Un químico que emplea la bioinformática para comprender a las macromoléculas que nos rodean

JOSÉ GARCÍA DE LA TORRE CATEDRÁTICO DE QUÍMICA FÍSICA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

José García de la Torre (Madrid, 1950) pronto tuvo clara su inclinación por la ciencia. “Me surgió la vocación por hacer una carrera de ciencias, la de químicas, cuando era muy jovencito. Notaba que las actividades científicas me resultaban accesibles y divertidas”. Tras realizar sus estudios universitarios y su doctorado en la Universidad Complutense, García de la Torre puso rumbo a la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, haciendo una estancia posdoctoral durante dos años. Se decantó por ese centro porque “había un departamento de bioquímica, algo no muy común por entonces. Luego he tenido colaboraciones relativamente prolongadas con las universidades de Nottingham, Oslo u otras americanas. Simplemente contactos. Otros doctores de mi grupo también han estado en universidades de otros países para continuar su formación y han vuelto con proyectos de colaboración”. El investigador no cree que ahora sea tan crucial salir al extranjero como hace unas décadas, en parte debido al gran auge de la ciencia española. “Sigue siendo muy importante ampliar tus fronteras, pero a la vez hay grupos de investigación nacionales muy punteros a nivel internacional. Algunos incluso son los mejores en su especialidad”.

jose_garcia_torre

Desde el ADN a la ropa

Dentro de la química se decantó por un área concreta: la especialidad de química física. «Hice el doctorado en ese asunto. Lo que me encomendaron hacer eran estudios de carácter físicoquímico con macromoléculas”. Desde entonces el estudio de las macromoléculas se ha convertido en una de sus líneas principales. ¿En qué consisten? “Las macromoléculas son compuestos químicos de elevado peso molecular. Eso incluye desde macromoléculas naturales, como las proteínas y el ADN, hasta las sintéticas, como los plásticos y la silicona, que son las inventadas por el hombre pero que tienen mucha utilidad. Ya casi nadie hace materiales con madera o metal. Incluso las fibras textiles que se usan para crear ropa son macromoléculas sintéticas”.

¿A qué se puede aplicar el estudio de las macromoléculas? Este experto en química física ofrece una hoja de ruta con múltiples posibilidades: “Ya sean sintéticas o naturales, hay muchos aspectos a estudiar. Por ejemplo, saber cómo esas macromoléculas se sintetizan tanto en los seres vivos como en los laboratorios. Otro ámbito de la química molecular es averiguar para qué sirven esos productos, como hacer objetos de plástico a través de un plástico fundido, moldeándolo, estirándolo, etc. También se estudian las propiedades que tiene cualquier compuesto químico, donde se distingue la síntesis del compuesto, las características fisicoquímicas primarias y las aplicaciones”.

De entre todas esas posibilidades, García de la Torre se dedica a “la caracterización de propiedades básicas que luego van a determinar la función o la aplicación que tengan las macromoléculas. Nosotros nos hemos preocupado de qué métodos se pueden emplear, nos enfocamos en las metodologías, que pueden ser las clásicas de laboratorio pero que hoy en día también tienen un componente de simulación y de cálculo en el ordenador”. O dicho de otro modo: para producir un objeto hay que realizar previamente esa investigación básica para saber de qué están hechas las macromoléculas, su estructura, y trabajar a partir de ellas.

Simulación por ordenador

El trabajo del Grupo de Polímeros que dirige, y que es uno de los veinte Grupos de Excelencia de la Región de Murcia (GERM) que concede la Fundación Séneca-Agencia Ciencia y Tecnología Región de Murcia, no persigue el fin de un problema, sino que abre el abanico de vías para que otros investigadores las exploren. “Nuestro trabajo es recoger conocimiento básico que luego otros usan para generar conocimiento aplicado o, directamente, diseñar vacunas o estudiar la configuración de una proteína y cómo cambia según su entorno. Investigamos qué factores generan cambios en las proteínas y qué efectos producen las proteínas a través de la simulación por ordenador para que se puedan prevenir». Es lo que se conoce como bioinformática.

Un ejemplo práctico: «Están saliendo al mercado productos farmacéuticos basados en anticuerpos monoclonales, que tienen propensión a agregarse, o dicho de otra manera, a apelotonarse, y su administración al paciente es complicada. Nuestro objetivo es investigar en qué condiciones las moléculas de los anticuerpos se agregan o no. Más tarde otros científicos recogerán ese estudio y lo aplicarán para solucionar el problema.

El legado del investigador y su futuro

José García de la Torre cuenta con una serie de reconocimientos envidiables, como su Premio Bruker de 2008, el galardón anual de la Sociedad de Biofísica de España concede a un investigador de prestigio de esa sociedad, un reconocimiento a su trayectoria. Lo más relevante, sin embargo, serían sus citadísimas publicaciones para revistar científicas. “Mi estancia postdoctoral en Minnesota dio como resultado una publicación que resultaba un compendio de todo lo que hice con macromoléculas, que se publicó en una revista importante, ‘Quartely Reviews of Biophysics’, y ese artículo tuvo un gran impacto. Todavía hoy es uno de los más citados, con más de 500 menciones”.

Este experto en bioinformática se siente especialmente orgulloso del que realizó para la UMU en el año 2000: “Fue el resultado de dos tesis doctorales y, seguramente, es el artículo más citado que ha salido íntegramente de esta universidad”. Lo más peculiar de este paper no se publicó en colaboración con ningún otro centro.

Uno de los campos que más interesa al equipo comandado por García de la Torre es la nanotecnología, donde las macromoléculas tiene mucho que aportar. “La nanotecnología es la tecnología de las cosas pequeñas que son bastante grandes, y las macromoléculas son nanopartículas que son mucho más grandes que una molécula normal. La nanotecnología hace referencia a que aplicaciones se pueden obtener de este tipo de partículas, ya sean macromoléculas o nanopartículas, pues conceptualmente son iguales, aunque químicamente distintas. Las metodologías de la nanotecnología y las macromoléculas son las mismas, todo es cuestión de a qué lo aplique uno. En principio nos interesa trabajar con sistemas que incorporen macromoléculas y partículas coloidales. Por ejemplo, algo muy frecuente y actual es revestir cierto tipo de nanopartículas metálicas con macromoléculas. Imagínese una bola de metal muy pequeñita a la que se le añade una capa de un compuesto macromolecular. Esto tiene muchas aplicaciones, como transportar fármacos”.

“Mi objetivo es enseñar a pensar a los alumnos”

García de la Torre deja constancia de su ética a la hora de abordar la docencia: “Siempre he procurado transmitir a mis alumnos una enseñanza moderna, avanzada, en conexión con su tiempo. Que no sea una mera transmisión de conocimientos para que tomen nota y luego se examinen. Mi objetivo es enseñarles a pensar. No son objetivos fáciles, pues para ofrecer una enseñanza moderna uno tiene que estar al día, estudiar y ser científico activo. De hecho, mis exámenes desde hace muchos años tienen dos partes, y en la segunda el alumno tiene libertad de traer los libros que quieran. No se trata de memorizar, sino de que entiendan lo que están haciendo, y a veces el hecho de memorizar distrae».

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 22 diciembre 2014