Procrastinación por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Quizás no les suene esta palabra. Pero estoy seguro que es algo que han practicado la mayoría de ustedes, y posiblemente lo estén haciendo en este momento al leer el periódico. Del latín “procrastinatio”, es la acción y efecto de procrastinar, es decir, diferir o aplazar. Así que aquellos que practicamos la procrastinación, tenemos una especial tendencia a no hacer las cosas importantes en su momento y dejarlas para mañana o para nunca. Parece que los procrastinadores no somos realmente unos vagos, sino que simplemente hacemos otras cosas normalmente menos importantes y vamos dejando para más tarde aquello que nos demanda la urgencia. No les puedo negar a ustedes, amigos lectores, que en estos momentos estoy procrastinando. Tengo varias cosas que debo terminar con una urgencia apremiante pues las están esperando, aparentemente con impaciencia. Pero en vez de estar haciendo esas tareas a las que me había obligado, me he puesto a escribirles esta columna. No me malinterpreten. Esta columna también tiene su importancia, pero no la urgencia de tener que escribirse en este preciso momento. Simplemente me apetece más escribirles esto que hacer lo que se supone debería estar haciendo estos momentos: terminar mi informe urgentísimo. Si estos comportamientos les resultan familiares, seguro que reconocen un típico sentimiento de culpa cuando, por ejemplo, en vez de estudiar para el examen de mañana que se lleva flojo, se decide jugar al parchís con la abuela, ver aquellos graciosos videos en YouTube, ordenar el armario, o bueno, ya saben, cualquier otra cosa, menos estudiar. Lo de estudiar, por si les queda ya lejano, lo pueden sustituir por ese trabajo que le están pidiendo todos los días y vienen retrasando. Por supuesto, la Psicología lleva tiempo estudiando estas conductas, normalmente asociadas a comportamientos negativos de ansiedad, culpa, y que suelen resultar en una baja productividad personal. Las buenas noticias son que varios investigadores vienen indicando que quizás en el fondo la procrastinación también podría tener su parte positiva. John Perry de la Universidad de Stanford en EEUU ha sugerido el concepto de “procrastinación estructurada” como una forma de ser productivo al evitar ciertas labores, pero sustituyéndolas por otras, quizás de menor nivel de urgencia, pero sin duda también de utilidad. Por ejemplo, en mi caso de hoy aunque no he avanzado en el informe que debo enviar, les he terminado esta columna a tiempo. No es que desde aquí les anime a procrastinar, dios me libre, pero quizás después de todo a lo mejor no deberíamos sentirnos demasiado mal con nosotros mismos al hacerlo de vez en cuando.