Síntesis orgánica: ciencia y estrategia por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Desde que en 1828 Friedrich Wöhler consiguiera la primera síntesis de un compuesto orgánico, por conversión de isocianato amónico en urea, la síntesis de moléculas orgánicas de interés industrial, biológico, clínico, medioambiental o tecnológico, ha constituido uno de los campos de investigación más fructíferos de esta ciencia, cuya incidencia en la economía mundial y en el bienestar de los ciudadanos está fuera de duda, sin olvidar los avances conseguidos como ciencia básica. En este contexto, baste señalar la importancia de la síntesis orgánica en industrias tan importantes como la farmacéutica, perfumes, cosméticos, plásticos, plaguicidas, etc. o en las de nuevos materiales. Sin embargo, todos estos avances conseguidos en el área de la síntesis orgánica han sido posibles gracias al descubrimiento de nuevas reacciones, a la mejora de las ya conocidas y a la profundización en el conocimiento de los mecanismos y de todos los factores involucrados en la construcción de ese mundo molecular. Por otra parte, e independientemente de la complejidad estructural del compuesto a sintetizar, la estrategia clave a seguir en el diseño y ejecución de un esquema de síntesis es que el producto final se pueda conseguir a partir de los materiales de partida más baratos y accesibles, con el máximo rendimiento y con el mínimo número de etapas intermedias, pues de ello dependerá el precio del producto final. En este contexto, es preciso subrayar que, hasta hace pocos años, la consecución de reacciones benignas desde un punto de vista medioambiental, no constituía una preocupación importante en el desarrollo de nuevos protocolos sintéticos. Esto ha cambiado significativamente, ya que las regulaciones de los organismos nacionales e internacionales competentes han forzado a la investigación y desarrollo de nuevos métodos sintéticos, evaluados, no solo por su utilidad, sino, también, por aspectos medioambientales tales como la economía de átomos, que permite cuantificar la eficacia de una reacción, la producción de residuos y el consumo de energía. Resulta, pues, obvio que cada vez se hace más necesaria la investigación en el desarrollo de metodologías sintéticas que permitan la simplificación de las etapas, con la consiguiente minimización de tiempo y energía, y el ahorro de recursos consumidos en el aislamiento y purificación de los compuestos intermedios resultantes en cada una de las etapas de síntesis. De esta manera, la síntesis de moléculas orgánicas podrá acortarse de forma significativa generando procesos que, además de ser más competitivos económicamente, cumplan con los criterios de sostenibilidad.