UNA LUZ NO USADA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

El término griego Kristallos, cuyo significado es hielo, da nombre al cuarzo, el mineral más abundante en la corteza terrestre. Está integrado en materiales magmáticos como granitos, cuarcitas, dioritas, etc., así como en vetas sedimentarias y en filones hidrotermales. El cuarzo es trigonal, presenta brillo vítreo, es blanco transparente o lechoso;  la raya en él es blanca y la dureza 7 en las escala de Mosh (solo por debajo de topacio, corindón y diamante) y la fractura concoidea. La amatista que se encuentra en los intersticios de las rocas volcánicas es una variedad de cuarzo cristalizado, transparente, de color violeta y apreciado en joyería, aunque lo más importante es que sirve de fuente para obtener sílice que, además de emplearse en la industria electrónica, gracias a sus características piezoeléctricas, se emplea profusamente en la fabricación de vidrio.

 

El vidrio es un material muy extendido en nuestra sociedad. El vidrio ha sido decisivo en la Historia de la Humanidad. Ha incidido en la tecnología y la forma de contemplar la Naturaleza. Desde lo más diminuto, como los microscopios, a lo más espectacularmente grande, como los telescopios, el vidrio ha encontrado zonas en las que aportar su concurso.  A partir de una mezcla de arena silícea o arcilla (silicoaluminatos complejos) y óxidos metálicos pulverizados e introducidos en un reactor de fusión que trabaja a temperaturas que superan los 1000ºC- 1500 ºC, se obtiene un material amorfo, fundido, como un líquido viscoso, que se torna transparente y al enfriarse va adquiriendo consistencia y adaptando se a la forma del continente. En función de las arcillas originales, se concretan los distintos tipos de vidrio. El vidrio sódico-cálcico; el calcio lo hace insoluble en agua; es el propio de las ventanas. El vidrio de plomo, sustituye el calcio por plomo; es transparente pero más denso, con mayor dispersión y refracción de la luz. Se emplea en la óptica de las cámaras fotográficas. Requiere temperatura de trabajo inferior y es fácil de grabar. Vidrio de borosilicato, compuesto por sílice y boro; se emplea en los utensilios de cocina para utilizar en hornos y en material de laboratorio, al resistir el calor y los cambios de temperatura. El vidrio de sílice, que es el más puro que existe y contiene hasta un 95% de sílice; es el más duro y la temperatura para reblandecer supera los 1500 ºC; se emplea en filtros ultravioleta, vidrios de horno y lámparas germicidas. En cuanto a las aplicaciones hay una gama extensa, desde los vidrios de seguridad o templados, hasta los blindados, aislantes, etc

 

La transparencia y la densidad del cristal de roca ha sido objeto de imitación en el mundo del arte. Se agregan sustancias que disminuyen la temperatura de fusión o para formar otras de muy alto punto de fusión, o bien para reaccionar con los elementos que permitan la extracción de integrantes presentes, que resultan indeseables o inadecuados, cuando se trata de fundición de menas. Se denominan fundentes. El hidróxido sódico y el potásico, libres de metales logran la transparencia. La sosa cáustica se obtuvo de la denominada barrilla o escarcha, planta muy cultivada en la segunda mitad del siglo XVIII en España, propia de terrenos salitrosos o en marismas. Muy frecuentes en Canarias, aunque se cultivó en Levante y la Mancha y se empleó para obtener sosa cáustica para jabones, tintes y en la fabricación de cristal de calidad (la leyenda narra que el cristal de Venecia se fabricaba con el concurso de sosas que provenían de Baza, en Granada). Las plantas se secaban y se quemaban y se obtenía la sosa por compactación de las cenizas. Se requería habilidad, la de los maestros barrilleros, para que la quema de las plantas no acabara en cenizas inservibles. En Canarias, las semillas de las plantas barrileras se empleaban para producir el famoso gofio, que usualmente es una harina de semillas tostadas de trigo y cebada, aunque las semillas de la barrilla también servían en écpocas de hambruna como en las guerras tanto mundiales como nacional. Una planta similar en Canarias es el cosco y el gofio que se obtiene a partir de ella se denomina gofio de vidrio, que soporta la leyenda (documentada) de que en el xiglo XIX fue prohibida su recolección y motivó levantamientos que desencadenaron un litigio judicial en 1829 denominado motín de Guriane, que reunió hasta 400 vecinos que defendieron el uso y disfrute de los bienes comunales, como derecho irrenunciable. Hubieron detenidos y encarcelados. El cosco produce un color rojo vivo, mientras que la barrilla produce un color verdoso.

 

Los vidrios coloreados presentan transparencia y claridad, y la coloración la aportan los componentes metálicos o, en general, por la adición de iones que se le agregan cuando se produce. En casos, tiene lugar la precipitación de coloides nanométricos como en los denominados “oro rubí”  o el rojo “selenio rubí”.  El ordinario es de sosa-caliza y cuando es fino es incoloro, aunque contenga impurezas de óxido de hierro, que dan esa tonalidad verdosa que se aprecia mejor cuando el vidrio es grueso. En todo caso, son muchos los materiales que se agregan. El óxido de hierro produce un azul verdoso usado en las botellas de cerveza, que es más intenso si se agrega, además, cromo; usado en las botellas de vino. El azufre además de sales de hierro y carbono da lugar a los polisulfuros de hierro y una gama de colores entre el amarillo y el negro, entre los que figura el ámbar. El vidrio de borosilicato junto con azufre da un color azul, mientras que si se agrega calcio produce un color amarillo intenso. El manganeso, de color negro, suprime el verde debido al hierro, cuando la concentración es pequeña y pasa a color violeta propio de la amatista. El manganeso también proporciona un color violeta, conocido desde tiempo de los egipcios. También se agrega como dióxido de manganeso, que es un sólido negro (pirolusita), para eliminar el color verde del vidrio, pasando a permanganato de sodio que es de color morado oscuro. Es una reacción lenta y se aprecia el cambio de color en los cristales de algunas ventanas pasados muchos años. El cobalto proporciona un color azul en pequeña concentración. El óxido de cobre proporciona un color azul turquesa. El níquel produce una gama de colores que, en concentración creciente, van desde el azul al violeta e incluso negro. Cuando se agrega níquel, además de plomo, el color es violáceo. Y cuando el níquel va unido al cobalto, decolora el vidrio de plomo. El cromo proporciona un color verde oscuro a baja concentración y a altas concentraciones llega a ser negro. Cuando se agrega a óxido de estaño y arsénico se obtiene un brillante verde esmeralda.

 

Por casualidad, a principios del siglo XVIII se produjo un vidrio en Italia que se llamó “aventurina”, significando que se había obtenido por casualidad. Es una variedad de cuarzo, traslúcido con inclusiones en forma de placas o escamas. La luz al penetrar en estas capas o inclusiones se refleja y le da un aspecto brillante, que se ha denominado “aventurescencia”. Las inclusiones más corrientes son de mica, hematite, ilmenita, etc, siendo la de mica-fuchsita, que es verde y rica en cromo, la más abundante. Las otras inclusiones dan tonalidades que varían de rosa, naranja, roja a marrón. El vidrio con cromo agregado, puede generar aventurina de cromo en el proceso de fabricación. El cadmio (que es tóxico) unido al azufre proporciona un color amarillo fuerte. El Titanio da un color marrón amarillento y colabora con otros compuestos para proporcionar matices diferentes. El uranio (radiactivo) proporciona fluorescencia amarillo – verdosa. Junto con plomo proporciona un color rojo intenso.

 

A partir del siglo XIII y los siglos posteriores, el papel de los vidrieros fue muy destacado entre las artes plásticas. Alemania, Francia e Inglaterra fueron cuna de artistas renombrados, como Jhon de Brampton en Inglaterra o André Robin en Francia o Michael Wolgemut en Alemania o van Nijmegen en Holanda. En el sur de Europa habían vidrieros procedentes de los anteriores. El trabajo de éstos se reguló incorporándose al gremio que agrupaba a los pintores y nunca llegó a ser Gremio independiente. A partir del siglo XIV, se incorporan los donantes para competir con los personajes bíblicos en la inmortalización en las obras de arte, también eclesiásticas. Los pintores proporcionaban los cartones a los vidrieros, de forma que siempre fue arte subyugado al pictórico. Las formas geométricas varían según la época, plasmadas en rosetones y medallones del periodo romántico y alcanzó su máximo esplendor en los ventanales góticos, donde, incluso se desarrolló arte abstracto.

 

La evolución del tipo de vidrio discurre con la época, los avances tecnológicos para producir el vidrio y la concepción de la vidriera cada vez como más arte pictórico. Los vidrios de la primera época del siglo XIII eran más oscuros que los del románico, predominando tonos rojos, azules, verdes y púrpuras. El color se incorporaba en la masa, y se denominaron vidrieras a “pleno color”. Eran sólo estos pocos colores y se valoraban como piedras preciosas. A partir de la segunda mitad del siglo XIII aumenta el número de tonalidades y los vidrios son más finos y de mayor tamaño. Así se conseguía una mejor lectura con la mayor luminosidad. A partir del siglo XIV, el corte era más atrevido y se requería mayor habilidad.  Los vidrios producidos en los siglos XIII, XIV y XV en Centroeuropa son de composición más inestable que los del Románico y los del Renacimiento, debido a que usaban como fundente hidróxido potásico, en lugar de hidróxido sódico. Mientras que en el siglo XII se empleaban tres tonos de grises, en el siglo XIII las pinturas son más lineales y menos elaboradas y se empieza a modelar en la segunda mitad del siglo. Las vidrieras a partir de la mitad del siglo XIII se emplearon para transmitir representaciones de imágenes o historias, aunque no era muy clara su visión.

 

Fue una revolución la introducción del amarillo de plata, compuesto de sales de plata y ocre, que se fijaba al vidrio mediante cocción, sin necesidad de fundente y producía un color amarillo intenso de distintas tonalidades y pasó a ser uno de los colores fundamentales del vidriero. La cuestión fue transcendental, dado que el cambio de color, hasta entonces, se lograba agregando vidrios distintos unidos por plomo. Ahora se lograba no tener que cambiar los vidrios en algunas partes aplicando esta pintura por la cara exterior de los vidrios para modificar su color. Curiosamente el amarillo de plata se conocía en Egipto desde el siglo VI en que se utilizaba para decorar vasos. En el Lapidario de Alfonso X el Sabio se incluye la receta de su obtención. Hasta bien entrado el siglo XVI, el amarillo de plata fue el único instrumento que dispuso el vidriero para transformar el color según conveniencia. Su uso en los vidrios incoloros en motivos decorativos y arquitectónicos supuso ahorro y una mayor libertad creativa. La vidriera gótica llegó a convertirse en la mayor pintura monumental. Se usaban muchos vidrios transparentes para facilitar la lectura y se llegó, incluso, a pretender plasmar la tridimensionalidad en busca de un mayor realismo. La tira de plomo paso a tener mucha menos importancia y quedó en un elemento de sustento exclusivamente. Los temas bíblicos de las catedrales decoraban las vidrieras

 

La luz es, quizás, el más enigmático de los fenómenos de la Naturaleza, no en su narturaleza, sino en sus hechos. La luz es imprescindible para la vida, como bien sabemos, a través de la acción fotosintética. En muchos otros planos resulta primordial. También es un factor estético. La arquitectura gótica logró diluir los límites espaciales y darle carta de naturaleza al espacio al que parece concederle libertad. Los volúmenes desaparecen y prevalecen las líneas. La estructura deja al descubierto las entrañas del edificio desnudando todos los elementos estructurales. Curiosamente, estando todo al descubierto, sus secretos permanecieron como tales hasta mediados del XIX, cuando tuvieron que efectuarse las primeras restauraciones de catedrales góticas en Francia y entonces es cuando se tomó conciencia de los elementos estructurales de estos edificios. El pilar fasciculado es el que sostiene la impresionante altura del edificio, junto con los arbotantes y pináculos que reparten el peso, desviando las cargas de las cubiertas hacia pilares y contrafuertes exteriores. No hacen falta los potentes muros para sostener la arquitectura, con lo que al no haber necesidad de ellos, se pueden abrir grandes ventanales para colocar las vidrieras.

 

La belleza de esta arquitectura con una verticalidad impresionante, es digna de sorprender, pero su rasgo definitorio es el uso de la luz, que es lo que define el estilo gótico. Curiosamente no buscaban los arquitectos góticos una luz deslumbrante en el interior, sino una luz muy especial, con mensaje, metafísica.  Unamuno la definió como una “LUZ NO USADA”. Los haces de luz cruzan los espacios buscando provocar la sorpresa, inducir a la trascendencia y elevar el espíritu por encima del plano sensorial. Tanta es la fuente de belleza de una luz así, que puede llegar a ocultar la arquitectura. Los muros pueden parecer transparentes como consecuencia de la incorporación de los vitrales. Amplitud espacial y luz caracterizan a un edificio gótico. No solo toman color los vitrales con sus tonos azulados o violáceos o de cualquier coloración, sino que proyectan sobre toda la superficie fundiéndose con la piedra, como si quisieren transformarla. Provocan una percepción ambiental que cambia constantemente en función de la incidencia de la luz, la estación, la altura del sol, etc. Pura magia es lo que transmiten sobre los muros que se convierten en pantallas de proyección. Las técnicas vitralistas se han prolongado hasta nuestros días.

 

La química lo hizo posible. El vidrio es el transmisor capaz de efectuar la transformación, enriqueciendo el ambiente con la brillantez de su proyección y la belleza y estética de sus combinaciones, aportando tonos y matices que surgen de las más íntimas entrañas de los niveles electrónicos que se disponen en los distintos componentes, capaz de seducirnos con sus juegos malabares de subida y bajada atendiendo a los dictados de una energía con la que la luz los vitaliza y nos devuelven ese encanto capaz de subyugarnos. La Química está detrás, discreta, incansable, amable, para acariciarnos, también.