RÁPIDO, MUY RÁPIDO, ULTRARRÁPIDO por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Muchas conversaciones tienen como tema el tiempo. Por supuesto el atmosférico, comentado el anómalo volumen de lluvia de estos días o los próximos agobios de calor. El “otro tiempo” también constituye un filón para muchas conversaciones. Cuantas veces decimos o escuchamos frases como: “es increíble como pasa el tiempo”, o “parece que fue ayer”. Todas estas expresiones indican nuestra subjetividad estimando la duración de sucesos en nuestra escala temporal de días, meses y años. En intervalos de tiempo más cortos, nuestras ideas preconcebidas son todavía más difusas. Algo que ocurre rápidamente pensamos que dura algunas fracciones de segundo, aunque en ciertas situaciones sentimos que esos tiempos breves duran mucho: “ese instante me pareció una eternidad”, se dice a menudo.

Los físicos han estado siempre interesados en fenómenos que ocurren rápidamente. Ya en el siglo XIX se desarrollaron sistemas para obtener fotografías con exposiciones de unas centésimas de segundo que permitieron “parar” objetos en movimiento. Esa nueva tecnología resolvió una importante controversia del momento sobre como era el trote del caballo. En la mitad del siglo XX, esas técnicas se sofisticaron dando lugar a la fotografía estroboscópica con la que es posible ver fenómenos que sólo duran algunos microsegundos. Esto es un intervalo de tiempo realmente breve: divida un segundo en un millón de partes iguales y quédese con una de ellas. Para hacerse una idea comparativa, haga la misma operación mental con un año: un “micro-año” equivale a poco más de tres segundos. Hasta bien entrado el siglo XX, la frontera de los fenómenos muy rápidos estaba en los microsegundos.

Con el desarrollo de nuevos tipos de láseres los científicos dispusieron de una herramienta para jugar con tiempos cada vez más cortos. En los años 80 se obtuvieron pulsos de luz que sólo duraban algunos picosegundos (una millonésima de microsegundo) y en la actualidad los pulsos de femtosegundos (un milésima de picosegundo) son habituales en muchos laboratorios. Para hacerse una idea de la brevedad de algo que dura un femtosegundo, imaginen que esta fracción representa a un segundo lo mismo que un segundo a 100 millones de años. Aquellos lectores con paciencia suficiente para leer hasta aquí, habrán invertido unos 300000 millones de millones de femtosegundos de su tiempo.

Utilizando estos láseres ultrarrápidos, que emiten pulsos de luz que duran femtosegundos, es posible obtener algo parecido a fotografías estroboscópicas de moléculas y átomos. Esto permite estudiar la naturaleza de los sucesos que ocurren en intervalos de tiempo pequeñísimos, acercándonos al sueño de capturar lo más efímero.