Un resort para los bosques por el Prof. Dr. D. Juan Guerra Montes, académico de número

La historia de la vida en el continente europeo durante los dos últimos millones de años, se caracteriza por la alternancia periódica de fases glaciares e interglaciares. Esta alternancia está determinada, entre otras causas, por variaciones cíclicas de la órbita de la Tierra que se producen con un ritmo en torno a 100.000-125.000 años. Es relevante que, aproximadamente, el 80% del periodo Cuaternario en el norte de Europa sea tiempo glaciar. Es fácilmente comprensible que un descenso sostenido de la temperatura tenga repercusiones en la disponibilidad hídrica y en consecuencia en la distribución de los bosques. De hecho, la mayor parte de las especies arbóreas y arbustivas desaparecieron de las zonas estrictamente ocupadas por los hielos e incluso de su entorno –terrenos periglaciares-, donde predominaron fenómenos de congelación de los suelos incompatibles con la existencia de cualquier formación forestal. Estas condiciones empujaron a las especies forestales hacia el sur de Europa, donde coetáneamente al frío glaciar centroeuropeo, se estaba generalizando un importante incremento de aridez. Los estudios mas recientes de paleobotánica, mediante el estudio del polen conservado en sedimentos de fondos de lagos, turberas, cuevas, etc., revelan que los valles profundos y cañones interiores de Sierra Nevada, Cazorla-Segura y algunas sierras del noroeste de Murcia se constituyeron como importantes refugios forestales durante la ultima glaciación. Aquí se conservaron poblaciones de encinas, robles, pino salgareño, brezos, madroños, abedules, avellanos, fresnos, olmos, nogales, lentiscos, etc., mientras el resto de Europa se cubría de hielo. Estas poblaciones refugiadas que sobrevivieron en microclimas favorables serían el punto de partida para la colonización posterior de las regiones septentrionales del continente, lo cual debió requerir procesos migratorios muy complejos, donde los animales como vectores diseminadores de frutos y semillas jugaron un papel fundamental. Por ello no es descabellado decir que la mayor parte de los bosques centroeuropeos actuales son descendientes de antiguos bosques andaluces o murcianos de un periodo glaciar. Actualmente vivimos al final de un periodo interglaciar -es decir entre dos glaciaciones- que abarca aproximadamente los últimos 10.000 años, periodo que se conoce como Holoceno. La implicación inmediata, desde un punto de vista conservacionista, es que tenemos poderosas razones para defender los bosques de nuestras regiones meridionales como figuras mucho más dignas de protección que los del norte de Europa. Incluso los bosques de robles, hayas, pinos y abetos son, desde una perspectiva histórica, más bosque mediterráneos que templados centroeuropeos.