¡Que estudien ellos! por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Quizás el titulo que esperarían de esta columna sería más bien ¡Que inventen ellos! Esta desafortunada frase ha sido como una losa para España durante décadas en lo relativo a nuestra capacidad de investigación e innovación. Desafortunadamente al menos en cantidad, la frase no puede seguir siendo más cierta. Y si no, basta recordar el vergonzoso dato de que varias compañías internacionales por sí solas tienen más patentes registradas que toda España. Nuestros números nacionales, que son dignos en cuanto a publicaciones científicas, aunque no tanto en su impacto, son una vergüenza (y siento que ya haya usado dos veces la palabra) en cuanto a las patentes. Pero no quería hablarles hoy de esto. En mi generación, aunque se asumía la expresión en el tema de la investigación, la sociedad tenía interiorizado que los jóvenes debían estudiar. Para las familias trabajadoras era de hecho el único salvoconducto que permitía la escalada social. Teníamos que estudiar mucho (“empollar” le llamábamos entonces). Y al menos mi memoria del bachillerato y la universidad son horas y horas de “empolle”. Y les puedo asegurar que yo no me llevaba la palma en este asunto. Pero me parece, por lo que puedo percibir como observador del entorno, que en los últimos tiempos, los jóvenes españoles estudian en promedio mucho menos. Serán las costumbres que se han ido relajando, o los requerimientos que han ido bajando. No se la razón exacta y ciertamente tampoco tengo datos fiables, así que a lo mejor estoy equivocado y esto no es así. Pero me temo que la idea va calando en la sociedad y ahora también se podría decir: ¡Que estudien ellos¡ Y ya lo creo que lo hacen. Desde la escuela primaria a la secundaria y hasta la universidad los chicos de Corea, China o la India se dejan las pestañas, empollando de lo lindo. Creo que nuestro gran avance como país desde los años 70 a la primera década de este siglo, se ha debido a muchos factores, pero uno fue la presión de los padres de la generación ahora adulta para que sus hijos estudiaran. El único procedimiento conocido para fomentar la movilidad social, y en definitiva el progreso de la sociedad, es la educación. Y en esto no hay atajos y pasa por el esfuerzo continuado de los estudiantes. Siento desazón al notar que nuestro futuro está en serio peligro. El éxito individual y colectivo es un camino tortuoso y nunca directo, pero pasa necesariamente por largas horas de “empolle”.