Todo lleva todo por el Prof. Dr. D. Manuel Hernández Córdoba, académico de número

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 2 de junio de 2018

A los profesionales de la Química Analítica, nos formulan con frecuencia una pregunta del tipo: “¿lleva esta muestra tal o cual tóxico?”. El concepto de “lleva o no lleva” está fuera de lugar hoy en día pues, en realidad, “todo lleva todo (o casi todo)”, ya que las sustancias químicas se dispersan en el ambiente y entran en la cadena trófica de manera que, aunque en muy pequeña proporción, están presentes en todas partes. Cuando el ciudadano de a pie pregunta por la presencia de cierto contaminante en un alimento, en el agua que toma o en el ambiente en el que vive, el problema reside en que nadie se interesa en saber cuánto hay. Por lo general, al gran público suele llegar tan solo el mensaje de presencia/ausencia y se olvida la concentración. Las técnicas actuales de análisis son capaces de medir concentraciones, esto es cantidades en un volumen o masa de muestra dado, tan bajas que hace unos años eran impensables. Esta extrema sensibilidad, que presumiblemente seguirá mejorando acorde con los avances en la tecnología y diseño de la instrumentación, tiene dos aspectos contrapuestos. Por una parte, cuando los resultados llegan a los medios de comunicación y se pone de manifiesto la presencia de minúsculas concentraciones de un producto tóxico o peligroso pueden ser fuente de alarma social, a veces fundada desde luego, pero en muchos otros casos sin fundamento, porque las concentraciones son muy pequeñas y propias de la naturaleza intrínseca de las muestras. Por otra parte, esta capacidad de medir a niveles muy bajos es una formidable garantía para el ciudadano. Nunca los alimentos y el ambiente han estado tan controlados como ahora, al menos en los países civilizados. Desde luego existen, como siempre han existido, delincuentes que contaminan o defraudan provocando riesgos químicos, pero antes o después la transgresión será detectada. A este respecto el ciudadano que tiene la fortuna de vivir en un país civilizado puede estar tranquilo. Pero el legislador que redacta la normativa debería tener en cuenta lo aquí comentado. No debe legislarse indicando que tal o cual tóxico debe estar “ausente” en una determinada muestra o que ésta debe estar “exenta” de algo, porque el concepto de concentración cero no es razonable. Por el contrario, debe señalarse un límite máximo de concentración permisible, todo lo riguroso que sea necesario, pero un límite al fin y al cabo. Quien lo sobrepase que asuma las consecuencias. Los demás estaremos tranquilos.