Química, salud y bienestar social por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad el 5 de marzo de 2016

El conocimiento de los efectos que determinadas moléculas han tenido a lo largo de la historia de la humanidad constituye un excelente punto de referencia para poder apreciar el impacto que la Química ha tenido en la sociedad a lo largo de los siglos. Sin embargo, pese a vivir en la sociedad del conocimiento, trasladar esta evidencia a la ciudadanía no es tarea fácil. Resulta imprescindible vencer la creencia, generalmente extendida, de que la Química es algo pernicioso. Y para ello nada mejor que demostrar que ésta constituye una herramienta absolutamente crucial para desarrollar, por sí misma o en colaboración con otras disciplinas (Medicina, Biología o Ingeniería), tanto nuevas moléculas -con aplicaciones en campos tan diferentes como nuevos materiales, electrónica molecular, diseño de fármacos más eficaces, etc.-, como dispositivos que permitan el desarrollo de nuevos tipos de terapias en la medicina moderna.

Dentro de este vasto campo que abarca la Química, hay que subrayar el interés creciente prestado al diseño de nuevos sistemas supramoleculares y de nanomateriales para su aplicación en las ciencias de la salud, destacando el protagonismo que ciertos sistemas nanoestructurados, como son las nanopartículas, están adquiriendo en campos como la biomedicina, y que queda reflejado en el incremento del número de publicaciones que, dentro de este campo, aparecen en las revistas especializadas.

A modo de ejemplo sirva el artículo recientemente publicado por el Prof. Zheng, et. al, (Angew. Chem. Int. Ed. 2016, 55, 2787-2791) donde describe la utilización de determinadas nanopartículas, químicamente modificadas, para diferenciar las diversas etapas de la disfunción renal en ratones. Si estos resultados pudieran trasladarse a las personas, los médicos serían entonces capaces de diferenciar fácilmente los riñones con función normal, disfunción moderada y severa, algo que, según los autores, no parece sencillo de hacer, dado que, por una parte, los marcadores que se utilizan en Medicina para el diagnóstico de la disfunción renal -niveles de urea y creatinina en sangre- a menudo parecen normales, aun cuando se haya perdido el 75% de la función renal. Y por otra, que las técnicas de diagnóstico por imagen utilizadas actualmente, poseen inconvenientes tales como un alto coste y baja accesibilidad, entre otros.

Este ejemplo pone de manifiesto, una vez más, que la Medicina ofrece uno de los escenarios más emocionantes para explorar las aplicaciones de la Química, aunque la sociedad, en general, no asocie los avances en determinados campos de la Medicina con la Química.