¿Quién tiene que divulgar la ciencia? por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Columna de la Academia publicada en el diario La Verdad el 11 de febrero de 2012.

Estas columnas semanales pretenden ser un ejemplo de buena divulgación de la ciencia. Escritas con un lenguaje asequible al lector cultivado, basadas en evidencias probadas científicamente, y en lo posible útiles y entretenidas. Los que escribimos estas columnas somos científicos profesionales que normalmente tratamos temas próximos a nuestras líneas de trabajo. Pero, por supuesto, existe un amplio abanico de posibilidades en la divulgación de la ciencia. Por ejemplo, el mes pasado se celebraron en la ciudad de Murcia unas jornadas sobre los nuevos modos de comunicación de la ciencia mediante blogs, organizadas por la Academia de Ciencias y la Universidad de Murcia. La generalización de internet también ha revolucionado la manera en que se informa a los ciudadanos sobre los avances científicos. Tradicionalmente los periodistas científicos se han encargado de filtrar y tratar las noticias para llevarlas desde los laboratorios a los periódicos, revistas o las televisiones. Durante mucho tiempo, los propios científicos, salvo algunas distinguidas excepciones, se abstuvieron de ser ellos mismos quienes divulgaran. Existía la idea de que un científico debía serlo al 100%, sin emplear su tiempo en otras actividades que pudieran desviarlo de su objetivo principal en busca del avance del conocimiento. En los últimos tiempos ha aparecido un tercer actor, los aficionados a la ciencia, que en algunos casos elaboran información en blogs de una enorme calidad. Y algunos científicos se han sumado a esta tendencia escribiendo directamente sus descubrimientos, y los de otros colegas en blogs personales. Todos estos movimientos son muy interesantes y positivos. Ayudan a democratizar el conocimiento científico y pone en valor los avances realizados por un mayor número de científicos y de más sitios. Alguien puede pensar que existen riesgos, pero en mi opinión no más que otras actividades similares. Es ciertamente posible que haya quien pretenda hacer negocios poco claros o promover ideas falsas sin la necesaria base científica. El lector tendrá que saber discernir lo bueno de lo malo y, sobre todo, de falso. Para el ciudadano curioso, inquieto, y de natural escéptico, lo mejor será una ración variada que combine información periodística de calidad, lo que cuentan directamente los propios científicos, y lo que se dicen en los muchos y buenos blogs de aficionados. Si sienten curiosidad sobre este asunto, les animo a que den una vuelta por dos blogs de altos vuelos hechos aquí, http://scientia1.wordpress.com, http://www.esepuntoazulpalido.com; o a visitar el mío personal en español, más modesto y no exclusivamente sobre ciencia, http://visiondelejos.blogspot.com.