Ratones drogadictos por el Prof. Dr. D. Francisco José Murillo Araujo, académico honorario

Deberíamos conceder al ratón la distinción de mejor amigo del hombre, al menos “ex equo” con el perro. Como comparte con nosotros casi todos sus genes y hemos aprendido a alterar a voluntad cualquiera de esos genes (ratones “knockout”), hace tiempo que podemos generar animales afectados de cualquier enfermedad humana de origen genético y usarlos para profundizar en las razones moleculares de dicha enfermedad o para probar posibles terapias químicas o genéticas. Recientemente se están utilizando también para comprobar si el fallo de algún gen humano predispone para desordenes psiquiátricos o de comportamiento. Estudios previos apuntaban que la especial vulnerabilidad de algunas personas a ciertas drogas, como la cocaína, sería de origen genético y se debería, en particular, a defectos en genes responsables de los receptores neuronales para la dopamina (un compuesto encargado, entre otras labores fisiológicas, de las sensaciones de gozo o placer asociadas a estímulos como el sexo o la propia cocaína). En efecto, los ratones “knockout” para algunos de los genes citados, una vez “introducidos a la cocaína”, se hacen adictos a la droga con mayor frecuencia e intensidad que los ratones normales. Ello apunta a un futuro próximo en que puedan hacerse análisis para detectar anticipadamente la predisposición genética al abuso de drogas como la cocaína, aparte de que los ratones cocainómanos puedan utilizarse para probar nuevas terapias contra tal drogadicción. “Introducir” a una persona a la cocaína, además de ilegal, sería considerado por cualquiera como algo repulsivo. ¿No debería ser igual con los simpáticos roedores? Así lo piensan, desde luego, los amantes de los animales y, en especial, los colectivos que trabajan más activamente en su defensa y que enfrentan, a los científicos y a la sociedad en general, con el difícil problema de los límites de la experimentación animal, aunque sea para un buen fin. El problema es tan complejo que la Unión Europea tardó diez años en elaborar unas normas (Directiva 63-2010) que reflejaran cierto equilibrio entre la defensa de los animales, especialmente los primates no humanos, y las necesidades de la ciencia. Tales normas deben ser completadas a nivel nacional. Italia anda en ello actualmente y parece que va a endurecerlas sobremanera (a favor de los animales). Prohibirá, por ejemplo, cualquier experimentación en abuso de drogas, lo cual no parece descabellado, pero también cualquier manipulación, incluso una simple inyección, en animales que no estén anestesiados, lo cual parece una exageración.