TIEMPO DE PAZ por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

No cabe duda de que para el año que ahora finaliza, estamos deseando que lo haga. Por encima de todas las consideraciones acerca del tiempo, desde el ámbito científico, lo percibimos, aparentemente, cuestionablemente como lineal y más bien ligado a consideraciones de entropía y con un pasitrote cuando deseamos que acelere y rápido como una centella, cuando disfrutamos del momento presente. Si algo se echa de menos en las reflexiones de Hawking sobre esta magnitud-parámetro-variable, que denominamos tiempo, es esa percepción extrasensorial que tenemos del mismo. Es absolutamente infundado que al doblar el año cambien los escenarios. Simplemente, no tienen nada que ver con ese momento convencional, que es el aumento de un digito para la referencia oral y escrita del histórico devenir. Pero, para eso está la ilusión, para creer que nace algo que puede ser diferente. Esa proyección, con valores incluidos, es genuinamente humana. Nos ilusionamos con que la ingesta de unos granos de uva, nos traerán mayor confort, mejor financiación, crecimiento en conocimiento y publicaciones, triunfo en esa parcela que hace de lado oscuro y nunca sabemos por qué no nos favorece, solamente con formular el deseo. Al final nunca es así, pero nos conformamos.

Los miedos y los sueños de futuro de siempre, en estos momentos finales del año, son más intensos. Durante el curso del año, se transmiten a los más pequeños, de forma inevitable, desde expresiones concretas hasta canciones para los infantes que los acunen, en las inquietudes de la conciliación con el sueño. Este año afloran zozobras Con menores ajetreos que en otras ocasiones, pero mayores cargas de preocupación, por los mayores, por los menores, por nosotros mismos, nos encaminamos al final de un año, que deseamos fervientemente que se quite de en medio. Muchas de nuestras ensoñaciones han quedado congeladas en el tiempo. Muchos deseos han quedado en hibernación. Nuestra preocupación por nosotros mismos se suma a las habituales sensibilidades por la Naturaleza, el Medio Ambiente y una larga retahíla. Y lo que es peor, nos sentimos inermes, fuera de que seamos convencidos cumplidores de las lógicas medidas que permitan liberarnos de cargar con la valoración de que podíamos haber hecho más por nuestros semejantes. Cuidarse de uno mismo, conlleva mitigar, también, ser un peligro para los demás. Es, una de las pocas ocasiones en que nosotros y los demás estamos unidos por el cordón umbilical de la convivencia. Si evitamos racionalmente ser soportes de contaminación potencial, al tiempo nos protegemos. Nunca estuvo tan claro como ahora: pensar en los demás, conlleva pensar en nosotros mismos.

Siendo todo cierto, no lo es menos que, dedicados a compartir con otros tiempo, conocimiento y proyectos, nos tengamos que proteger de los demás. Son sensaciones que percibimos y que hemos cambiado. No estaban incluidas hasta ahora, en el tiempo. Acostumbrados a percibir su demasía o su carestía, no reparábamos que el tiempo, en la percepción, es poliédrico, multidimensional. Y, todo cuenta. Los escenarios condicionan las actuaciones. Imposible resulta desarrollar lo mismo de siempre, cuando la presencialidad no se dispone libremente. La tecnología nos ha brindado unos nuevos escenarios, que huelga decir, que la reflexión no se centra en si sustituye o no a la actividad usual. Es otro escenario. Afortunadamente existe, porque de lo contrario, nuestra acción docente se vería imposibilitada. Antes, y ahora, se trata de identificar las cualidades, no de comparar comportamientos. Sócrates, con cinco o seis alumnos saltaba de interrogante en interrogante, evidenciando que el conocimiento está dentro del discente y que hay que hacerlo aflorar. Pocos hemos practicado tal método, aun reconociendo en él la nobleza y excelencia del mismo.

Buen momento este final de año, para la reflexión. Seguro que podemos mejorar, como profesionales, pero lo más importante, como personas. Todas las épocas contienen en su intimidad las semillas de nuevo conocimiento. La experiencia se va acumulando poco a poco, con parsimonia, como las buenas soleras. Ahora, en la intimidad de un tiempo que, independientemente de los aspectos religiosos, transmite ideas de paz, sosiego, bienestar. No tiene por qué ser distinto de otros años anteriores. En esto. Las ilusiones nobles tienen cabida en todo tiempo y condición. Como profesores, como alumnos, como científicos y como aprendices compasivos, son tiempos de intromisión para poder desvelar qué podemos hacer, mejor, y que podemos mejorar para lograrlo. No animados por ningún premio, que no sea hacer las cosas bien. La mejor recompensa, nunca está fuera de nosotros, sino dentro, emerge borboteando cuando nos miramos con detenimiento. Ahí está la paz, con los demás y con nosotros mismos. Si nos empeñamos, el próximo año, puede traérnosla, al margen de las circunstancias en las que se produzca. ES cuestión de convicción íntima y ¡funciona! FELIZ NAVIDAD