Terapia génica por el Prof. Dr. D. Francisco José Murillo Araujo, académico honorario

Muchas enfermedades hereditarias se deben al fallo de un solo gen y se denominan, por ello, “monogénicas”. Cada una afecta a pocos individuos de una población, y su gravedad es heterogénea, pero en conjunto generan una buena carga de sufrimiento y angustia para muchas personas. Siendo monogénicas, hace años que se consideraron buenas candidatas para ser atajadas mediante terapia génica. La idea es sencilla. Se trata de insertar una copia normal del gen afectado en el núcleo (donde se encuentra el DNA) de las células adecuadas del enfermo. Ya hace tiempo que era posible obtener tal copia normal e introducirla, al menos en ciertos tipos celulares, mediante virus modificados. Sin embargo, una grave dificultad era que, una vez dentro del núcleo, la copia “buena” se insertaba más o menos al azar en algún sitio del DNA, pudiendo interrumpir algún gen normal. Ello podría generar un fallo funcional distinto, que en casos concretos derivaron en la aparición de tumores, desvaneciendo las expectativas iniciales de esta terapia. La solución perfecta sería conseguir que el gen correcto sustituyera “limpiamente” al gen alterado. Hace tiempo que ello es posible en ratones, porque sus propias células poseen un mecanismo, denominado de “recombinación”, para cortar y empalmar moléculas de DNA suficientemente parecidas. Era sabido que las células humanas cuentan con el mismo mecanismo de recombinación que los ratones, pero su actividad normal es muy baja. También era sabido que tal actividad se incrementa extraordinariamente sobre aquellos sitios del DNA que hayan sufrido una rotura. Ambos hechos llevaron a pensar que si se consiguiera romper el DNA de las células enfermas justo en algún sitio del gen incorrecto, a la vez que añadimos el gen correcto, el mecanismo de recombinación actuaría sobre el sitio roto y, cortando y pegando, lo sustituiría por el gen correcto que tiene a mano. Una idea algo descabellada, sobre todo por el primer paso. El DNA equivale a un texto de tres mil millones de letras. ¿Como romperlo en un sitio concreto, allí donde aparece una frase única? No puedo entrar en detalles, por mor de la limitación de espacio que impone esta columna, pero, por imposible que parezca, desde hace dos años, en un brillante ejemplo de ingeniería de proteínas, se vienen desarrollando unas “tijeras moleculares” que cortan nuestro DNA sólo en el sitio deseado. Tales herramientas han vuelto a despertar las desvanecidas esperanzas en la terapia génica.