Un bioquímico que lucha para entender cómo funcionan las biomembranas de nuestras células

JUAN CARMELO GÓMEZ FERNÁNDEZ CATEDRÁTICO DE BIOQUÍMICA Y BIOLOGÍA MOLECULAR DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA .

A Juan Carmelo Gómez Fernández (Murcia, 1950) se le despertó la vocación al pisar la universidad. “Tenía que elegir y preferí decantarme por la ciencia y la investigación. Ya desde primero me decidí por la bioquímica porque era lo que más me llamaba la atención dentro de la rama científica”. Cuando el hoy catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia (UMU) estudiaba bachillerato se sentía atraído por tantas disciplinas que ninguna en concreto acaparaba toda su atención. “Tuve muchas dudas. Incluso hoy las tengo. Nunca he tenido del todo claro que esta sea la única cosa que puedo hacer. Quizás podría haberme dedicado a la investigación en otras materias que no tuvieran nada que ver con la ciencia. Por ejemplo, la historia y la economía, que siempre me han interesado mucho”.

Fue en la Universidad de Navarra donde estudió Ciencias Biológicas y se especializó en bioquímica y sumó una licenciatura en Farmacia. “Seguramente hoy sí habría estudiado en Murcia, pero no se enseñaba bioquímica en los años sesenta. Después de eso estudié Farmacia, ya que tenía bastante en común con la bioquímica. Además, en esa licenciatura había muchas asignaturas muy interesantes para el tipo de bioquímica que yo he desarrollado: la bioquímica con orientación físicoquímica”. En Navarra también se doctoró con una tesis sobre biomembranas; un punto de inflexión en su vida al marcar la línea de investigación clave en su trayectoria científica.

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De Oxford a Londres por las mitocondrias

Había llegado el momento de salir al mundo. Juan Carmelo Gómez tenía muy claro que debía viajar a universidades del extranjero “para consolidar una formación sólida, indispensable en cualquier campo y más todavía con la bioquímica. Me marché a Oxford gracias a una beca del British Council porque vi que allí había un grupo de investigación que hacía lo que me interesaba: estudios sobre mitocondrias, las centrales energéticas del hombre y de todos los seres eurocarióticos. Una vez allí, me interesó mucho el trabajo de otro equipo en la Universidad de Londres, así que acabé yendo a este centro con otro contrato postdoctoral de investigación. Al final estuve en Inglaterra tres años”.

Unas oposiciones para profesor adjunto en la UMU le brindaron las oportunidad de regresar a su ciudad. “La bioquímica estaba en sus manos en esta universidad, llegué al departamento iniciado por José Antonio Lozano Teruel y continué desarrollando la línea de investigación de mi tesis”.

Paredes inteligentes

Las biomembranas fueron las protagonistas de los primeros años de laboratorio de Juan Carmelo Gómez. Como explica nuestro bioquímico, son “una estructura fundamental de todas las células porque delimita la célula tanto en su conjunto como luego dentro de la célula los distintos compartimentos, las paredes. Lo que pasa es que son paredes muy inteligentes que regulan el intercambio de información dentro y fuera de la célula en los propios compartimentos. Las membranas tienen una función tanto de actuar como separadores como de unificadores, y eso lo hacen gracias a unas moléculas especializadas, que incluye tanto a lípidos como a proteínas”.

Entonces, ¿qué investiga en concreto? “Estudio la función de determinadas proteínas que transportan sustancias o se activan cuando pasan a las membranas. Es el caso de las quinasas, proteínas que están en el interior de la célula, pero cuando llega un mensaje externo interacciona con la membrana a través de receptores adecuados. Entonces se genera una señal que hace que la proteína vaya a la membrana, y esta se activa y empieza a transmitir la señal al interior de la célula. Estudiamos cómo funciona ese proceso, y a consecuencia de eso se puede deducir cómo alterar dicho mecanismo. De aquí pueden surgir aplicaciones farmacológicas porque esos patrones de conducta se alteran dependiendo de patologías diversas, incluido el cáncer”.

Trabajos de gran impacto

De entre las publicaciones científicas que han sido obtenido un gran impacto entre sus colegas, Gómez destaca alguna de las más influyentes en su campo, como “un trabajo sobre la interacción entre los principales componentes de las membranas, los lípidos y las proteínas, donde analizamos cómo los primeros podían modular la función de estas últimas. Todavía hoy no se comprende bien del todo este complicado proceso”. Esta frase le sirve para hacer una pequeña reflexión sobre el componente cambiante del mundo científico. “En general parece que nunca comprendemos nada, porque cuando pensamos que hemos entendido algo aparece una mente privilegiada y le da la vuelta a la tortilla. Pero este estudio se puso de moda en su momento y tuvo mucho impacto”.

Junto a un grupo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Barcelona, Gómez y su grupo lograron otro hito. “Fuimos capaces de obtener la estructura molecular de un dominio de la proteína quinasa C y pudimos ver algo que nadie había imaginado hasta entonces: la forma en la que ese dominio interaccionaba con la membrana. Esto se consiguió gracias a que cocristalizara la proteína junto a lípidos con los que interacciona, que es un proceso fundamental para su estudio y por entonces no había casi ningún ejemplo de ese logro”.

Un fiero defensor de la universidad

Desde su defensa a ultranza del papel de los centros de enseñanza superior, este experto en bioquímica se plantea si las universidades deberían pensar en que sus investigaciones sean comerciables por empresas en forma de más proyectos de investigación aplicada. “Tal y como yo lo entiendo, la universidad debe de estar sobre todo orientada a enseñar todas las ramas de la ciencia y enseñar a los alumnos, no tanto en ir en la dirección de hacer investigaciones aplicadas en un campo concreto y olvidarnos de lo demás. Esto es más propio de centros tecnológicos o del propio CSIC. En la universidad es más prioritaria otra labor”.

Como docente, lamenta que sea una tarea que no se comprenda en su totalidad. “Damos clases pero no se agota ahí la docencia, se extiende a otras actividades a la que dedicamos incluso más horas, como tener estudiantes en el laboratorio para trabajar con nosotros. Eso es casi tan importante como el aula. La sociedad en general piensa que aquí llegan las vacaciones y esto se cierra y nos vamos. Incluso algunos rectores lo piensan, y no es en absoluto cierto. En verano o en Navidad cierran los edificios y nos echan a la calle. El problema es que hacemos investigación compitiendo con colegas de todo el mundo, así que estamos en desventaja porque fuera trabajan los doce meses del año y nosotros tenemos nueve y medio, a lo sumo”.

Pasión por la historia, la economía y el vino

Aparte de ser investigador y docente, Gómez ha arañado tiempo para ser gestor de varias sociedades importantes del sector, como vicedecano de la Facultad de Veterinaria y presidente de la Sociedad de Biofísica, además de ser miembro del consejo directivo de la Unión Internacional de Biofísica y tesorero de la Federación de Sociedades Latinoamericanas de Biofísica. Defiende que “el papel de todas estas sociedades es importante a la hora de generar contactos y que conozcamos el trabajo que están haciendo otros investigadores de nuestro área, sobre todo a nivel internacional”.

Gran amante del vino, el senderismo y la lectura, principalmente libros sobre historia y economía, aprovecha sus últimas palabras para dar una llamada de atención al estado de la ciencia en España, demostrando su compromiso con la investigación. “La ciencia está en una situación desesperada, muriéndose por momentos, a falta de interés y de apoyos políticos. Es deprimente ver la situación de universidades pequeñas como la nuestra, donde los profesores no tienen financiación para investigar. Así no podemos sobrevivir. La universidad nos pide que hagamos una enseñanza de calidad, pero para eso es necesaria una visión práctica, y no se nos da medios para hacer prácticas dignas”.

Redacción: Paz Gómez Fotografía: Pablo Almansa Fecha realización: 27 enero 2015