TRANSGÉNICOS por el Prof. Dr. D. Félix Romojaro Almela, académico honorario

La biotecnología se está utilizando en la industria agroalimentaria desde hace muchos años. La elaboración de cerveza en el antiguo Egipto, el vino que generosamente degusto Noé, son procesos en los que intervienen organismos vivos. Los avances recientes en biología molecular y celular han permitido la aplicación comercial de organismos vivos mediante la manipulación deliberada de sus moléculas de DNA. Cuando se logró que un gen se pudiera insertar en una bacteria y que promoviera la producción de una proteína determinada, se inició una nueva revolución científica, con aplicaciones a sectores tan diversos como sanidad, agricultura, producción de energía y protección del medio ambiente. El desarrollo más espectacular ha tenido lugar en la agricultura, ya que la ingeniería genética permite la transferencia más controlada de una mayor información genética. Las aplicaciones han sido numerosas y muy diversas. Se dispone de organismos genéticamente modificados (OGM) que presentan resistencia a herbicidas, plagas, virus, estrés abiótico, etc. También se ha logrado mejorar las propiedades nutritivas y sensoriales de algunos frutos, sus condiciones de conservación y comercialización, y en flores retrasar la senescencia o dotarlas de nuevas coloraciones imposibles de conseguir por otros medios. Las diferencias genéticas entre un alimento transgénico y el convencional son mínimas y pueden aportar ventajas tanto a la agricultura de los países pobres, como de los desarrollados. Para el consumidor pueden ser también beneficiosos, ya que disminuirá considerablemente la utilización de pesticidas y herbicidas, e incluso podría disponer de alimentos como el “arroz dorado” con alto contenido en betacaroteno, precursor de la vitamina A, o tomates con mayor contenido en licopeno. A pesar de estas y otras muchas ventajas los OGM han despertado el rechazo de algunos sectores de la sociedad. Como aspectos negativos se esgrimen riesgos a desencadenar alergias, efectos sobre el medio ambiente, por la posible transferencia de genes y el control del mercado por las multinacionales. Ante la oposición de ecologistas y asociaciones de consumidores en la UE , habrá que alcanzar un compromiso basado en evaluaciones científicas de cada OGM que aseguren su inocuidad sobre criterios de alergenicidad, toxicidad y nutricionales y siempre considerando que la biotecnología debe complementar, y no reemplazar a la mejora vegetal tradicional. La comunidad científica necesita ya que se alcance este compromiso para poder ofrecer sus logros a la sociedad y pasar de los ensayos controlados a la producción comercial en la UE.