SOSTENIBILIDAD Y PROTECCIÓN DE NUESTROS SUELOS por el Prof. Dr. D. Carlos García Izquierdo, académico de número

La estrategia europea para la protección del suelo pone de manifiesto el papel fundamental que tiene dicho Suelo como recurso natural, desde una perspectiva agrícola o natural. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el año 2050 la demanda alimentaria se incrementará en un 70%, necesitando entonces producir alimentos suficientes y con la calidad adecuada pero de forma sostenible, sin perjudicar a los recursos naturales existentes. Entre esos recursos, el suelo se revela fundamental, colaborando al incremento de la productividad agrícola; y será sostenible cuando mantenga una funcionalidad acorde con las necesidades existentes, colaborando con los flujos de agua, reduciendo problemas de contaminación, y preservando la biodiversidad y los servicios del ecosistema. Sin embargo, bajo condiciones ambientales difíciles (zonas áridas y semiáridas como en el sureste español), los suelos sufren procesos de degradación y pierden fertilidad. En estos casos, dichos suelos podrían mejorar su calidad cuando incrementen su contenido en materia orgánica, la cual es muy escasa debido a los mencionados procesos degradantes. Añadir a los suelos degradados materia orgánica exógena se considera una estrategia apropiada para evitar dicha degradación. Además, si la calidad del carbono orgánico adicionado es óptima (composts bien elaborados, enmiendas de calidad), éste podrá ser fijado en el suelo, evitando su mineralización y pérdida a la atmósfera como CO2, mitigando así el efecto invernadero. Precisamente, los procesos de fijación del carbono en el suelo se estudian ahora desde perspectivas muy diversas (ver Schmidt et al., Nature 2011), y el manejo adecuado de enmiendas orgánicas será una vía adecuada para colaborar hacia dicha fijación, haciendo entonces más sostenibles a los suelos enmendados. Los residuos orgánicos biológicos (a excepción de plásticos, aceites u orgánicos sintéticos), cuando tienen una calidad aceptable y se someten a tratamientos adecuados (higienización, estabilidad de su materia orgánica), podrán constituir una buena enmienda orgánica para ser reciclada en nuestros suelos. Ello permitirá valorizar dichos residuos orgánicos desde una perspectiva ambiental y socioeconómica, evitando así problemas diversos derivados de no tratarlos de manera adecuada, consiguiendo además beneficiar a los suelos donde se introducen evitando en ellos procesos de degradación o pérdida de productividad. Los suelos degradados de zonas áridas y semiáridas, una vez enmendados con residuos orgánicos de calidad, podrán ser un soporte de vegetación estable, y por tanto, “sostenibles” en cuanto a su productividad y fertilidad.