REMOLINOS por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Ciertamente el mundo está ostensiblemente integrado de diversidad. Al final los átomos están en todas partes. Son los mismos aquí que en Pekín, en la Tierra que en los confines del Universo. Las reglas de juego, los principios físicos y químicos son los mismos en todas partes. La diversidad solamente se debe a las distintas formas de combinarse que conducen a resultados diferentes. Ahora bien, no podemos caer en el error de suponer que la diversidad es aleatoria. No es posible cualquier resultado, no solo porque empíricamente se evidencia que es así, sino porque los principios restringen los resultados. El marco regulatorio establece las condiciones en las que tiene lugar la gestación de la diversidad. Se pueden observar patrones que permiten identificar clases de componentes de esa diversidad. Emanan de los principios rectores de nuestro Universo.

Está de moda decorar el café con figuras construidas con mucha habilidad sobre la superficie del mismo en la taza, utilizando una mezcla de leche y nata que permite crear dibujos artísticos. Desde la flor de lis, hasta tréboles o cualquier figura floral permanecen un tiempo mientras se enfría el líquido para poder saborearlo. Leche y café son dos fluidos distintos, que se rodean cada uno del otro, minimizando su contacto. Las moléculas que forman uno y otra pretenden mantener sus propios sitios sin mezclarse. Cuando removemos, para que se mezclen, generamos una espiral claramente visible unos segundos. Después de ella los dos líquidos se mezclan. Nos transmite la idea de que la mezcla de dos líquidos ni es inmediata ni discurre espontáneamente, sin más. Sigue un patrón

 

En la Naturaleza cuando dos corrientes contrarias se encuentran, se produce el remolino. Dos frentes, una de aire frío y otra de caliente, cuando se encuentran describen como una danza, en lugar de mezclarse sin más. Las mareas ascendente y descendente, cuando interactúan producen una fricción en forma de cizalla que genera un remolino. En los ríos se da cuando fluye agua en un espacio estrecho y choca una corriente de agua rápida con otra más lenta. En las cascadas el agua que cae impacta contra la que hay en reposo o cuasi reposo y la presión del agua que cae va a reunirse con otras corrientes agitando las aguas y formando remolinos. En un desagüe el agua intenta fluir como un todo por aquél y el aire de la fuga empuja al agua provocando el giro. Vemos pues, que las causas son diversas, aunque el resultado es el mismo.  El funcionamiento parece ser muy similar al de los agujeros negros que absorben cualquier partícula por su vórtice. Los remolinos consumen gran cantidad de energía.

En la atmósfera, la formación de remolinos es espectacular. Próximo a la costa gallega, a Irlanda y las Islas británicas llegan remolinos que provocan la inestabilidad genuina que sufren estos territorios. Frio polar procedente del norte interacciona con el aire tropical procedente del sur y de esa danza y persecución de uno y otro se generan los remolinos, inscribiendo círculos. Las imágenes usuales de la AEMET que utilizan todos los reporteros del tiempo nos sirven los remolinos habitualmente. Es un patrón de comportamiento atmosférico constante. Estos remolinos se suelen denominar ciclones, cuyos brazos al girar determinan el tiempo que nos afecta: ventoso, lluvioso o soleado.

La cuestión es la semejanza que podemos establecer entre una borrasca que se expresa en una espiral giratoria y la taza de café con la leche en la superficie que hemos removido al comienzo. Comparten principios, por muy distintas escalas en las que se den ambos. Al mover la cuchara, empujamos hacia adelante el líquido, pero no puede recorrer mucho espacio, porque choca con la pared de la taza. Como el líquido no puede avanzar en línea recta, empieza a describir círculos.  A medida que avanza, se acumula en las paredes, que la retienen y empujan hacia atrás. El líquido intenta avanzar en línea recta, pero acaba moviéndose en círculos, porque se ve obligado a girar. Sube el líquido por las paredes, a costa de que disminuye en el centro, formando como un agujero. Al sacar la cuchara, el agujero sigue ahí y el líquido sigue girando, conforme el líquido se va deteniendo y el empuje que lo hace circular es menor y hay menos líquido en las paredes de la taza. Se ha perdido la espiral que formaba la leche sobre el café. Ya está todo mezclado. Si fuera una borrasca, empezaría a desactivarse.