Un médico volcado en el estudio y el tratamiento de la sangre y de sus enfermedades

VICENTE VICENTE GARCÍA CATEDRÁTICO DE HEMATOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

La trayectoria clínica de Vicente Vicente García (Murcia, 1951), catedrático de Hematología de la Universidad de Murcia (UMU), estaba definida desde bien pequeño. Siempre supo que su vida profesional estaría dedicada a la medicina: “La vocación me viene por parte de mi padre, que era pediatra. No se me pasó por la cabeza ser otra cosa”.

Fue en Navarra donde empezó a estudiar la carrera de Medicina en 1968 porque en Murcia no se implantó hasta un año después. Vicente recuerda que «en aquellos tiempos el panorama universitario estaba muy revuelto debido a las constantes protestas contra la dictadura, y mi padre, para convencerme de que me fuese a Navarra, me explicó que era una universidad donde no había huelgas, así que no corría el riesgo de perder el curso. Y me convenció”.

Al acabar la carrera empezó la especialidad de hematología en la Clínica Universitaria de Navarra, y la acabó en Salamanca, estando contemporáneamente matriculado en la Escuela Profesional de Medicina Interna de la Universidad de Navarra. El resultado es que pudo especializarse en ambas disciplinas. “Son complementarias: la hematología es una especialidad de la medicina interna, así que cuanto más base general tengas mucho mejor para tu especialidad”.

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La suerte de tomar buenas decisiones

El estudio de la sangre y de los órganos hematopoyéticos (médula ósea, ganglios linfáticos, bazo) ha marcado la exitosa trayectoria de nuestro académico, impulsor de esta disciplina en la Región de Murcia y experto reconocido entre sus colegas internacionales.

Pero su encuentro con esta especialidad médica fue, según nos cuenta, fruto de un mero golpe de suerte. «Cuando estaba en quinto de carrera me marché a hacer la mili junto a otros compañeros, y en ese primer cuatrimestre se impartía la hematología. Al no haberla dado, Antonio López Borrasca, profesor de la materia, nos la dio por las tardes como si fuesen clases particulares. De los diez que éramos, seis acabamos siendo hematólogos, lo que dice mucho de la influencia que tiene la docencia impartida a un grupo pequeño y los esfuerzos de un profesional como el doctor López Borrasca, que más tarde acabaría siendo mi jefe”.

En 1978 llegó el momento de dar el salto al extranjero en busca de la excelencia científica. Nuestro académico reconoce que fue una época muy ajetreada pues finalizó su tesis doctoral, se casó y los últimos meses de residencia en Hematología los finalizó en la Universidad de Milán. “Era un sitio puntero en la materia que yo había tratado en mi tesis. Fue una buena elección pues, a posteriori, he tenido una gran relación con el mayor experto en la disciplina de aquella universidad, el profesor Pier M. Mannucci”, rememora el también director del Centro Regional de Hemodonación de Murcia.

Unos años más tarde, antes de asentarse finalmente en Murcia, Vicente se embarcaría en otra estancia larga en La Jolla, San Diego (Estados Unidos), investigando problemas relacionados con la trombosis y la patología vascular. “Regresé en 1989 porque se convocó una plaza de catedrático en la UMU y mi padre me llamó. Por entonces no estaba pensando en volver, sólo en hacer carrera universitaria donde fuese, pero surgió la oportunidad, me presenté y la saqué”. Aunque acabase echando raíces en su ciudad natal, este experto en nuestro elemento vital considera esenciales aquellas experiencias en el extranjero porque «para tener una buena carrera académica es obligatorio salir a otros países. Aprendes mucho de sistemática de investigación y aspectos básicos, sabes cómo funcionan los grupos de investigación de prestigio y estableces relaciones profesionales que te van a durar toda la vida. Eso desde el punto de vista de la investigación; y desde un punto de vista más vital, aprendes un idioma, conoces el funcionamiento de otro país y muchas cosas más que te enriquecen. Todo son ventajas”.

El reto de implantar una especialidad

Desde el primer momento el objetivo del doctor Vicente en Murcia fue desarrollar la hematología en todas sus vertientes, y siempre desde una perspectiva universitaria integrando clínica, investigación y docencia. “Al poco de llegar me entrevisté con el director de entonces de La Arrixaca, Alfredo Macho, que pensaba que iba a trabajar de jefe de servicio de Medicina Interna de su hospital, que habría sido lo más normal siendo ya catedrático en Medicina. Pero le dije que no, que era hematólogo y quería dedicarme a eso, y empezamos esa tarea en el antiguo Hospital General universitario».

La clave para sacar adelante tan ambicioso proyecto radicó en otra entrevista crucial. “Me reuní con Miguel Ángel Pérez Espejo, consejero de Sanidad de la época, para expresarle mi interés en impulsar la hematología en Murcia, y resultó que él a su vez estaba muy interesado en abrir el Centro de Hemodonación. Así que acordamos que me encargaría del mismo a la vez que desarrollaba la hematología en el Hospital General. Eso abría unas perspectivas profesionales enormes, pues la universidad se podría relacionar directamente con estas entidades». Desde 1991, año en el que se publicó el proyecto de la Unidad en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM), nuestro académico ha construido toda una estructura entorno a la hematología como jefe de servicio de Hematología y Oncología Médica del Hospital General y del Hospital Morales Meseguer. Dicho servicio actúa como centro de referencia regional para trasplante alogénico de médula ósea en adultos.

La unidad de trasplantes, una gran satisfacción

¿Cuál es su secreto para lidiar el estrés de dirigir una estructura tan amplia? «La clave está en encontrar los colaboradores adecuados», asevera nuestro hematólogo. “Nuestra unidad de trasplantes es la primera unidad europea que ha recibido tres acreditaciones de un sistema de calidad que se exige a un servicio de este tipo. Eso dice mucho de la gente que trabaja en la unidad; el mérito es suyo, yo me dedico a disfrutar viendo lo que hacen. A estas alturas llevaremos unos mil trasplantes desde que empezamos en 1991. Tenemos la fortuna de haber podido desarrollar este servicio en Murcia y hacer que nuestro sistema sea uno de los más conocidos a nivel nacional e internacional. Y gracias también a este trabajo se me ha presentado la ocasión de ser el presidente de la Asociación Española de Hematología y Hemoterapia, de la Comisión Nacional de la especialidad y ahora de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia. Es el reconocimiento al trabajo de un grupo, no el de un solo individuo».

El tercer pilar de esta valiosa estructura es el grupo de investigación de Hematología y Oncología Clínico Experimental de la UMU que también dirige nuestro académico. «Gracias a los enormes profesionales que han ido integrándose durante estos años en el equipo, hemos logrado un importante nivel en calidad y producción científica, formando parte del los grupos de investigación considerados como de ‘Excelencia’ por la Fundación Séneca», remarca con orgullo el doctor Vicente.

A nuestro académico le resulta difícil destacar algún hito en concreto de esta producción investigadora porque aunque reconoce que «obviamente te hace especial ilusión cuando se publica un trabajo en una revista científica con un gran índice de impacto, la investigación ofrece una satisfacción continua, no hay altibajos, pues el sentimiento es de que siempre se va avanzando. Todo trabajo que publicas te satisface ya que, independientemente del índice de impacto, sabes que va a llegar a la comunidad internacional y puede servir de ayuda para algo. La satisfacción de la investigación está en ver que hay un grupo de gente ilusionada con su trabajo, que vas alcanzando metas, que vas viendo que con el trabajo diario convences a gente joven para dedicarse a esto de por vida. En definitiva, que estás luchando por hacer una mejor medicina ayudando a los pacientes. Exige muchos sacrificios, cierto, pero merece la pena”.

Las tres patas de un profesional académico

Tal y como le inculcó su maestro López Borrasca, Vicente Vicente ha edificado su bajo el lema de que «un profesional académico tiene tres patas: la asistencia a los pacientes, la investigación y la docencia». A la par de su actividad clínica e investigadora, este hematólogo ha ejercido como docente vocacional. Defiende que “ser profesor te obliga a explicar un programa a los alumnos que debe estar al día. La medicina es un proceso de aprendizaje que no se acaba con los seis años en la universidad, para ser buen médico no se puede perder el hábito de estudiar. Es muy gratificante intentar tener constantemente las ‘pilas’ puestas. De hecho hay una clase, la última que doy a los de sexto curso, en la que les hablo de todas estas cosas y de lo importante que es elegir una especialidad que te guste y en un buen sitio pues vas a pasar el resto de tu vida con ella. Varios años esa clase como un sonoro aplauso porque los estudiantes están agradecidos de verdad de que les contemos las cosas tal como tienen que saberlas. Esa es la mayor satisfacción que puedes sacar de la enseñanza”.

Entre tan actividad laboral siempre ha sabido rascar a la agenda sus momentos para el ocio y la familia. No perdona su ‘cine’ semanal con su mujer y los amigos, y el contacto con la naturaleza a través del deporte, con el ciclismo o el senderismo. «En definitiva, vivir, disfrutar de la vida que nos rodea».

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 19 febrero 2015