Residuos orgánicos, suelos y desertificación por el Prof. Dr. D. Carlos García Izquierdo, académico de número

Un problema grave que afecta a gran parte de los suelos del sudeste español es la degradación y desertificación que sufren actualmente. Acciones antrópicas agresivas realizadas durante años, y la adversa climatología existente en esas zonas están entre los responsables de este hecho. Todo ello conduce al abandono de muchos suelos, quedando desprovistos de vegetación y sometidos por tanto a una pérdida de suelo y a su desertificación. En estas condiciones, el ecosistema “suelo” no cuenta con entradas de materia orgánica exógena, siendo este hecho un factor clave en su degradación y falta de productividad. Una estrategia de futuro para paliar en parte este problema es la adición a los suelos desertificados de enmiendas orgánicas “de calidad”, útiles como fuente de carbono lábil que incidirá favorablemente en su funcionalidad. Frente a la escasez de enmiendas orgánicas tradicionales (estiércoles), se abre la posibilidad de usar nuevas fuentes de materia orgánica para los suelos como la contenida en los residuos de origen orgánico (residuos agrarios o agroalimentarios, residuos orgánicos urbanos, etc.). El reciclado en el suelo de estas enmiendas consigue mejorar su fertilidad y calidad, además de eliminar racionalmente algunos de los residuos orgánicos mencionados. Se convierte pues un residuo que puede llegar a ser problemático, en un recurso. Si se tratan adecuadamente esos materiales orgánicos antes de adicionarlos al suelo, mediante biotecnologías de bajo coste como el compostaje, podremos fijar un carbono estable en dicho suelo (sumidero de C), contribuyendo a mitigar así el temido efecto invernadero. Estudios científicos recientes han demostrado que la adición a suelos degradados de fuentes exógenas de materia orgánica (residuos orgánicos) favorece su calidad biológica, ya que lo que adicionamos es una materia orgánica joven y dispuesta a aportar sustratos capaces de poner en movimiento los ciclos biogeoquímicos de elementos de interés (C, N, P y S). Técnicas avanzadas de estudio sobre el conocimiento de la funcionalidad del suelo (actividades enzimáticas) así lo han confirmado. De igual manera, técnicas de biología molecular (extracción de ADN) han demostrado que la biodiversidad del suelo se ve favorecida con la entrada en el mismo de enmiendas orgánicas. Pero las enmiendas orgánicas adecuadas a este fin deben ser de “calidad”; si algunos residuos orgánicos incorporan compuestos indeseables como metales pesados u otros contaminantes, deberían de quedar entonces incapacitados para constituir la base de una enmienda orgánica para los suelos.