, caso de predominar las características del objeto y subjetivo cuando es el sujeto el determinante, a través de su percepción. En el primer caso, es posible un nivel más fino, todavía y se puede pensar en la interobjetividad si se logra la independencia del sujeto implicado, aunque no decimos objetividad absoluta, por tratarse de aspectos científicos y no filosóficos, ni mucho menos, en modo alguno, si8 fueran teológicos. Seremos respetuosos, aún cuando no es demasiado frecuente encontrar un tratamiento equivalente de los otros ámbitos.

Es, justamente, al amparo del binomio objetivo/subjetivo que se suscita la calificación de verdad y certeza. Certeza y verdad son dos términos a menudo intercambiados, aunque no necesariamente son intercambiables. No siempre es posible hacerlo y, en muchas ocasiones, genera confusión. La certeza tiene que ver con la actitud de una persona hacia una proposición, enunciado o hecho, de forma que no se duda sobre su contenido. La verdad, lejos de ser una característica asociada a una persona, es una propiedad objetiva. La certeza es un estado subjetivo, de forma que es el convencimiento el que impulsa el sentimiento que nos lleva a aceptar. Cuando hablamos de verdad, hay que traducir que nos movemos en el ámbito de los datos y hechos objetivos, suministrados por el objeto. La certeza es una convicción del sujeto, mientras que la verdad es un conocimiento objetivo y compartible, intersubjetivo.

Ahora bien, la noción de verdad es problemática. No se trata, solamente, de cómo se establece la objetividad, sino que el avance del conocimiento hace variar la referencia de la objetividad, al menos en su interpretación, que enmarca a la verdad, conforme se van desvelando incógnitas y el grado de conocimiento aumenta. Esto nos lleva a considerar si la verdad es una hipótesis o conjunto de ellas que no ha/n sido refutada/s. Pero si estos enunciados son válidos en un marco clásico, la Mecánica Cuántica introduce una matización con la incertidumbre, que incorpora extrañeza sobre que algo pueda ser, en última instancia, verdadero. La lógica atraviesa momentos de incertidumbre, como ha dejado patente Gödel, por si ya fuera poca la incidencia del Principio de incertidumbre de Heisemberg. Pero, en todo caso, no es posible pensar que se conoce algo de cuya verdad no estamos seguros. Lo primero que requiere el conocimiento es “verdad”, adecuación entre el entendimiento y la cosa, de forma que lo que como sujetos afirmamos se corresponde con lo que las cosas son en realidad. Finalmente, requerimos, también, la evidencia, que garantice de forma inequívoca la verdad que se instala en nuestra mente. Es de esta forma que la realidad objetiva se puede imponer en nuestro pensamiento. Por último, y como actitud o sentimiento implicados en la mente que asiente el contenido de un juicio, surge la certeza, siendo, pues, una actitud de la mente al aceptar un pensamiento, excluyendo cualquier temor a que sea falso o lo contrario. Un excelente ejemplo es la certeza de Newton sobre la ley de la gravitación que, al ser consecuencia de una demostración, era una certeza científica.

Según Gödel, dos sistemas de axiomas pueden ser consistentes (no se sigue ninguna contradicción) y su suma no serlo. Si existe la verdad, alguno de los sistemas de axiomas contiene uno falso. Es por ello que, el que sea verdadero el sistema de axiomas es necesario, pero no suficiente para ser consistente. La verdad es una categoría superior a la demostrabilidad y la intuición nos permite ir más allá de las limitaciones de un sistema matemático formalizado. Penrose utilizó el argumento de Gödel para demostrar que la mente no funciona algorítmicamente.