NUEVAS VENTANAS AL UNIVERSO por el Prof. Dr. D. Miguel Ortuño Ortín, académico de número

Hasta hace aproximadamente cuatrocientos años, el universo sólo podía observarse con el ojo desnudo. Galileo mejoró un telescopio de refracción inventado por unos holandeses y lo dedicó al estudio de los objetos celestes. Con él descubrió las montañas y los cráteres lunares y las manchas solares. La Luna y el Sol dejaban de ser objetos perfectos, cualidad que hasta ese momento se les suponía dado su carácter celestial. También descubrió las lunas de Júpiter, lo que afianzó el modelo heliocéntrico, frente al geocéntrico. Galileo abrió una nueva ventana al universo.

El último premio Nobel de Física ha sido concedido a Giacconi, Davis y Koshiba por haber proporcionado dos nuevas vías de exploración del universo a través de los rayos X y los neutrinos.

Los rayos X son ondas electromagnéticas de muy alta frecuencia. Giacconi contribuyó de forma fundamental a la construcción del primer telescopio de rayos X. Con él encontró la primera fuente exterior de rayos X, consistente en una pareja formada por una estrella y un objeto compacto, bien una estrella de neutrones bien un agujero negro, girando uno alrededor del otro. El objeto compacto atrae la masa que se desprende de la estrella y al acelerarla hace que emita rayos X. Giacconi también observó un fondo de rayos X, que después se resolvió en fuentes discretas, correspondientes a núcleos activos de galaxias lejanas, probablemente, agujeros negros supermasivos.

Los neutrinos son partículas sin carga, con una masa extremadamente pequeña y que interactúan muy débilmente. Davis detectó por primera vez los neutrinos solares mediante un dispositivo alojado en una mina abandonada y que contenía 615 toneladas de un compuesto de cloro. El cloro interacciona con los neutrinos y se convierte en argón radiactivo, cuya concentración se puede medir con precisión. La aparición de argón en este experimento constituyó la primera evidencia directa de la fusión solar.

Koshiba fue el impulsor del detector denominado Kamiokande, formado por un contenedor de 3000 toneladas de agua rodeado por multitud de fotomultiplicadores, que son activados por la radiación debida al frenado de partículas muy veloces en el agua. Este detector era capaz de distinguir la dirección de la que provenían los neutrinos, con lo que podía asegurar su origen solar. Sus resultados corroboraron y completaron los del experimento de Davis.

Los tres científicos galardonados con el premio Nobel nos han abierto dos nuevas ventanas al universo.