NULLIUS IN VERBA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

En una de las epístolas de Horacio, se compara con un gladiador, retirado y liberado de la esclavitud en estos versos hexámetros: “Nullius addictus iurare in verba magistri / quo mecumque rapit tempestus, deferar hospes”, es decir, “no me vi obligado a jurar por las palabras de maestro alguno / me dejo llevar como huésped de paso a donde me arrebata la tempestad”. En 1663 la Royal Society incorporó esta máxima como lema de la Institución. Con ello dejaba, medianamente claro, la vocación de pretender alcanzar el conocimiento a través de la experimentación, ajena siempre a influencias políticas o de las creencias. No es suficiente con la palabra para sostener algo. Al igual que la autoridad del crédito otorgado por edad, fama o ascendiente no deben ser respaldo suficiente. Mira por ti mismo, observa, experimenta, comprueba.

No es infrecuente la citación de aportaciones haciendo uso de referencias intermedias citadas por otros. Es decir, se otorga crédito a alguien que no necesariamente ha empleado y conoce la referencia citada. En la vida corriente es muy usual. Lo que es menos razonable es que en el ámbito científico también ocurra. Alan Turing es uno de esos científicos cuya referencia la utiliza todo el mundo, sin necesariamente haberle leído jamás. Una aportación suya destacable la constituye la “base química de la morfogénesis”. Es un trabajo ampliamente referido. Evidencia como la combinación de la cinética química y la difusión, pueden dar lugar a unos patrones de interacción entre especies químicas que se dan en el espacio y en el tiempo. Sigue siendo la conjetura más razonable para explicar la génesis de las tradicionales manchas en la piel de los tigres, por ejemplo. Esta referencia al trabajo de Turing, la emplea muchísima gente, pero lo que es menos evidente es que la gran mayoría de los que la utilizan, nunca la tuvieron delante y la han leído.

El meollo de la aportación de Turing consiste en que se describe un resultado, cuando menos sorprendente: es posible que de un estado homogéneo de los compuestos químicos puedan desarrollarse patrones de unas bandas que evidencian inestabilidades lineales puestas de manifiesto mediante longitudes de onda finitas. Al referir este hecho, que es de primera magnitud en el ámbito científico, muchos lo relatan del siguiente modo: Turing se equivocó, porque esas inestabilidades no se aprecian en biología. Esta reacción es muy propia de quienes no han leído el trabajo original de Turing, dado que el logro de Turing fue evidenciar que la combinación de los patrones derivados de una reacción y los derivados de la difusión pueden producir los patrones de formas, aun cuando por separado no los generan. Es decir, la difusión que la concebimos como un proceso que ordinariamente genera inhomogeneidades lejos y de una forma suave, puede producir los patrones. El hecho de que los patrones provengan de una inestabilidad lineal u otros procesos dinámicos es cosa secundaria.

Cuando se lee el trabajo de Turing se repara en que su propuesta fue la que sirvió de base para sustentar el debate actual sobre la génesis de la formación de patrones biológicos. Hasta el punto, que el término “morfogénesis” lo acuñó el propio Turing. Desveló que los compuestos químicos que toman parte en la formación de patrones, pueden incluir a reacciones oscilantes imaginando que tales patrones podrían darse en los cambios de formas, como ocurre en el momento de la gastrulación, que es el proceso de desarrollo embrionario en que la célula lleva a cabo un plegamiento hacia dentro de ella misma que, eventualmente da lugar a la formación del sistema gástrico y un cambio en la topología del embrión. Algo similar puede estar ocurriendo en la formación de clusters en genes.

Ciertamente, es una habilidad destacable la capacidad de un científico de averiguar cuando una idea es original. Para ello no hay recetas ni atajos. Se trata de que hay que leer todo lo más que se pueda e intercambiar ideas con gente de áreas muy dispares. Hoy son muy accesibles las publicaciones, al tiempo que son tan extensas en número y variedad que crean problemas para poder “estar al loro”. Hoy, la búsqueda, haciendo uso de palabras clave o a partir de un artículo obtener las publicaciones relacionadas, forman parte de la oferta rutinaria de los repertorios de referencias científicas, de forma que es realmente sencillo leer todo lo que debe conocerse con mucha facilidad. Hay que leer, seguir leyendo y, al final continuar leyendo. Ah! y en las fuentes originales. Los intermediarios no suelen ser recomendables, casi nunca.