Sierras con la soga al cuello por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Espero que las últimas lluvias no les hayan hecho olvidar la sequía terrible que hemos padecido en el último año en el sureste de España. Con una precipitación media de 130 litros por metro cuadrado, menos de la mitad de lo normal, no andamos lejos de lo que reciben zonas consideradas como desiertos. Las consecuencias para la agricultura de secano son evidentes, menores o nulas cosechas, llegando a la perdida de árboles en algunas zonas. Otro efecto colateral de la sequía es la situación de las sierras interiores de la región de Murcia. En particular, las sierras de Burete, Cambrón y Lavia. Se tratan de estribaciones de la cordillera bética de relativamente baja altura y extensiones pequeñas. Si miran una fotografía de satélite de la región de Murcia, las reconocerán como pequeñas manchas verdes situadas entre Bullas y Cehegin al norte y las pedanías altas de Lorca al sur. Estas sierras están pobladas principalmente por pino carrasco y una abundante variedad de sotobosque como lentiscos o jaras. Es relativamente fácil ver en ellas zorros y jabalíes y por supuesto aves rapaces. El valor paisajístico de estos parajes es, en mi opinión, incalculable. A poco más de media hora en coche de la capital de la región y tras atravesar zonas desérticas, cualquiera puede permitirse el lujo de encontrarse en medio de unos lugares de excepcional belleza. Pero la sequía, aliada con la desidia en su mantenimiento ha colocado a estos montes literalmente con la soga al cuello. Si han sobrevivido al “largo” verano de 2014 ya es un verdadero milagro. Las posibilidades de un incendio que acabe con vastas extensiones de pinares son altísimas. Muy altas temperaturas, sequedad extrema y un mantenimiento que parece nulo se combinan para que en cualquier momento, de manera natural o provocada, salte la chispa que borre del mapa alguna de estas manchas verdes de manera irreversible. Estas sierras están declaradas como zonas de interés comunitario y de especial protección de aves. Pero no parece que esto sea suficiente para protegerlas de las amenazas. Con pequeñas inversiones se podrían mantener los montes limpios, roturar cortafuegos y utilizar la biomasa. Y con algo de voluntad, se deberían restringir todo lo que conlleva serios riesgos, como la caza, el uso deportivo de vehículos a motor o las actividades industriales. Seguir sin hacer nada es simplemente esperar a que más pronto que tarde leamos la noticia de que alguna de estas maravillosas sierras ha sido arrasada.