Universo habitable por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Vivimos bajo la amenaza del cambio climático. Aunque la duración de la vida humana es ridícula en términos geológicos, parece que percibimos los cambios. La temperatura media de nuestro planeta depende del flujo solar y de la composición atmosférica y, por tanto, de los mecanismos de emisión y atrape de radiación por parte de la atmósfera, especialmente mediante el efecto invernadero. Si el agua líquida es el disolvente necesario para la vida conocida en la Tierra, la temperatura debe mantenerse por encima de 273 K. Para ello se precisan dos cosas: un flujo solar permanente y un efecto invernadero que debe también ser constante o, debe ser capaz de adaptarse a los cambios del flujo solar. Si el agua es fundamental para la vida, la distancia de un planeta a la estrella de la que recibe la radiación debe ser aquella para la cual la temperatura superficial es superior a 273,15 K e inferior a 373,15 K. Esto define la zona habitable alrededor de una estrella. Los límites mínimo y máximo de la zona habitable para el Sol se establecen mediante el balance de la energía que llega a una distancia, la fracción de radiación absorbida y la reemitida, que a su vez, es función del contenido de aguadióxido de carbono de la atmósfera. Si hacemos los cálculos obtenemos una distancia exterior o máxima de 1,72 UA (la temperatura es superior a 273,15 K) y una interior de 0,92 UA (la temperatura es inferior a 373 K). El interés de esta estimación es doble. Por un lado 1,72 UA incluye la órbita de Marte (saquen consecuencias sobre la vida en Marte). La luminosidad del Sol en sus inicios pudo ser un 30% inferior a la de hoy y como actualmente está disminuyendo, ha debido pasar por un máximo. La Tierra pudo estar hasta 2000 millones de años por debajo de 273 K. Al aumentar la luminosidad del Sol aumentó la dimensión de la zona habitable, alcanzando a Marte, para después reducirse de nuevo al envejecer. Por otro lado la estimación supone constantes el albedo y el efecto invernadero, que no lo son en modo alguno (saquemos consecuencias sobre nuestra actuación con la atmósfera y el biosistema). Por azar estamos en la zona continuamente habitable, ¡no tentemos la suerte!