Tiroteo es Santa Bárbara por el Prof. Dr. D. Miguel Ortuño Ortín, académico de número

Estoy de sabático en la Universidad de California en Santa Bárbara, gracias a un permiso de la Universidad de Murcia y financiación de la Fundación Séneca. La estancia está siendo muy positiva científicamente, pero el fin de semana pasado me tocó vivir una experiencia nueva e inesperada. He venido con la familia, mi mujer y dos hijos de 15 y 12 años, y vivimos al lado de Isla Vista, el barrio de los estudiantes. En él hay una gran variedad de restaurantes, con precios buenos y ambiente agradable, por lo que el pasado viernes decidimos ir a cenar allí. Acabamos de cenar y volvimos andando a casa, que está a unos quince minutos. Justo al llegar empezamos a oír numerosas sirenas, a las que pronto se unió el ruido de un helicóptero. Al no cesar el ruido durante horas, mi mujer salió varias veces a la puerta por si era un incendio, pero no se apreciaba ningún resplandor. Al levantarnos nos enteramos de la noticia: un joven de 22 años había asesinado a seis alumnos de la universidad y herido a ocho. Evidentemente, no nos lo podíamos creer y tuvimos una sensación rarísima, muy difícil de explicar, pues estas cosas solo parecía pasar en las películas. Por la tarde, decidimos ir a ver la situación. Lo primero que nos encontramos fueron los dos coches contra los que se había chocado el asesino, en la calle Del Playa, con nombre español como casi todas las de Isla Vista. Después, vimos flores y mensajes en el lugar en donde una chica había resultado herida. Luego, en la casa donde vivía el asesino no había nada, pues aún no se sabía la identidad de los tres que habían sido encontrados allí. La hermandad estudiantil en donde habían muerto dos chicas y el supermercado en donde había fallecido otro chico (de apellido Martínez) era el epicentro de la tragedia, justo al lado de donde habíamos cenado. Allí había multitud de flores y mensajes y bastantes jóvenes medio llorando. El despliegue de los medios de comunicación era espectacular. Había más de una docena de camiones y furgonetas con sus antenas parabólicas y toda su parafernalia. Es chocante el contraste de una sociedad que es capaz de construir una de las mejores universidades del mundo (la de Santa Bárbara está, en el ranking de Shanghái, la 35 del mundo y en el área de física, con cuatro premios Nobel, es la número 12), pero que no puede erradicar esta violencia sin sentido.