Tabaco: algo más que nicotina por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 4 de junio de 2016

Recientemente, los medios de comunicación han difundido la noticia de que el pasado 20 de mayo se cumplía el plazo máximo para que los estados de la Unión Europea comenzaran a incorporar a su ordenamiento jurídico interno la nueva “Directiva de Productos del Tabaco” (2014/40/UE). Según esta directiva, los estados miembros disponen de un plazo, que finaliza en mayo de 2017, para insertar en el etiquetado de las cajetillas del tabaco advertencias sanitarias que muestren, no sólo mediante el uso de textos sino también de imágenes impactantes, la crudeza de las enfermedades que el consumo de tabaco puede ocasionar: cánceres y enfermedades respiratorias y cardíacas. En este sentido, la directiva exige que estas advertencias sanitarias cubran el 65% de las caras anterior y posterior en el caso de los envases de cigarrillos y del tabaco de liar.

Es cierto que, de entre todos los compuestos que se encuentran presentes en el tabaco, sólo la nicotina produce adicción, como también lo hace el alcohol, la cocaína, la metanfetamina o la heroína. Todos ellos agentes exógenos al cuerpo humano con capacidad para modificar o interrumpir la acción de determinadas moléculas, los neurotransmisores, que actúan como mensajeros químicos de la transmisión sináptica neuronal.

Si bien el carácter tóxico de la nicotina, unido al hecho de que ésta sea uno de los principales factores de la adicción al tabaco, constituyen elementos suficientes para desaconsejar el consumo del mismo, es la inhalación del humo lo que hace que lleguen a los pulmones, junto a la nicotina, una concentración elevada de más de cuatro mil sustancias altamente tóxicas y de demostrado carácter carcinogénico (benzopireno, benceno, alquitrán, amoniaco, cianuro, cadmino, níquel, etc).

Teniendo en cuenta las consecuencias adversas para la salud de los consumidores de tabaco, que hacen del tabaquismo la principal causa de muertes evitables en los países desarrollados, no es de extrañar que las autoridades europeas estimulen a la población, mediante la publicación de estas directivas, a reducir el consumo de tabaco y, a su vez, dicten medidas para eliminar totalmente el humo del tabaco en ambientes cerrados puesto que está perfectamente demostrado que la simple exposición pasiva de adultos o niños al humo del tabaco, constituye un serio riesgo para su salud, ya que el humo generado en el extremo del cigarrillo también contiene sustancias tóxicas en una concentración, incluso mayor, que en la corriente principal inhalada por el fumador.