¿TIENE FUTURO UNA AGRICULTURA SIN INVESTIGACIÓN? por el Prof. Dr. D. Carlos García Izquierdo, académico de número

El incremento de población experimentado por nuestra sociedad hace necesario disponer de alimentos, y asegurar tanto su cantidad como su calidad. Pero es obvio que una agricultura tradicional enfocada sólo a producir alimentos sacrificando para ello aspectos de tipo ambiental, no tiene futuro alguno. La agricultura como “actividad” deberá ir obligatoriamente unida a una investigación en el ámbito de las Ciencias Agrarias, que permita alcanzar la finalidad anteriormente aludida: ofertar alimentos de manera segura a la población, pero sin comprometer nuestros recursos naturales. Por ello, una agricultura de calidad como la española, reconocida en Europa y en el mundo, necesita de una investigación científica consecuente, pudiendo aportar por ejemplo: nuevas variedades vegetales capaces de resistir a determinadas plagas; rendimientos aceptables de producción a pesar de ciertos niveles de estrés (sequía, por ejemplo); nuevos usos y manejos del suelo que impidan su agotamiento; e incluso aplicaciones biotecnológicas consecuentes basadas en estudios donde la genómica y la proteómica están presentes (recordemos que en la actualidad se está trabajando dentro de un Consorcio Internacional para la Secuenciación del Trigo, IWGSC, y han sido ya obtenidos otros genomas de plantas, que permiten poner en marcha acciones para garantizar una alimentación segura). La Agencia Estatal CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), el mayor Organismo Público de investigación científica con que cuenta nuestro país, entiende la importancia de lo que hemos expuesto, y entre sus áreas de investigación prioritaria figura las Ciencias Agrarias, disciplina en la que trabajan 400 investigadores de plantilla repartidos en institutos de prácticamente toda nuestra geografía. Su principal objetivo es generar conocimientos dentro del sistema Suelo-Agua-Planta que contribuyan a la sostenibilidad de nuestros sistemas agrarios y naturales (producir hoy, y preservar dicha producción mañana), sentando las bases para conseguir, a través de esa investigación, una agricultura de calidad que aporten salud y bienestar a los consumidores, cuidando a la vez el medio natural (suelo, agua, atmósfera). La investigación científica ocupa pues un papel preponderante en el futuro de nuestra agricultura, pudiéndonos hacer más competitivos frente a otros países; el CSIC lo sabe y apuesta por ello. La investigación en Ciencias Agrarias supone hoy en día ante un escenario de cambio climático (limitaciones o escasez de agua, desertificación, climatología extrema, etc.), un reto equivalente a la revolución verde de los años 60-70, pero sin duda aportando herramientas más innovadoras, que permiten planteamientos y soluciones muy diversas y eficaces.