Restauraciones de riberas por el Prof. Dr. D. Juan Guerra Montes, académico de número

Las restauraciones de las riberas fluviales suponen, actualmente, parte de los objetivos prioritarios en la recuperación de uno de los ecosistemas más fuertemente deteriorados en todo el planeta. Durante miles de años, las civilizaciones fueron desarrollándose al abrigo de las corrientes de agua –por razones obvias- y ello trajo consigo la inevitable degradación antrópica. Las riberas ejercen un papel clave en los ecosistemas riparios, ya que representan la zona de transición entre el medio terrestre y acuático, de forma que son un elemento esencial en el medio fluvial. Sus propiedades fundamentales son ejercer conectividad lateral y vertical. En el primer caso, las riberas permiten el intercambio gradual de agua, nutrientes y sedimentos entre el cauce y la llanura de inundación; en el segundo son básicas para un correcto funcionamiento hidrológico subterráneo y de superficie, pues la permeabilidad de los materiales de la ribera permite el flujo de agua con el cauce y viceversa, ejerciendo así una función reguladora del caudal. El papel de las riberas -cuando se encuentran bien conservadas- como corredor ecológico es igualmente fundamental, ya que permiten a las comunidades vegetales y animales la interacción con zonas geográficamente alejadas, ejerciendo de “autovías génicas” para los seres vivos. Este flujo es absolutamente imprescindible para la supervivencia de las poblaciones, que en caso contrario quedarían aisladas y consecuentemente en vías de extinción. La Directiva Marco del Agua (UE) y la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos, están impulsando iniciativas para que los ríos recuperen un “buen estado ecológico”. La Región de Murcia no es un caso excepcional en cuanto a la degradación de las riberas. El Segura es un paradigma de lo que acabamos de describir, tanto por la falta de conectividad en muchos tramos de sus riberas, como por su ya escaso papel de corredor ecológico. El Departamento de Ecología de la Universidad de Murcia acaba de realizar un estudio sobre restauraciones de riberas en el Segura y sus conclusiones son bastante desalentadoras. Así -destaca el autor del trabajo- la conectividad queda empeorada en muchos casos por la construcción de escolleras; que estas restauraciones son extraordinariamente limitadas y ligadas a extensiones urbanas con orientación recreativa; que las especies vegetales plantadas suelen ser de origen no autóctono y ecológicamente inapropiadas; que no se replanta el estrato herbáceo; los riegos de mantenimiento han sido deficientes; se abusa de elementos estructurales urbanos (muros, sendas, barandillas) que restan naturalidad al paisaje, y echa de menos proyectos más ambiciosos en cuanto a recuperar la funcionalidad del sistema fluvial.