Sin resistencia no hay trabajo por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad, el día 24 de octubre de 2015

Siguiendo con la línea de los fundamentos físicos de la vida desarrollados en columnas previas, hay un aspecto que merece resaltarse. Hemos visto que la vida resulta ser inevitable. A pesar de que la física predice que todo tiende al desorden y a desorganizarse, también sabemos que existen estructuras disipativas que tienen la capacidad de crear su propia estructura aprovechando los flujos naturales de energía o utilizando energía y materiales de alta calidad y devolviéndolos degradados al entorno. La segunda ley de la termodinámica se cumple en el conjunto, y la vida es una realidad inherente a las leyes de nuestro universo. Hemos visto también que esa necesidad de utilizar los flujos de energía hace que la vida busque las fronteras. Una frontera es la transición, un gradiente, entre dos sistemas heterogéneos. De forma espontánea se producirá un flujo de donde más hay a donde hay menos. La intensidad con la que la energía fluye de un estado a otro, dependerá de la intensidad del gradiente.

Pero esos flujos, en sí mismos, no tienen mayores consecuencias. Para poder construirse y aumentar su complejidad y eficiencia, la vida necesita transformar la energía que fluye en trabajo. Esto se consigue oponiendo resistencias a dicho flujo. La diferencia de presiones atmosféricas genera corrientes de aire, la de temperaturas entre dos cuerpos genera un flujo de calor, la de energía potencial entre el agua en lo alto de una montaña y el nivel del mar genera ríos y cascadas. Una vez que los extremos del gradiente se igualan, el flujo de energía cesa y, como diría Miguel de Cervantes en su soneto “al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”: “fuese y no hubo nada”. Pero si a esos flujos oponemos resistencias en forma de turbinas, aspas de molino, ruedas de acequia, etc., el flujo de energía puede convertirse en trabajo para moler cereales, bombear agua, generar energía eléctrica… y construir nuestra propia estructura como seres vivos.

Este proceso contiene una enseñanza que traspasa el ámbito científico y se adentra en el social e incluso existencial.

La principal conclusión es que sin oponer resistencias al flujo de energía no hay trabajo y sin trabajo no es posible contrarrestar la tendencia al desorden y al desmoronamiento de estructuras complejas (algunos llaman a este estado muerte). Esto es un principio esencial de la física, pero piensen ustedes en las aplicaciones que tiene a la hora de crecer como personas, educar, convertirse en un deportista de élite, desarrollar nuestra capacidad mental, construir una empresa, combatir una crisis, competir en el mercado, o retrasar el Alzheimer y cualquier proceso degenerativo.