UNA OBLIGACIÓN AMBIENTAL por el Prof. Dr. D. Carlos García Izquierdo, académico de número

Nuestra estructura industrial y social hace complicado ir al deseable “Residuo Cero”, y por ello nuestro día a día genera residuos. De todos los existentes, aquellos orgánicos son importantes porque tienen un origen diverso (urbano como residuos domésticos o lodos procedentes de depuración de aguas; animal como los estiércoles y purines; o agrícola o agroalimentario), se producen en cantidad elevada, y se generan de manera diaria y puntual. De no darles una solución adecuada pueden causar graves problemas como malos olores, o incluso ser focos de infestación pudiendo perjudicar a la salud. En la actualidad, la gestión y manejo de los residuos que producimos supone ingresos muy apetecibles para quienes los gestionan; un ejemplo de ello son las multinacionales que hay detrás de este negocio. Pero si bien la mencionada gestión de residuos cuenta con una vertiente económica clara, esto no debería ser el único argumento (ni el más importante) para abordar dicha gestión de la forma mejor y más sostenible posible, permitiendo convertir los residuos en recursos, y buscando su valorización cuando sea posible. Necesitamos pues dar salida a los residuos de manera eficaz, evitando siempre cualquier riesgo para los ecosistemas implicados. La investigación científica aporta conocimiento a las posibilidades para acometer la valorización de residuos orgánicos, consiguiendo así una economía saludable y activa ligada a los mismos, capaz de generar puestos de trabajo dentro de una perspectiva social y ambientalmente correcta. Como ejemplo se puede citar la obtención de bioenmiendas y fertilizantes agrícolas a partir de algunos residuos orgánicos, conseguir energía mediante su biometanización (biogás) o producción de bioetanol, o la obtención de productos con valor añadido a partir de ciertos residuos con características idóneas para ello. Hoy en día existe bastante caos en la gestión y valorización de residuos orgánicos a nivel europeo, nacional y autonómico, debido al desigual criterio tanto en países europeos como en comunidades autónomas. Ello complica la buena gestión de todos nuestros residuos orgánicos (de todos, no de unos pocos), lo que sería deseable, y podríamos decir que obligatorio. Más vale que esto lo tomemos en serio; si lo hacemos podremos tener una sana economía a partir de los residuos (orgánicos), sostenible, con futuro y generadora de riqueza y trabajo. Si no gestionamos nuestros residuos de manera correcta podríamos tener problemas ambientales muy serios. Y recordemos que “Nunca pasa nada, hasta que pasa”.