PLAGIO (II) por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico de número

En la columna anterior se hacía referencia a la creciente preocupación de la comunidad científica por los casos de plagio ocurridos en su entorno. En este contexto resulta pertinente subrayar que, por respeto a la ciencia y a la sociedad, la lucha contra la falta de ética científica, en general, es una cuestión en la que todos debemos implicarnos. Y el mejor modo de hacerlo es empezar por la programación, dentro de las instituciones académicas, de actividades formativas dirigidas a los alumnos matriculados en cursos de máster y doctorado, primer contacto serio del alumno con el mundo de la investigación, donde se les transmitan los valores éticos que el desarrollo honesto de la actividad científica exige y se les inste a abandonar el uso indiscriminado e inaceptable del “copia-pega” de información contenida en trabajos ya publicados, tan detectado en los trabajos presentados por los alumnos, tanto durante su formación en enseñanza secundaria como universitaria. En este contexto, no sería descabellado exigir un documento, previo a la presentación y defensa de la tesis, donde el alumno manifestase la total originalidad de su contenido.

Es cierto que el transcurrir de los años ha llevado consigo un aumento de la presión para desarrollar investigación de alta calidad que permita publicar los resultados en las denominadas revistas de elevado impacto científico y, como consecuencia, competir, con garantía de éxito, por la financiación necesaria para conseguir los objetivos científicos marcados. Esto puede provocar el desarrollo de conductas inapropiadas como es el uso no autorizado de ideas ajenas, obtenidas a través de la revisión del trabajo de otros, sin que se cite la referencia obligada de los mismos, o el aumentar el número de publicaciones mediante el envío de manuscritos de contenido análogo sin citación recíproca.

Puesto que el plagio erosiona no sólo el prestigio del autor sino, también, la credibilidad de la revista científica donde se ha publicado el trabajo plagiado, los grupos editoriales científicos más prestigiosos ya disponen de los softwares adecuados para la prevención contra el plagio, y garantizar así la originalidad de los trabajos publicados en sus revistas.

Independientemente de que exista o no una legislación que sancione este tipo de conductas, lo que resulta evidente es que sólo desaparecerán cuando aquellos que la practican adquieran conciencia de que esta falta de respeto al trabajo e ideas ajenas, puede socavar la confianza y valoración de la sociedad hacia la inmensa mayoría de los investigadores, de intachable honestidad.